Crítica: El conte de tot sants – El Maldà

9 sobre 10

Dos espíritus de la noche nos vigilan cuando dormimos. En este caso son los espíritus 2 y 9, porque en el espacio de los sueños donde viven no recuerdan quién eran en la Tierra… 9 es el experto, 2 es el novato, un espíritu con serios problemas “Em van fer fora (dels Llimbs) per TDAH!”. Forman un equipo cómico que nos recuerda parejas cómicas legendarias (Stan Laurel y Oliver Hardy, Walter Matthau y Jack Lemmon…). Son el clown y el Augusto de este mundo onírico.

Estos dos personajes, junto con Fobétor el dios de las pesadillas, intervendrán en los sueños de Samuel, un personaje egoísta y ególatra, que maltrata a sus trabajadores, ignora a una vecina enamorada…

El Conte de Tots Sants, en el Maldà, es un montaje muy divertido, que nos deja muy buen sabor de boca

El conte de Tots Sants empieza con este plan. A partir de aquí, nos llevan a través de un mundo de sueños y pesadillas donde nada parece real, un mundo que rompe las barreras teatrales para dirigirse al público o para hacer intervenciones fuera del contexto de la historias. Las referencias cinematográficas son constantes… y vemos escenas que parecen sacadas de alguna película: Astérix y Obélix y Cleopatra; Matrix, La vida de Brian (gran homenaje final con la canción “Quina sort que tinc!”); El cielo puede esperar… Unas referencias que parecen un juego de pistas dentro del texto.

Unas interpretaciones excelentes de David Anguera, Jofre Bellés, Miguel Ángel Sánchez, Lluna Pindado que, además, cantan muy bien todas las canciones de la obra mientras Miguel Ángel Sánchez o David Anguera tocan el piano, ese piano del Maldà que debería ser un personaje más de los montajes de este teatro y aparecer en el apartado de “intérpretes” en los folletos de la obra.

Los actores visten un vestuario muy sencillo, pero muy eficiente, con el que parecen reírse un poco de ellos mismos. Son y no son. Es un sueño o solo es un poco de imaginación. O una pesadilla. La iluminación, que juega con el blanco, la oscuridad, y el rojo también es un elemento que nos hace entrar en este mundo onírico.

El Conte de Tots Sants, en el Maldà, es un montaje muy divertido, que nos deja muy buen sabor de boca. Un texto muy bien escrito, lleno de humor absurdo, humor inocente, ironía muy fina, y un punto de parodia. Un ritmo muy bien dosificado que permite momentos de pausa y momentos de euforia. Para completar el conjunto, las interpretaciones son brillantes.

El Conte de Tots Sants es un montaje que nos hace reír mucho y nos deja la risa bailando en la cara durante un buen rato después de salir del teatro.

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