Crítica: L’alegria – Sala Beckett

Crítica: L’alegria – Sala Beckett
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Nota: 7.5 sobre 10

En la Sala Beckett reponen una de las obras que más éxito durante la temporada pasada del Grec. Se trata de “L’alegria”, una obra escrita por Marilia Samper, la autora residente de la temporada 2016/17 y que nos habla acerca de la miseria humana retratada por una “madre coraje” que vive en la periferia de una gran ciudad.

Se trata de una obra triste, dolorosa y muy verídica que nos presenta a una madre de mediana edad que tiene a su cargo un hijo con parálisis cerebral. Es una familia humilde que vive en un barrio alejado del centro al que ni siquiera llega el metro. Un barrio apartado de la sociedad para gente a la que se obliga a vivir apartada.

En “L’alegria” asistimos a una obra muy poco alegre. Una obra que nos presenta una alegría inocente, la del joven, que transmite esa energía a su madre, a su vecino y a cualquiera que con él quiera relacionarse. Pero, por mucho que se quiera fomentar la alegría, a veces cuesta mucho encontrarla de verdad en nuestro entorno.

“L’alegria” una obra dura y triste que nos plasma una realidad dolorosa

Marilia Samper ha querido subir al escenario una obra que refleje la situación real que hay en las ciudades. Lugares donde aflora la precariedad, la pobreza y la miseria humana. Lugares donde la humanidad parece haberse quedado descansando en una esquina para dejar paso al egoísmo, el individualismo, el “yo” por encima del “nosotros”. 

Y en esta realidad tan cruda y tan cierta es donde se desarrolla la trama de “L’alegria” donde conoceremos a Julia y a Eli, su hijo, que vive postrado en una silla de ruedas debido a su parálisis cerebral. Junto a ellos también conoceremos a la vecina y al vecino, diferentes retratos de personas humildes que viven con graves problemas y a las que la vida parece solo haberles dado golpes y pocas sonrisas.

Muy buenas interpretaciones

En “L’alegria” nos encontramos con interpretaciones muy buenas. Destacamos, sobre todo, el trabajo de Alejandro Bordanove en el papel de Eli que, realmente, nos deja boquiabiertos. Interpreta a más de un personaje creando, así, una radiografía de diferentes vecinos que viven en este bloque de pisos.

Pero, también, tenemos que destacar a Lluïsa Castell, la madre. Una interpretación visceral, apasionada y auténtica que nos emociona y nos destroza por dentro. Empatizar con este personaje es lo que hace que, en el patio de butacas, se oigan sollozos y paquetes de pañuelos abriéndose.

Montse Guallar como Vera y Andrés Herrera como Ramon terminan de completar el elenco de esta propuesta teatral que, como ya hemos dicho, cuenta con unas muy buenas interpretaciones.

Una obra que duele. Y mucho

El teatro es subjetivo, eso todos lo sabemos. Y aunque podemos valorar la creación artística de “L’alegria” y ver que, tanto a nivel interpretativo como de puesta en escena está muy bien hecha, el argumento no congenió con nosotras.

Es una obra muy triste. Demasiado, para nuestro gusto. Una obra que rompe y que muestra una faceta del ser humano muy vil y horrorosa. Aunque se llame “L’alegria”, esta obra no nos transmitió esta emoción en ningún momento. Vemos a los personajes alegres cuando entran en contacto con Eli pero la realidad que les envuelve es tan brutal que el drama y la miseria lo envuelve todo.

Y sabemos que esta no es más que una opinión: personalmente, “L’alegria” no terminó de gustarnos por ser demasiado cruda, demasiado brutal. Pero, sabemos, que el teatro es subjetivo y que, al igual que a nosotros nos dolió demasiado, a otras personas quizás este tipo de teatro es el que les gusta. Así que, el debate está servido.


Elia Tabuenca

Filóloga hispánica y periodista digital. Apasionada del mundo del teatro y directora de la cía LetrasConVoz

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