Crítica: El cavernícola – Monólogos de humor en BCN

Crítica: El cavernícola – Monólogos de humor en BCN
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Crítica de Melisa Coloiera

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Nota: 9 sobre 10

Fuimos a ver nada más y nada menos que la sexta edición en España de el monólogo: El Cavernícola, interpretado éste año por el actor Nancho Novo en Teatre Poliorama.

El Cavernícola es un monólogo escrito por Rob Becker y representado por él mismo en Estados Unidos en los años noventa. Se basa en una temática cómica universal: las diferencias entre hombres y mujeres y se convirtió en un éxito no sólo en su país de origen donde tiene el récord del monólogo con mayor permanencia en Broadway y ha recibido premios, sino que también ha sido adaptado en 16 idiomas y se representa hasta en 32 países.

El argumento en sí, es bastante sencillo: un hombre se encuentra con amigas en una fiesta y unidas todas ellas en mayoría le preguntan: ¿por qué todos los tíos son tan gillipollas?, harto de éstas acusaciones por parte del sector femenino, el protagonista se retira a su vivienda y de repente tiene una visión, y en la visión se le aparece el hombre más primitivo, ese cavernícola que como una voz interior ancestral le habla y hace entender de repente con total claridad, cuál es la razón por la que hombres y mujeres somos tan diferentes. De forma muy ingeniosa el argumento transcurre en ésta reflexión.

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La puesta en escena no es más que un hombre, un sofá , un televisor, alguna lámpara y poca cosa más. Pareciera algo simple, pero ¿qué hace que éste monólogo en particular trascienda fronteras y tiempo a lo largo de más de dos décadas con ese mismo argumento? Para entender su éxito, reflexionamos en dos cuestiones: lo universal de su temática que es atemporal y su estricta base en la psicología. Mientras que otros monólogos han quedado un poco desactualizados ya sea por contexto, ejemplificaciones o porque realmente ha cambiado en la realidad actual el modo de relacionarse entre hombres y mujeres, debido a las redes sociales, las nuevas formas de ligar , uniones, divorcios, etc. como es el caso de ” Los Hombres son de Marte y las Mujeres de Venus”, El Cavernícola rompe con la traba de aferrarse a una situación actual, plantea a hombres y a mujeres casi como dos tribus humanas independientes que habitan éste mundo, sus modos de resolver problemas, de pensar, de reaccionar a un mismo estímulo, de relacionarse, el uso mismo de sus cerebros y cómo éstos trabajan.

Como bien se puede sospechar ya solo con el título, este monólogo de Barcelona mantiene un argumento tan certero y arraigado en la psiquis humana, tan esencial, que puede aplicarse a la misma edad de piedra. Somos distintos hombres y mujeres porque nuestra psicología es diferente, nuestro cerebro y sensibilidad proceden en una forma particular según el género, y es en éstas diferencias de las que el argumento saca toda clase de mofa y chiste. Casi con ternura y con una elocuencia contundente, nos mantendrá sintiendo un deja vu constante, pues todo lo que el protagonista va a contarnos contiene muchísima verdad, se siente tan cierto por el público que uno puede girar la cabeza mirar la platea y ver como todos están asintiendo.

El Cavernícola funciona como un perfecto reloj suizo, con precisión, su relato tiene tanto sentido, que revivimos mentalmente situaciones que hemos pasado a medida que el actor avanza en su reflexión, y encontramos en memoria alguna vivencia que encaje con los ejemplos que nos estará contando. Un monólogo brillante, muy bien estudiado y perfeccionado, muy divertido. Pero olvidémonos de clichés acerca de que cualquier comedia basada en las diferencias entre hombres y mujeres esté orientada únicamente a parejas, no es así,

Nos ha encantado, saber que no estamos solos en esa incomprensión del sexo opuesto tan irritante, sino que durante miles y miles de años hemos intentado cambiarnos los unos a los otros, infructíferamente. Nuestras mentes evolucionaron para generar unos comportamientos específicos de cada sexo y habrá que resignarse; somos distintos. ¿Qué mejor manera de hondear la bandera blanca en la lucha de los sexos opuestos por comprenderse, que reírnos de ello? Y vaya si reímos, de principio a final reímos de nosotros, reímos de lo evidente de algunas cuestiones que uno nunca se había detenido a analizar, reímos de los caretos de Nancho Novo y de su forma de imitar a su señora. Carcajadas y aplausos desde el primer momento y una complicidad cálida y cercana con el actor, que incluso ha tenido que improvisar ya que el micrófono quedó obsoleto en los primeros minutos por algún fallo de sonido.

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Una interpretación por parte de Nancho Novo genial que fluye casi como si esté allí mismo por primera vez reflexionando en voz alta, con nosotros. La interacción que él genera con el público es la delicia más entretenida para mantener la atención y despertar la picardía. Quedamos encantados, y es por eso que comprendimos que la gente repita función de uno de los monólogos más exitosos de las últimas dos décadas, y que lleve año tras año siendo un clásico en la cartelera: porque es gracioso, es cierto, es universal y es atemporal, la combinación ideal para seguir haciendo reír por muchos años más.

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Elia Tabuenca

Filóloga hispánica y periodista digital. Apasionada del mundo del teatro y directora de la cía LetrasConVoz

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