Crítica: Unheimlich – Sala Atrium

Crítica: Unheimlich – Sala Atrium
5 (100%) 3 votes

Nota: 7 sobre 10

Del 22 de mayo al 9 de junio, la Sala Atrium presenta Unheimlich dirigido por Irene Vicente Salas y protagonizado por cuatro actrices: Belén Bouso, Núria Corominas, Rut Girona y Gal·la Sabaté. Una obra que busca hacernos reflexionar y revisar nuestro comportamiento frente al arte y los cuerpos desnudos de las mujeres, expuestos en los museos desde épocas pasadas.

Unheimlich, un torrente de preguntas éticas puestas sobre el escenario

Unheimlich presenta un escenario con cuatro chicas, poco diálogo y mucha, mucha interacción de movimientos y gestos faciales. Esta dinámica obliga al espectador a estar muy concentrado en la escena para entender lo que sucede, lo que se pretende explicar. Es justo esa concentración la que durante 60 minutos, te obliga a plantearte diversas cuestiones mientras visualizas las diferentes reacciones de las actrices.

¿Es el arte reflejo de la sociedad? Si lo es, ¿por qué los desnudos se ven de otra forma cuando se tratan como algo artístico? ¿Por qué nos alarmamos al ver el pezón de una mujer y en cambio fotografiamos una escultura? ¿Tiene el arte unos permisos ante el desnudo que la sociedad nos reniega a las mujeres? Estas son solo algunas de las preguntas que no podían dejar de pasar por mi mente conforme la obra iba transcurriendo.

Juego de luces y movimientos corporales muy bien conseguidos

Unheimlich juega con una escena simple: un banco, un maniquí, algunos objetos representativos de la época actual y solo las cuatro mujeres. Me gustó la sencillez de la escenografía, solo con un juego muy acertado de luces que acompañaban los movimientos de las actrices, las pocas palabras y sonidos que emitían y sobretodo, los gestos faciales muy bien trabajados, logran su principal objetivo: hacernos pensar. Solo en ocasiones podíamos escuchar por altavoz unos pequeños discursos que servían como guía al pensamiento, como camino hacia la reflexión. Esta obra es un claro ejemplo de que a veces, menos es más.

En la representación del arte, juega un papel muy importante la época que se vive, el contexto, ya que al final, en cierta manera la sociedad se refleja en lo artístico. El uso de los teléfonos móviles, las tarjetas de crédito, los auriculares para escuchar música y algún objeto más, no deja de ser un guiño a nuestra época. Mientras las actrices están luchando por entrar dentro del canon que el arte les exige desde épocas pasadas, la actualidad también entra a formar parte del juego.

Una única pega: los ritmos

Tal vez, el hecho de que mi puntuación haya sido un 7 y no un número más alto, se debe a los ritmos. Para mi gusto, es la única pega de la obra, ya que en ocasiones notaba que transcurría demasiado lenta. Al ser un espectáculo que requiere mucha concentración en la escena, ya que apenas hay diálogo, a la mínima que el ritmo es algo lento, es fácil dejar que tu mente vuele a otro lugar.

Pasaban de un acontecimiento a otro con bastante lentitud y eso a veces, me hacía desconectar un poco, ya que es una propuesta que requiere mucha concentración visual-mental, a la mínima que desconectas, puedes correr el riesgo de aburrirte. Aún así, por suerte, siempre volvía a retomar el hilo del pensamiento.

La guinda del pastel: el final

No voy a desvelar aquí la forma en la que acaba la obra, pero lo cierto es que me pareció un gran final. Emocionante y silencioso, una forma de decir mucho con solo unos gestos y unas luces acompañados de un pequeño discurso. Además, es un final que llega después de un momento de bastante angustia, donde las actrices logran manifestar la opresión de la mujer de una forma maravillosa.

Encuentro que está muy bien hilado y os invito a que vayáis a verla y descubráis por vosotros mismos lo que verdaderamente significa la palabra Unheimlich: extrañeza inquietante, aquello que debía quedar oculto pero se ha manifestado.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *