Crítica: Cándida a la Sala Fènix

Crítica: Cándida a la Sala Fènix
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Nota: 7 sobre 10

 

La Sala Fénix vuelve a programar “Cándida”, una pieza que gira en torno a esa maldita infección que un porcentaje muy elevado de mujeres ha sufrido en algún momento de su vida. Esa molestia incesante e irritante es el punto de partida para hablar de cómo la mujer se relaciona con su propia sexualidad.

Anna Tamayo o el arte de arrancar risas en su monólogo Cándida, en la Sala Fénix

Con tan solo el temblar de su cuerpo, su posición en la silla o la cara de hastío con mirada perdida, Anna consigue arrancar las risas del público. Es imposible no sonreír con complicidad ante la reacción de su cuerpo cuando representa esa dolencia que tan bien conocemos. Es la perfecta representación del malestar, sin mediar palabra.

La música es una gran muleta de las diferentes escenas que se nos presentan. Los efectos sonoros son muy acertados y la complicidad que hay entre Joange y la actriz crean un ambiente muy familiar en el espacio. Que él forme parte de la actividad que surge en escena es muy acertado, funcionan muy bien como pareja escénica.

Un tema peliagudo tratado con texto, música y alguna que otra sorpresa

Sorprende lo directo que es el texto con lo poco acostumbradas que nos tienen a hablar abiertamente de nuestra vagina. Más allá del tema principal, el texto habla de mucho más, incluso dejando entrever temas muy delicados que obligan a la pieza a estar en un equilibrio algo complicado entre el humor y el drama, cosa que a veces se hace algo difícil de encajar.

El uso del espacio es perfecto y el acercamiento al público de la actriz es de una familiaridad apabullante, te hace sentir cómoda desde el minuto cero. Si bien es cierto que los cambios de ritmo y género son algo desconcertantes, la reflexión que nos deja entrever es muy interesante y necesaria.

Es muy positivo que nos obligue a pensar en cómo la familia, la medicina, la sociedad en general, nos empuja a relacionarnos con nuestra preciada amiga la vagina.


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