Último concierto de Obeses en el TNC: Museu Obeses

Obeses ofreció su último concierto de gira en Barcelona y escogió el Teatre Nacional para su broche final. Tal vez, el Teatre Nacional no es el mejor lugar para celebrar un concierto de este tipo… la platea no es lo suficientemente amplia para que el público, entregado desde antes de entrar, se levante y baile las canciones del grupo. A pesar de esto, el concierto fue un éxito. Más que un éxito.

Para caldear el ambiente, antes del concierto, dos horas antes del concierto, hubo un espectáculo con los personajes más emblemáticos de las canciones de Obeses en los jardines del Teatre Nacional.

El concierto de clausura de Obeses fue un éxito en el TNC

Obeses, acompañado por un coro de 7 hombres y 5 mujeres que lo dio todo, regaló su música a un público que coreó todas las canciones. Las coreó, las cantó y las bailó. Un público que aplaudió sin cesar. Y Obeses respondió con generosidad regalando unas cuantas canciones de propina al final del concierto. ¿Unas cuantas? No, la verdad es que fueron muchas.

Y mientras Obeses cantaba, sus personajes se paseaban por platea: el Tocador de Senyores, un bigote, la Mammi, el Cowboy, el monstruo del armario, los atletas que corren… un regalo para los espectadores que agradecieron con risas y aplausos este guiño del grupo.

El concierto, que empezó un poco frío, estalló en el momento en que Obeses cantó Bohemian Rapsody, de Queen, en una versión en directo que Freddy Mercury seguro que aplaudió esté allá donde esté. A partir de ese momento, parte del público dejó su asiento para ir delante del escenario, y los pasillos empezaron a llenarse de gente que lo bailaba y lo cantaba todo.

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Una breve intervención de Peyo, al principio, analizando con lupa el mensaje oficial sobre el uso de teléfonos móviles durante el espectáculo, ya nos hacía prever que íbamos a pasar un buen rato. Jordi Doménech cantó a Lascia ch’io pianga a dúo con Arnau Tordera… y con el resto de la platea.

Obeses ha conseguido que una canción como Rosor, un clásico de las fiestas mayores, sea un hit en sus conciertos, que Haendel y Rossini lleguen a un público que tal vez no los conocerían nunca, si no fuera por Obeses.

El Teatre Nacional de Catalunya acogió a Obeses en su concierto de fin de gira. Y los seguidores del grupo respondieron: no quedaba ni un asiento libre en todo el teatro. Un lleno total.

Al terminar el concierto, después de unos aplausos interminables que parecía que iban a hundir el Teatre Nacional, el público salió con la felicidad pintada en la cara.  Y todo el mundo tenía una canción (o varias) en los labios: Brindem, Brindem; Ens hem alçat; El monstre de l’armari; Cançó dels amors entrellaçats; Miau; Guapo; Ens hem alçat; Venim del Nord, Venim del Sud; L’aria du l’Hermafrodite; Virus; Botifarra amb seques; Mammi; Bona nit… canciones variadas que van des de la ópera al rock, pasando por la rumba y la canción de cuna…

Obeses fue un regalo. Una fiesta. Más que una fiesta. Fue apoteósico.

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