Crítica: In memoriam – Teatre Lliure

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Nota: 10 sobre 10

In Memoriam, la Quinta del Biberó. No es un montaje fácil. El tema que trata nos revuelve las tripas y nos emociona desde el primer momento. Lluís Pasqual nos agarra el corazón y la conciencia y nos lo sacude con brío.

Los seis intérpretes (Joan Amargós, Enric Auquer, Quim Àvila, Eduardo Lloveras , Lluís Marquès, Joan Solé) no es que se metan el la piel de sus personajes. Los viven. Los traen desde el pasado al presente, como unos fantasmas que cobran vida en el escenario y nos cuentan, en primera persona, sus vicisitudes. Su historia. Una historia que ha quedado siempre un poco olvidada, como si fuera una batallita de esas que cuentan los abuelos y que cansa escucharla una y otra vez.

Pues no. Esto no es una batallita. Esto es una batalla. Una guerra. Una salvajada. Una encerrona que les hicieron a unos chicos de quince años que no conocían más mundo que su familia. Unos chicos que arrancaron de sus familias, de sus casas, de su entorno para enviarlos al frente a defender una zona que ya se sabía perdida. Sabían que los enviaban al matadero. Pero no les tembló la mano al hacerlo. La mayoría fueron obligados a alistarse, aunque hubo otros que fueron voluntarios y creían en lo que defendían.

Una obra emocionante y vibrante es lo que nos presenta la Kompanyia del Lliure

“Jo no hi volia anar, però mon pare m’hi va obligar. Que la República valia més que la meva propia vida”.

Los seis personajes no son un personaje, son muchos de esos chavales reunidos en uno solo. Se han trabajado muy bien los diferentes acentos de cada comarca, las formas de hablar, las expresiones… el contraste del castellano hablado por los mandos con el catalán hablado por la tropa, los juegos de palabras y los chistes, tan necesarios para superar el día a día.

Esos seis soldados, de extracciones sociales diferentes, venidos de diferentes puntos del país, de pueblo, de ciudad, viven su incorporación, su instrucción y las trincheras juntos. Comparten un breve espacio de tiempo que les crea un vínculo que nada puede romper. Excepto la muerte.

Y nos hablan de sus deseos, de sus ganas de vivir, de sus familias, del ejército, de su funcionamiento, de la censura, de los fusilamientos sumarios… de la miseria, el hambre, el tifus, los piojos, el tabaco… “a la guerra, la paraula clau és fumar. Fumar és tot un ritual”. La desesperación al saberse abandonados hasta por los suyos “Jo m’ho creía, i ‘shan girat contra naltros, fills de puta”. Mentre Negrín cridava “resistir es vencer”.

El escenario casi vacío. Solamente unas plataformas móviles que recrean diferentes espacios: puentes, trincheras, mesas… Una pantalla donde se proyectan imágenes de la época: escenas de guerra, discursos de guerra… en blanco y negro. Como el propio escenario, que es austero y también casi negro, pero es que este montaje no necesita nada más. La fuerza del texto, de las emociones, de las interpretaciones es suficiente para llenarlo todo. “I ara què? Ha valgut la pena tot aquest sacrifici?”. Porque la batalla del Ebro no acabó allí. Para estos soldados de la Quinta del Biberó duró muchos más años: trabajos forzados, prisión, exilio… muerte…

El vestuario y la caracterización están muy bien realizados. Las cabezas rapadas y los diferentes tipos de uniforme y de calzado (botas, alpargatas… pies descalzos…), los armamentos, las mantas y cantimploras… y la suciedad que se va acumulando en los cuerpos de los soldados según va pasando el tiempo. No se han dejado ni un detalle.

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Cuatro músicos y un cantante interpretan, en directo, obras de Monteverdi i Purcell. Música barroca para una época también barroca y oscura. Monteverdi es el amuleto que tiene que salvar a los soldados de una muerte casi segura. Una música fantástica como fondo de un texto muy bien escrito y dramatizado.

Joan Amargós, Enric Auquer, Quim Àvila, Eduardo Lloveras , Lluís Marquès i Joan Solé, la Kompanyia del Lliure, brillan en su interpretación de esos niños soldados. Nos hacen vibrar con sus sentimientos y emociones, y nos ponen pelos de punta con sus vivencias.

In Memoriam, en el Teatre Lliure de Montjuïc, es un montaje que es más que un montaje: es un documento vivo, un homenaje y un agradecimiento a unos chicos que no tuvieron opción. Y también es una reparación a todos estos años de olvido en los que los hemos dejado caer.

En el Teatre Lliure, los seis soldados nos piden un minuto de silencio en homenaje a todos los soldados de la Quinta del Biberó, los que sobrevivieron y los que murieron. El público se pone en pie, en bloque, y se hace el silencio. Un silencio roto solamente por algunos sollozos, y en algunos rostros se ven lágrimas y gestos de emoción contenida.

In Memoriam en el Teatre Lliure de Montjuïc, es más que teatro. Es emoción pura.

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