Crítica: Mary Shelley – Sala Fenix

 

Nota: 9 sobre 10

Un ambiente gótico que ya empieza cuando nos invitan a entrar en la sala. Un vestuario muy adecuado que se adapta a las diferentes situacions y sorprende. La Sala Fénix nos abre sus puertas para que podamos ver Mary Shelley, historia de una creación.

La vida de Mary Shelley, explicada en escenas breves, que nos cuentan una historia que parece sacada de un cuento gótico. Una vida llena de oscuridad, de conocimiento, de imaginación, de creencias… en un mundo en el que la ciencia empezaba a despuntar y a abrirse paso entre las creencias religiosas e iba desmontando y derrocando todo aquello en lo que se había creído desde hacía siglos..

La ciencia era la nueva religión, parecía que la ciencia lo podía todo, la ciencia era la nueva panacea que prometía acabar con todos los problemas del mundo… prometía la vida eterna… Mary Shelley no fue una mujer aislada y se empapó de su época y engendró un libro que era un reflejo de la sociedad en la que vivía.

En este montaje, cuatro actores (Felipe Cabezas, Aleyda Puerto, Alba Valldaura y Elena Visús) se van multiplicando para convertirse en diez personajes… y pasamos de Mary Shelley a Víctor Frankenstein, de Claire a Igor (personaje que jamás apareció en el libro), de Shelley a Elizabeth, de Byron a la criatura. Un montaje en el que los personajes fluyen con naturalidad, utilizando un lenguaje muy cuidado que nos lleva a otras épocas y que se permite algún guiño al presente, un guiño cáustico y muy crítico.

El decorado no necesita mucho, un piano, una plataforma con ruedas. Con pocos elementos y la imaginación, que nos piden que utilicemos desde el principio, recrean cada uno de los escenarios en los que vivió Mary Shelley. El vestuario es todo un acierto. Un vestuario oscuro, muy victoriano, que permite modificaciones instantáneas que hacen que los personajes aparezcan y desaparezcan delante de nuestros ojos.

La música en directo. Un lujo que hay que aplaudir y agradecer. Una música que acompaña las escenas y crea el ambiente más adecuado para cada una. La proximidad de los actores nos hace ser más que público, casi nos hace formar parte de la historia.

El uso de sombras chinas para contarnos la historia de la criatura, como si estuviéramos en la época victoriana y nos explicaran un cuento de terror, a oscuras, es un puntazo de este montaje. Para recrear a la criatura podrían haber utilizado máscaras o maquillajes terroríficos… pero en este montaje, utilizan una marioneta. Una marioneta como una metáfora de la criatura creada por el hombre. Una marioneta que, como en la historia original, nos provoca ternura y compasión.

Mary Shelley, historia de una creación en la Sala Fénix, es un montaje que se disfruta desde el primer momento. Es un montaje muy bien hecho y, sobre todo, muy bien explicado, que nos descubre a una autora que conocemos poco, aunque conozcamos mucho a su Criatura. Un montaje que consigue que, después de verlo, nos vengan ganas de leer su libro. Un montaje que despierta la curiosidad.


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