Crítica: Cinco tonos de color azul

Nota: 8 sobre 10

La madre de Ana ha muerto. Después de que le diagnosticaran que le quedaban cinco meses. Ana está destrozada. Habla con un terapeuta e intenta seguir su vida, pero por dentro la sacude un terremoto de emociones que tiene que aprender a conocer y a asimilar.

Ana pasa por las cinco etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Ana, interpretada por dos actrices, dos maneras de mostrar a una sola persona… porque las personas no son lineales y tienen un parte más íntima y una parte más externa, más social. Y las dos Ana, que son la misma, transitan por las cinco etapas del duelo.

Una obra de teatro en Barcelona que habla sobre dos temas que parecen tabús en la sociedad: la muerte y el duelo

La muerte, que es inevitable, se intenta tapar, esconder… el duelo debe ser discreto, íntimo, no hay que hacer aspavientos… y mientras Ana echa de menos a su madre cada día, a cada hora, a cada momento… el resto del mundo continua como si nada hubiera pasado.

El uso de audiovisuales, que obligan a desviar la mirada de la escena y llevarla a los textos sobreimpresos en la pared, hace que el público tome una cierta distancia del dolor que hay en escena. El mundo continua mientras Ana intenta asumirlo. Nosotros somos el resto del mundo que conoce el dolor de Ana, pero tiene que continuar con su vida. Tomar distancias y no implicarse demasiado.

La música y el baile, utilizados casi de forma terapéutica, nos marcan la evolución de las etapas del dolor. Etapas que no van marcadas de una forma rompedora… es una evolución continua. El baile final parece una catarsis colectiva, a la que invitan al público. La escenografía, mínima, permite la expresión de las dos Ana que son una. La muerte deja un vacío que ellas deben volver a llenar… o dejar tal como está, porque nada puede substituir a una persona que ha fallecido.

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Lluna Gay i Marta Aguilar comparten el personaje de Ana, y además interpretan otros personajes que aparecen en la vida de Ana. Personajes con un punto histriónico, impertinente, insultante… que parecen estar por encima del dolor de los demás. Personajes que Lluna Gay i Marta Aguilar intercambian y superponen de forma sutil para volver a recuperarlos más adelante.

Una buena dirección de Paula Ribó hace que, en la Sala Atrium, no decaiga en ningún momento el interés por lo que nos están contando. A pesar de la distancia que nos quieren poner entre nosotros y Ana, nos sentimos conmovidos por su dolor y por su proceso.

Cinco tonos de color azul, en la Sala Atrium, trata un tema que parece un tabú en la nuestra sociedad: la muerte y el duelo. La muerte, que se esconde para no molestar; el duelo, que parece una cosa demodé, de nuestros abuelos… un montaje atrevido y arriesgado que nos hace reflexionar en cómo afrontamos nosotros algo tan natural como morirse.

¿Por qué es tan difícil hablar de la muerte y del duelo? Cinco tonos de color azul nos ofrece una lectura de estos temas. Una lectura interesante y bien trabajada que trata muchos aspectos que parece que hoy preferimos ignorar… hasta que nos los encontramos cara a cara, no podemos esquivarlos y, como Ana, tampoco tenemos recursos para lidiar con ellos.

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