Crítica: El Camp – Teatre Gaudí

Crítica de Estefanía Quintero

Nota: 7 sobre 10

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Seguro que en momentos de crisis, de agobio o de estrés se te ha pasado por la cabeza dejarlo todo y marcharte a vivir lejos, muy lejos, a un sitio donde no haya gente, lleno de naturaleza y la más absoluta tranquilidad, ¿verdad? Todo el mundo, algún momento de su vida, ha querido marcharse al campo, sobre todo, en momentos de inquietud o de malestar con su vida. El contacto con la naturaleza, con la pureza y con la tranquilidad es el reclamo que todos buscamos cuando las cosas no van como queremos. Pero esa no es la solución y en esta obra de teatro de Barcelona se deja claramente remarcado el mensaje: por mucho que te vayas, los problemas vienen contigo.

Ese es el mensaje que más resuena en el trasfondo de esta obra que nos presenta a Richard, un prestigioso médico que se ha mudado con su familia a una casa de campo. Marido y padre, Richard está recomenzando su vida de nuevo en el campo, una inyección de pureza y de vida sana para intentar calmar los fantasmas del pasado de los que trata huir. Y su mujer también. Los dos luchan por recobrar una felicidad perdida y ansiada que esperan encontrar entre los árboles de ese campo.

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Anna Prats interpreta a la esposa, una mujer dolida, harta de la vida que lleva pero acostumbrada a llevar una máscara como sonrisa. Xavi Àlvarez interpreta a Richard, el hombre de la casa, el personaje que sirve como punto de inflexión para que la trama se muestre ante nuestros ojos con una brutalidad sincera. Y Sonia Espinosa es Rebeca, la tercera en discordia, la mujer que al parecer está tirada en una cuneta y que Richard atiende cumpliendo su propósito de médico. Pero nada es lo que parece en El Camp y de eso se encargan los personajes de demostrarnos.

A propósito de la interpretación queremos remarcar la actuación de Sonia Espinosa, una auténtica sorpresa que nos ha dejado con un sabor de boca más que agradable. Su actuación comienza cuando la obra ya está avanzada y aparece en escena cansada, recién despertada y con una resaca de cuatro pares de narices. Y lo borda, realmente lo borda. No pierde en ningún momento esa sensación de cansancio, hastío y decadencia y toda la conversación que mantiene con la esposa lo hace sin perder ese estado. Realmente brillante.

Anna Prats también consigue crear la imagen de una mujer que se autoengaña, una mujer que quiere vivir la vida, lo más feliz que pueda, aunque tenga que ir repleta de vendas. Pero llega un momento que las vendas caen por su propio peso y lo que ve delante de sus ojos es tan ridículo que solo le permite reír, reír con todo el dolor y la naturalidad del mundo. También consigue una actuación estelar.

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Realmente, a nivel interpretativo poco más hay que decir más que fue muy bueno, de un alto nivel. La puesta en escena, iluminación y la escenografía también estuvieron muy acertadas con un gusto por el detalle que resultó exquisito. Pero en el tema musical creo que no acertaron tanto… Anna Prats se luce con su voz espectacular entre acto y acto, de acuerdo, pero hay temas que parecen metidos con pinzas y que no terminaron de convencer.

Lo que falla es el final de la obra, sinceramente. Las tres primeras partes de este espectáculo de Barcelona es trepidante: unos diálogos llenos de matices, con un trabajado subtexto y unas palabras silenciadas que dicen todo lo que los personajes no dicen. Una situación extraña que nadie comprende y que cada vez está más liada. Todo esto hace que el espectador esté muy pendiente de la resolución del conflicto. Pero nunca llega. Se quedan demasiadas cosas en el aire, demasiadas preguntas en la cabeza y piezas sin resolver. Y no hay nada más frustrante que te creen expectativas y que después no te las resuelvan.

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Realmente, el último acto de la obra no aporta nada. Incide en el estado del matrimonio que desde el minuto uno ya se conoce sin necesidad de ponerle palabras, intenta crear un retrato de la mujer que ya se había conseguido perfilar y lo único que consigue es aburrir y hacer que la obra se alargue más de lo gustaría. Además, falta resolver las incógnitas, entender qué ha pasado exactamente y qué le ocurre a Richard. Pero nada, nunca lo sabremos.

El Camp es una obra de teatro de Barcelona con un buenísimo trabajo actoral, una puesta en escena muy sugerente y una trama que atrapa desde el principio. El problema es que no se resuelve bien.

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Elia Tabuenca

Filóloga hispánica y periodista digital. Apasionada del mundo del teatro y directora de la cía LetrasConVoz

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