Crítica: Muñeca de porcelana


Nota: 7 sobre 10

José Sacristán y Javier Godino son los protagonistas de “Muñeca de porcelana”, una obra de teatro que nos habla sobre la clase pudiente, los tejemanejes que los poderosos pueden hacer y el tráfico de influencias. Una obra que está construida de un modo muy original y que se trata de una pieza firmada por el reputado autor americano David Mamet.

Muñeca de porcelana es una obra de teatro intensa y que mantiene un ritmo ágil

En la obra de teatro “Muñeca de porcelana” nos encontramos con un argumento que, tristemente, nos resulta muy conocido: la corrupción y el poder. José Sacristán encarna a un empresario, rico y poderoso, que se ha enamorado de una joven y, por ella, ha decidido dejarlo todo y empezar de cero para disfrutar de la última etapa de su vida. Es consciente de que su relación se basa en el interés mutuo: ella quiere dinero, él quiere compañía.

Pero, justo antes de partir para despedirse, mientras está indicándole al joven sobre el que ha depositado toda su confianza para administrar sus empresas, recibe una llamada que le cambiará, radicalmente sus planes de futuro.

Muñeca de porcelana es una obra de teatro intensa y que mantiene un ritmo ágil durante todo su desarrollo. Se trata de una obra que podría ser, perfectamente, una noticia de uno de nuestros periódicos. Pero aquí, no solo vemos el acto final, sino que nos enteramos, presenciamos en primera persona todo lo que ocurre en el seno de las clases más poderosas, cómo la política y las empresas están íntimamente ligadas y cómo las películas de mafiosos no están tan lejos de los despachos de nuestros gobernadores.

Una obra que es muy real y que, precisamente por eso, a mí no terminó de gustarme. Era previsible, desde el inicio hasta el final, esta obra no sorprende. Te mantiene en vilo, sí, no pierdes la atención, pero sabes cómo acabará y cómo evolucionarán los personajes. Y no tengo muy claro si es previsible porque este tema ya está muy manido o, simplemente, lo es porque estamos más que acostumbrados a escuchar noticias de este tipo en los medios de comunicación.

Sacristán hace un muy buen papel. Básicamente se pasa la mayor parte de la obra hablando por teléfono y creando, desde el aparato, toda la tensión de la obra. Y lo hace perfectamente bien. Los giros dramáticos vienen del teléfono, nunca de la escena real, algo que nos recuerda un poco a la película de “Enterrado” donde la trama ocurre gracias a las conversaciones telefónicas que tiene el protagonista. En “Muñeca de porcelana” pasa algo parecido: toda la acción la crea Sacristán cuando habla por teléfono, por tanto, su interpretación es de vital importancia para que la obra funcione. Y funciona.

Javier Godino es el segundo personaje que forma parte de la obra y, realmente, el día que fuimos a verla chirrió más que ayudó. Se equivocó varias veces, el nerviosismo se hacía latente en todas sus intervenciones y el final no terminó de ser creíble. Seguramente tendría un mal día.

En general, “Muñeca de porcelana” es una obra que está bien. José Sacristán hace una actuación impecable pero tanto el tema sobre el que se habla como la resolución del conflicto no son originales ni capaces de sorprender al espectador. Sin embargo, mantienes la atención en todo momento y disfrutas de una puesta en escena tan original como que toda la acción se desarrolle por el teléfono.

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Elia Tabuenca

Filóloga hispánica y periodista digital. Apasionada del mundo del teatro y directora de la cía LetrasConVoz

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