Crítica: Moby Dick – Josep Maria Pou se convierte en un enorme capitán Ahab

Nota: 8 sobre 10

El clásico literario “Moby Dick” de Herman Melville llega al Teatre Goya de la mano de Juan Cavestany, Andrés Lima y Josep Maria Pou. Un trío de artistas que consigue lanzar una imagen de desolación, obsesión y locura sobre el mítico personaje capitán Ahab.

Una obsesión, una enorme sed de venganza y una vida sin otro sentido que el de la persecución. Eso es lo que vemos en el escenario del Teatre Goya gracias a la adaptación teatral que Cavestany ha hecho del texto de Melville. Una versión que se centra, ante todo, en mostrarnos la fragilidad del ser humano y de nuestra mente que puede verse alterada y sumida en un universo de locura y abismo.

Una puesta en escena impresionante en la versión de Moby Dick del Teatre Goya

En esta adaptación de “Moby Dick” nos encontramos con una puesta en escena impactante que nos traslada a la cubierta de un barco. Sobre la pared del fondo se proyecta el océano para que, así, nos podamos transportar a las inmensidades de los mares.

Un juego de luces muy cuidado que hace que haya momentos de máxima emoción e intensidad como, por ejemplo, el monólogo del niño. Un momento sobrecogedor que narra la dureza del mar y la concepción tan arriesgada que tenemos sobre la “valentía”, una emoción que puede hacernos perder, también, el sentido.

Moby Dick es Josep Maria Pou elevado al cubo

Pero si de algo tenemos que hablar y remarcar es de la interpretación de Josep Maria Pou. Lo borda. Se sobresale. En todos los sentidos: movimiento escénico, dicción, entonación… No vemos a Pou sobre el escenario aunque sea su cara, su cuerpo y su voz la que estemos viendo. No es él: es Ahab.

Un capitán que viaja sin rumbo, que persigue algo inalcanzable y que toda su vida se basa en eso: en esa persecución imposible. Un propósito que le desgarra el alma, que le vacía de forma completa, que le hace ser alguien que se ha quedado sin humanidad, sin vida.

Y, en el momento en el que se humaniza, en el momento en el que puede conectar con otro ser humano, lo rechaza. No quiere ser hombre. Solo quiere a Moby Dick. 

Una interpretación bien acompañada de los actores secundarios

Pero, junto a Pou, en el Teatre Goy también nos encontramos con la actuación de dos actores que defienden muy bien sus papeles: Jacob Torres y Oscar Kapoya. Interpretan a diferentes personajes pero, sobre todo, se centran en dos de ellos que nos parecen muy acertados ya que son igualmente representativos de Ahab: un hombre que ha abandonado a su familia y, otro, que también se ve sumido en la locura.

Dos personajes que consiguen complementar y profundizar más en el personaje central de la obra de teatro y consiguen, también, mostrar más matices de Ahab y comprender mejor su historia.

Moby Dick, una obra con un ritmo desigual

Sin embargo, encontramos que el ritmo de la obra es un poco desigual. Al inicio cuesta entrar en la trama y que la historia te atrape; con el paso del tiempo se consigue atrapar al espectador pero, durante el transcurso de la obra, hay algunos momentos en los que vuelve a decaer el ritmo. 

Quizás es porque el personaje de Ahab es muy plano, es decir, comienza y acaba igual, no evoluciona, solo hay un momento de inflexión pero que se resuelve muy rápido. Entonces, nos pasamos toda la obra en la misma tensión, en el mismo bucle, en la misma historia. Y esto es algo difícil de mantener.

Una obra recomendable

Pero, en general, la versión de Moby Dick que vemos en el Teatre Goya es una versión apoteósica, con una puesta en escena impactante y, sobre todo, con una interpretación apasionada de Josep Maria Pou que se deja la piel en el escenario. Una propuesta que merece la pena descubrir y que, seguro, te dejará con el corazón en un puño.

 


Elia Tabuenca

Filóloga hispánica y periodista digital. Apasionada del mundo del teatro y directora de la cía LetrasConVoz

2 comentarios:

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