Crítica: Los monólogos de la vagina – Club Capitol

Valoración: 8 sobre 10

Alícia González Laá, Meritxell Huertas y Aina Quiñones protagonizan Los monólogos de la vagina en el Club Capitol, una adaptación de la obra de Eva Ensler en la que se habla sin tapujos de la sexualidad de la mujer y de su órgano genital: la vagina.

Aunque se presente como «monólogos», lo cierto es que este espectáculo nos ofrece una obra de teatro a tres voces en la que tres personajes nos hablan desde su punto de vista. Una estructura muy original y sorprendente que le aporta frescura y humor a la pieza teatral.

Los monólogos de la vagina regresa a Barcelona con tres actrices de bandera

Las tres actrices que protagonizan Los monólogos de la vagina bordan sus papeles. Desde la primera aparición de Alicia González, gritando la palabra «vagina» a los cuatro vientos, hasta la enérgica aparición de Meritxell Huertas que nos contagia con su sinceridad y su naturalidad y, por último, el personaje encarnado por Aina Quiñones que le da una naturalidad y una verdad brutal a su interpretación. Las tres forman un trío artístico de bandera encarnando a sus personajes de forma única y con una personalidad muy destacada.

La más humorística es Meritxell Huertas, por el papel que le ha tocado interpretar y por la vitalidad y energía que desprende sobre el escenario. Alicia le da un toque más reflexivo y sensual a su personaje y Aina le aporta un aire más inocente a su papel. Una buena fusión de energías y personalidades que le da aporta un aire más teatral y profundo a este espectáculo.

Además, me pareció muy acertada la lucha contra los eufemismos que hace el personaje de Meritxell Huertas, ¡ya está bien de intentar poetizar nuestra vagina! 

Una crítica al tabú de la sexualidad femenina

Ir a ver Los monólogos de la vagina es ir a ver un espectáculo liberador. Sobre todo para nosotras. Y es que, ¿por qué cuesta tanto hablar abiertamente de nuestra sexualidad? Y  ya no solo de nuestra sexualidad sino, también, de nuestro órgano sexual. Hablar del vello púbico, hablar del descubrimiento de nuestra vagina e, incluso, hablar de cómo tratamos nuestros genitales cuando tenemos la menstruación.

Sobre el escenario se hablan de temas que forman parte de la vida cotidiana de las mujeres  y que no se acostumbran a decir de forma pública. Y, realmente, asistir como público a un espectáculo te hace sentir que formas parte de una revolución. Una revolución necesaria que nos hace luchar contra el silencio y la carca idea de que las mujeres somos de porcelana, somos flores y rosas. Basta. Somos mujeres de carne y hueso, con sangre en las venas, con olores en el cuerpo y con una vagina que está harta de tantas gilipoyeces (perdón por la expresión).

 

Ritmo desigual

El único problema que vi en esta adaptación de Los monólogos de la vagina es que el ritmo es desigual. Empieza muy alto, con un monólogo buenísimo y visceral. Pero, hacia la media parte, el ritmo desciende con algunos monólogos un tanto aburridos y repetitivos que giran en torno a temas que ya se han hablado.

Además, el final del espectáculo es un poco extraño. Después de haber animado al público a intervenir y haber pasado un momento la mar de divertido, tiene lugar un monólogo muy fuerte, muy doloroso y brutal que rompe totalmente con la atmósfera que se había creado. Se puede dar el mismo mensaje pero sin que quede tan metido con calzador, de una forma más natural, más fluida.

 

No obstante, Los monólogos de la vagina es un espectáculo que merece la pena ira ver por muchas razones. La primera es porque te reirás, ¡te reirás mucho! La segunda es porque las tres actrices lo clavan. Y la tercera es porque el contenido de la obra es necesario, es divertido y se encarga de romper los absurdos tabús que hay creados sobre nuestra sexualidad e intimidad.


Elia Tabuenca

Filóloga hispánica y periodista digital. Apasionada del mundo del teatro y fundadora de espectáculosBCN y la productora teatral Laberinto Producciones

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