Kidd Pivot y Electric Company Theatre, Betroffenheit

Nota 10 sobre 10

Un acontecimiento traumático cambia por completo la vida de una persona. Su estado natural de paz, se ve alterado por el retorno inconsciente al momento del trauma, que se repite en su mente una y otra vez. Esto es lo que se nos narra en Betroffenheit,  que en alemán significa consternación, y que pudimos ver en el Mercat de les Flors de Barcelona.

En un cruce entre el teatro y la danza, incluso con toques de musical, se mueve este espectáculo, cuya fuerza, sobrecoge, angustia y “deja pegado al patio de butacas” al espectador, perplejo ante tal despliegue de sensaciones.

Todo comienza en una fría y solitaria habitación, que pudiera ser de una nave industrial o la parte interior de un teatro, allí el protagonista, es acosado por los recuerdos de un trauma, ante el cual rehúye, pero los miedos cada vez son más y más fuertes, e irán acechando al protagonista, que caerá en la adicción y el abandono de sí mismo.

En la segunda parte de la obra, vemos que el paso tiempo ha amainado el dolor ese trauma, relegándolo a las pesadillas nocturnas, que todavía acosan al protagonista, cada día más recuperado, aunque todavía tocado.

La pieza, que se representa en inglés sin subtítulos llega fácilmente al espectador, debido a la universalidad del tema, y la soberbia interpretación de sus protagonistas. No en vano, nace de la simbiosis de dos reconocidas compañías de danza y de teatro: Kidd Pivot y Electric Company Theatre. La primera, liderada por la reconocida coreógrafa Crystal Pite, y la segunda, dirigida por el actor Jonathon Young, ambos grandes figuras de la danza y teatro canadienses.

La escenografía es espectacular, al igual que la iluminación y la música. Destacamos positivamente, los efectos de luz y de sonido, que nos transportan al interior de la mente de la persona que sufre el trauma. La música a su vez, nos traslada a los lugares más oscuros del alma humana, y recrea desde sonidos estridentes y lúgubres, hasta música caribeña y ritmos de salsa.

Los efectos de luz, no le van a la zaga, son luces potentes, intermitentes, que crean una gran carga emocional en el espectador, y que se combinan a la perfección con sonidos mecánicos, de timbres y gruñidos que parecen de otro mundo. A todo esto, añadimos los movimientos de los propios bailarines, que muchas veces son repetitivos, angustiosos, y bruscos, en una coreografía complicada y barroca.

La repetición de palabras y frases, constituye el cuerpo argumental de la obra. Se trata del propio protagonista, luchando contra su conciencia y sus miedos, representados por las figuras de los bailarines, que le vienen a acosar una y otra vez, para que vuelva a la escena del trauma. Magnífico nos pareció a su vez el vestuario, que hace un guiño a la famosa película La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick, aportando un matiz más terrorífico, si cabe, a todo el conjunto.

Betroffenheit, es sin duda, un espectacular, inquietante e incómodo arquetipo de los miedos humanos más profundos, aquellos que después de una situación traumática, rompen la psique de la víctima, y que solo el paso del tiempo puede llegar a suavizar.

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