Crítica: Comédie sur un quai de gare

Una estación de un tren al anochecer. Pocos viajeros en el andén esperando… solamente tres. Un joven atribulado, una joven tranquila que lee y un hombre mayor. Los tres esperan. Pero parece que no esperan lo mismo. El hombre mayor, Charles, intenta entablar conversación con el joven atribulado, Vincent, hablando sobre la joven que lee, Michelle… y lo que podría ser una conversación para pasar el rato acaba derivando en una historia con apuntes absurdos y surrealistas. Una historia de amor, de esperanza, de afecto y ternura… con un observador omnipresente: una voz que nos habla desde los altavoces, como si nos hablara desde el cielo.

Comédie sur un quai de gare es una comedia que nos pinta una sonrisa en los labios y ya no se nos borra en toda la función. A veces, un toque humorístico nos hace reír… pero siempre volvemos a la sonrisa. No es un humor estridente y evidente. Es un humor que nos va socavando y nos llega de forma sorda, como si quisiera cogernos por sorpresa, y se queda con nosotros.

Un escenario delicioso, minimalista, realizado con cartón… que sea una viñeta de un cómic que ha pasado de las dos a las tres dimensiones. Los elementos de cartón están muy trabajados y delineados. La estación y todos sus elementos parecen un dibujo que salta del papel de un cómic al escenario.

El ritmo de Comédie sur un quai de gare sabe mantener la tensión y soltarla en los momentos más convenientes. El director, Stéphana Groshanny, ha sabido encontrar el punto de equilibrio entre el humor, la ternura y el amor, y ha conseguido que la historia sea dulce y no sea ñoña.

Las interpretaciones son muy buenas. Mélanie Guilet nos interpreta a una Michelle que se mueve entre el afecto que siente por su padre y una nueva vida al alcance de su mano. A veces serena, a veces nerviosa, a veces dulce, a veces enfadada… pero en ningún momento afectada. Sebastien Coene es Charles, y es el que aporta el punto cómico más irónico al montaje, el que tiene diálogos que van más allá de la comedia fácil.

Arnault Sablier intepreta a Vincent y consigue ponernos nerviosos con su falta de confianza, su poca seguridad… y por último, Audrey Ruchaud es La voz del altavoz, la voz que nos habla desde las alturas. Una voz seductora, segura… que sabe transmitir mucho más que mensajes informativos. Una voz que nos empuja a querer conocer a la mujer que hay detrás. En Comédie sur un quai de gare, alguien va a tener esa suerte.

Comédie sur un quai de gare, en el Teatre del Raval, es una comedia que nos permite desconectar del mundo exterior y disfrutar de un rato de buen teatro. Eso sí, en francés.

Estarán en el teatro el día 2 de marzo y volverán el día 10. ¿Os lo vais a perder?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *