Crítica: La casa de Bernarda Alba – Sala Ars Teatre

Valoración: 7 sobre 10

Bajo la dirección de Albert Pueyo, la Sala Ars Teatre entrega una adaptación del clásico de Federico García Lorca: La casa de Bernarda Alba (1945). Una obra que, en virtud, sirve como catalejo de un machismo explícito de un siglo pasado. Sirve también como un espejo para repensar nuestro tiempo.

Esta obra de teatro trágica captura el agobio, la sumisión y el “amor” en el encierro de una casa. Con la muerte de su esposo, Bernarda Alba impone a sus tres hijas guardar un riguroso y estricto luto de varios años. La hija mayor, Angustias, recibe la herencia y, así, atrae a un pretendiente, Pepe el Romano. A partir de allí, las dos hermanas menores, Martirio y Adela, empezarán una lucha por salir de la reclusión por la única rendija que parece existir: un hombre, el amor de Pepe el Romano. Y como diría una de las criadas, «es que no son malas, es que son mujeres sin hombre, nada más».

La casa de Bernarda Alba al pie de la letra

Suelen decir que las adaptaciones no se deben juzgar, únicamente, por la fidelidad con el guion o texto original. Por el contrario, en algunos casos vale la interpretación que se pone en escena. No obstante, en el caso de esta muestra, el director y las actrices montan La casa de Bernarda Alba al pie de la letra. Tanto los diálogos como los personajes son un espejo sincero de la obra de García Lorca.

Interpretaciones desiguales

La actuación de Marta Fons, quien interpreta a Bernarda, es impecable y dota de fuerza cada acto. De igual modo, vale resaltar el trabajo de Gemma Iglesias, quien interpreta a la hermana del medio, Martirio. Hacen que 60 minutos pasen de manera entretenida y rescatan, como archivo histórico, un mensaje de desigualdad que emana de las relaciones familiares. En definitiva, esta obra gana peso al aferrarse al contenido del guion.

En cambio, la interpretación de otras actrices era un tanto forzada y sobreactuada. Desde la dirección quizás intentaban darle un tono distinto a la obra con este contrapunto, pero no terminó de encajar y su actuación desentonaba en comparación a la naturalidad del resto de elenco.

Una obra con pequeños fallos

Sin salir del salón principal de la casa se logra contar una buena historia. Si bien la obra tiene un cuidado artesanal que se centra en la potencia de los diálogos y la trama, el uso de las luces y sonidos es precario. En ciertos momentos, algunas actrices olvidan sus líneas y se generan pequeños silencios que restan fluidez al relato.

Un tema muy actual

Sin lugar a duda, esta es una obra obligada, no solo porque sea un clásico, sino porque es una ventana de contextos represivos que pueden llegar a reproducirse hoy día contra las mujeres. Líneas del tipo «hilo y aguja para las hembras, látigo y mula para el varón», en la boca de Bernarda, quizás, para algunos, podrían llegar a sonar como cuento viejo.

Pero obras como La casa de Bernarda Alba, más que nunca, permiten abrir debates y reflexiones en torno a ello. Así, y sin más rodeos, lo que la obra gana en contenido podría llegar a potenciarlo con un mayor cuerpo y naturalidad al jugar con efectos externos y una performance mejor trabajada.


  • Lo que más me gustó: la actuación de Marta Fons.
  • Lo que menos me gustó: el poco uso de sonidos y luces.

Un comentario:

  1. Eduard Soler Orodea

    Me ha encantado la obra. Las actrices hacen una interpretación genial. Es una adaptación del clásicode Lorca que se me ha hecho muy amena. Sobretodo destaco la interpretación de Marta Fons representando a Bernarda.
    La recomiendo sin lugar a dudas.

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