Crítica: El coratge de matar – TNC

Nota: 9 sobre 10

El Coratge de Matar. Con este título ya imaginamos que no vamos a ver una comedia. Y después de leer lo que nos dice Lars Norén, su autor, estamos seguros del todo. El Coratge de Matar, en el Teatre Nacional, es una tragedia griega llevada a nuestros días. Los mayores dramas suceden dentro de las familias. Y esta familia no es una excepción.

Una obra de teatro dramática basada en la novela de Lars Norén

Erik y su padre no se llevan bien. “Què t’he fet, jo?” pregunta el padre. La incomunicación es evidente. Hablan la misma lengua pero parece que hablen idiomas distintos. No se entienden. No es ni una cuestión generacional. No se entienden ni quieren entenderse. Han vivido siempre en este estado y parece que no conocen otra manera de vivir.

Una madre ausente desde hace años, un hermano que existe pero del que no sabemos nada más… solo quedan Erik y su padre. “Els pares sempre arrosseguen els fills”. Pero los padres también interfieren en la vida de los hijos intentando que tengan una vida mejor. Pero “vida mejor” tiene significados diferentes para Erik y su padre.

Los dos arrastran años de incomprensión, de desafecto, de falta de amor y de ternura. No saben tratarse. No saben hablarse. No saben tocarse. No saben abrazarse. Pero se necesitan. Necesitan saber el uno del otro aunque sólo sea para mantener la distancia.

Pero la distancia se rompe con la aparición de Radka. Amiga, novia, amante o conocida de Erik. Un personaje que ama apasionadamente a pesar de todo, de los rechazos, de la rabia, de los golpes. Radka ama a borbotones. Ella es el detonante del drama.

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El escenario parece que ha sido golpeado por un huracán, con elementos dispersos, desorganizado, desestructurado… como Erik y su padre. Con Radka delante, el padre hace que aparezcan cosas bellas, bellas porque sí, unas copas de cristal. Radka saca lo bueno que tienen los demás en su interior… pero también hace que las pasiones se desaten.

El vestuario está muy estudiado. El vestido brillante de Radka contrasta con el vestuario de Erik y el padre, gris, aburrido, soso.

Manel Barceló está soberbio en su interpretación del padre. Al principio cuesta hasta reconocerlo. No es solamente la voz, su postura corporal y su gestualización nos muestran a un hombre al que le han caído treinta años encima de golpe. Un hombre derrotado, cansado, amargado y triste.

Nao Albet es un Erik que nos muestra sus altibajos. Pasa de estados alegres a depresivos. Con sus movimientos compulsivos y frenéticos, parece un eterno adolescente que no ha superado su complejo de Edipo. Necesita a alguien a quien culpar de lo que es, de lo que le sucede… y su padre es el blanco perfecto.

María Rodríguez nos ofrece una Radka voluptuosa, toda sonrisas, que intenta estar por encima de las peleas familiares. Una mujer sensual que sabe utilizar su cuerpo para lo que quiere. Sin prejuicios.

Una dirección que no deja caer el texto en ningún momento. Los silencios y las miradas son tan expresivas como algunos de los diálogos.

El Coratge de Matar, en el Teatre Nacional, es una obra que nos hace reconocer que las tragedias son eternas, que en las familias están las mejores tragedias… y que esto no cambia ya sea en Grecia o en Suecia.

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