Crítica: Por humor al arte – Bertín Osborne Paco Arévalo

Nota 5 sobre 10

Siguiendo la estela de la famosa película de Hollywood, Gemelos (1988), protagonizada por los actores Arnold Schwarzenegger y Dany DeVito, en versión cañí, Bertín Osborne y Paco Arévalo se plantan sobre el escenario del Teatro Apolo de Barcelona, para hacernos llegar la comedia Por humor al Arte.

Se trata de una serie de sketches, en los que nos van a ir contando las peripecias de su unión como pareja cómica, desde el momento en que se conocieron hasta ahora. Nos cuentan su paso por los programas de verano, repletos de bailarinas y gogós, que se hacían, (lamentan) en la televisión antes de la crisis, cuando el derroche era la norma en todas las televisiones de este país.

La fuerza de la comedia recae en Paco Arévalo, que es el encargado de hacer reír al público y de desarrollar todo el potencial cómico de la función. Los chistes son del tipo picarón y de sal gruesa, propios de las películas de Andrés Pajares y Fernando Esteso. Algunas anécdotas narradas, incluso son escatológicas, pero bien llevadas por un actor, como Paco Arévalo que se ha especializado en este tipo de personaje, grotesco y bonachón.

El papel de Bertín Osborne representa el protagonista más o menos serio, con un toque de playboy maduro, que sigue gustando al público femenino mayoritariamente senior, de la sala.

En la segunda parte de la función, se van disfrazar de “actores serios”, para llevar a cabo una parodia del Don Juan Tenorio, bastante divertida. Los chistes como siempre, van a recaer sobre el físico poco agraciado de Paco Arévalo, su escasa estatura y su sobrepeso.

Todo ello, aderezado de canciones interpretadas por Bertín, en las que no puede faltar “Como un Vagabundo” y su famoso estribillo “buenas noches señora”, y alguna canción ranchera, e incluso el New York, de Frank Sinatra. Todas ellas en directo, y acompañadas de un pianista, que tuvo escaso protagonismo.

Llevando ya seis años sobre el escenario con el mismo papel, se replantean modificar la función, para poder hacer una ruta cómico-gastronómica (afirman) en la cual podérselo pasar genial y seguir siendo esos niños grandes que se suben al escenario, con mejor intención que talento.

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