Crítica: Negrata de merda – Teatre Tantarantana

Crítica: Negrata de merda – Teatre Tantarantana
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Nota: 8 de 10

Del 28 de mayo al 16 de junio, se presenta “Negrata de merda” en Tantarantanaescrita y dirigida por Denise Duncan e interpretada por: Dani Arrebola, Catalina Calvo, Anna Ferran, Salvador Miralles y Mar Pawlowsky (compañía Pulpe Teatro).

Una obra que, a través de los diálogos y charlas que mantienen las familias de dos niños y una periodista, pretende hacernos reflexionar sobre el racismo, la homofobia, el machismo y la xenofobia. Todo comienza con una palabra: “Negrata de merda”, que Anna, una niña de 5 años, le dice a Nick, otro niño de su clase. Y lo que empieza como la duda por parte de los padres de Nick por hacer algo o no, ante esta situación, acaba derivando en un problema mayor. 

Negrata de mierda, una obra que es un reflejo de la sociedad

Desde el inició de la obra, la problemática está puesta encima de la mesa: ¿qué hacemos con el insulto que nuestro hijo ha recibido? Me gustó mucho, que desde el principio los protagonistas mostrarán diferentes puntos de vista para abordar la situación, viéndose así, obligados a llegar a un acuerdo mutuo.

Lo primero por encima de ellos, son los hijos, pero al intentar arreglar cada uno las cosas a su manera, parece que se olvidan de lo importante: llegar a un acuerdo por la tranquilidad de sus hijos. Los diálogos de la obra están muy bien hechos, porque te hacen pensar todo el rato en las temáticas que van abordando. No se dejan de interponer contradicciones en cada personaje, contradicciones que nosotros mismos también tenemos cuando nos preguntamos por el tema de los prejuicios y es muy sencillo identificarse.

Conforme va avanzando la trama, las contradicciones se hacen más evidentes y lo que antes parecía más claro, se vuelve muy lioso. Es sencillo identificar las posturas políticas de cada personaje, hubo un punto donde la obra me recordó a cualquier pleno del congreso donde se ha intentado debatir sobre cómo afrontar un problema y ninguno ha sido capaz de dar la mano a torcer por sus propias convicciones. Sin duda, la obra es un reto intelectual.

Escenografía sencilla pero eficaz

La Sala Tantarantana tiene una sección donde el escenario está rodeado por todas las butacas, justo al mismo nivel. En el caso de esta obra, la función se realiza en este escenario y lo único que interactúa con los actores son unos bloques que hacían a la vez de asientos o de mesa, según lo iban cambiando.

Cada vez que terminaba un acto, sonaba música y la luz se volvía más tenue, un recurso que me gustó para poder dar paso al siguiente acto. La obra prácticamente es todo el rato un duelo entre dos personajes, no es hasta el final, cuando las familias se juntan para solucionar lo que ya está llegando a un extremo de dificultad importante.

Y durante estos duelos, los artistas iban girando y posicionándose de manera estratégica para que todo el mundo pudiera verles y no estuvieran dando siempre la espalda a un sector de las butacas. Un trabajo también, muy logrado.

Discusión intelectual y emocional que puede llegar a asfixiar

La única pega que le puedo poner a esta obra y por la que no le pongo nota de 10, son los niveles constantemente altos de emoción a los que la discusión llega. Como cualquier tipo de debate que podemos tener con nuestras familias o amigos, a veces llega un punto que discutir tanto resulta agotador, sobretodo cuando no eres capaz de llegar a un acuerdo. Creo, que esto es lo que pasa un poco con la obra, que hay puntos en los que ya necesitas que lleguen a una solución, porque el problema se está yendo de las manos.

Como reflejo de la realidad, es cierto que no todas las personas llegan a un acuerdo y que normalmente, los problemas se enquistan. Por esa parte, me gusta el hecho de que sea tan difícil por parte de los personajes llegar a algo, pero considero que para el público llega un punto en el que te puedes cansar y perder el hilo de lo que están diciendo. Al final, es como cuando en un debate político terminas por apagar la televisión.

El personaje de la periodista: muy significativo y acertado para un gran final

A parte de las familias, encontramos el personaje de la periodista. Durante la obra, aparece menos que los demás actores pero también desarrolla una labor muy importante. A raíz de su personaje, encontramos también situaciones xenofobas y es muy interesante ver como se plantean.

Pero además de esto, el final está muy marcado por el periodismo. Y es que, no deja de reflejar, como algo que podría haberse solucionado de forma pacífica, acaba convirtiéndose en un circo mediático que todos contemplamos desde fuera. El problema se convierte en espectáculo y los perjudicados acaban sufriendo mucho más de la cuenta mientras todos miramos, entretenidos. Una crítica social muy buena y acertada, una obra que consigue su objetivo principal: la reflexión.

Además, el final también incluye un discurso muy emotivo donde creo que todo el público se emociona, y después de haber estado tan arriba durante toda la función, las cosas se relajan para hacernos llegar un mensaje más claro. Eso sí, siempre desde una forma muy realista, porque por desgracia, los problemas no siempre se resuelven, y se corre el riesgo, de terminar haciendo mucho daño a muchísimas personas.

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