Crítica: Mars Joan

Nota: 9 sobre 10

Joan quiere ir a Marte. El proyecto de un holandés para enviar gente a vivir a Marte en el 2026 se nos presenta como un hecho. Pero la obra va un poco más allá y, en un giro muy adaptado a nuestros días, ha convertido la selección de candidatos en un gran show televisivo, donde los participantes deben superar pruebas y sus familiares y amigos deben participar en debates-espectáculos donde la manipulación emocional es la principal baza del programa.

En la obra de teatro Mars Joan, Joan quiere ir a Marte. La vida en la Tierra no le ofrece las oportunidades que él cree merecer. Quiere ir a Marte para conseguir realizar sus sueños. Su entorno más inmediato no lo entiende. Ni Noelia, su pareja, que se ha construido un mundo ideal en el que ella planea lo que les sucederá. Ni Sara, una amiga de la Universidad, que siempre ha sido el amor de Joan. Ni Manel, la pareja de Sara, un hombre mundano, práctico y poco empático.

En Mars Joan encontramos unos personajes que se movían entre la naturalidad y la parodia

En el escenario del Tantarantana, los cuatro nos mostraran el pequeño universo en el que vive Joan y nos harán reflexionar sobre las razones por las que una persona debería o no, irse a vivir a Marte y dejarlo todo. Unas reflexiones que nos dejan claro que nadie se equivoca, que todos tienen razón. ¿O no?

El texto, que parece muy sencillo, está lleno de giros inesperados. El humor, el sarcasmo, la ironía más mordaz y también la parodia, aparecen desde el primer momento y no dejan el escenario. Un texto que nos muestra que nuestro entorno es el que nos fabricamos nosotros… aquí o en Marte. Que no es una casualidad que tengamos los amigos que tenemos, ni la pareja… porque somos nosotros los que construimos nuestras relaciones con los demás. Y tendemos a tropezar siempre con las mismas piedras. Aquí o en Marte. Que no importa si estamos rodeados de millones de personas o si solamente somos cuatro gatos… lo que tenemos, es lo que nosotros atraemos. Aquí o en Marte.

Ivana Miño, Míriam Tortosa y Roc Esquius (en sustitución de Ricard Farré) crearon unos personajes que iban más allá del tópico. Unos personajes que se movían entre la naturalidad y la parodia. Joan, el incomprendido que busca una realidad mejor, o que prefiere huir de lo tiene para no enfrentarse a ello. Noelia, una mujer segura de si misma o que quizás busca la seguridad que le falta en el dominio sobre los demás. Manel, el campechano amigo que parece que no se entera de nada pero que tiene los pies en el suelo. Sara, que lo tiene todo, o tal vez le falta valor para asumir lo que realmente siente. Completa el reparto una presentadora narcisista y egocéntrica, enamorada de la cámara.

Un decorado sencillo que, gracias a un giro más del texto, sirve para todas las localizaciones y crea situaciones sorprendentes. La caracterización de los personajes está muy bien trabajada y el vestuario los define a todos desde la primera escena. Una dirección ágil que no deja un minuto en pausa. Las risas están aseguradas porque el texto funciona muy bien, y destila un humor muy cáustico y muy inteligente.

Mars Joan, en el Tantarantana, es una comedia que podría parecer muy ligera, pero que tiene un fondo muy importante. Una obra para disfrutarla. Una obra que nos hace sonreír, reír ligeramente y reír a carcajadas… y también nos hará pensar en nosotros.

Mars Joan, en el Tantarantana, hace fácil lo difícil. Y eso se merece un aplauso y una sala llena cada día.

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