Crítica: Protesta – La Seca

Nota: 8 sobre 10

Stanek, un escritor acomodado, protegido por el gobierno, recibe en su casa a Vanek, un escritor conocido por su oposición al régimen, que vive periodos entre la cárcel y su casa. “Et deixen una mica en pau, almenys? – De tant, en tant…”

Stanek y Vanek hablan y su diálogo es un juego del gato y el ratón, en el que ninguno de los dos expone claramente su postura, pero conoce perfectamente la de su oponente. “Tu i els teus amics esteu duent a terme una feina sobrehumana”. Las palabras van siempre cargadas de doble sentido, de imágenes… los dos quieren algo del otro… ¿quién será el primero en destapar sus intenciones?

Stanek parece preocupado por Vanek y sus periplos carcelarios “Peguen la gent allà dins? De vegades, pero no als presos polítics”, mientras intenta disculparse de haber conseguido una posición envidiable “Pots considerarte afortunat, d’haver sortit d’aquest entorn”. “En el cercle on em veig forçat de moure’m …”

Por un momento parece que llegan a un entendimiento “Quan acceptem ignomínies com aquestes ens fem corresponsables d’aquest paper, oi que tinc raó?”. Stanek necesita un favor de Vanek para ayudar a un cantautor detenido. Vanek tiene un manifiesto. Es el momento. Le pide a Stanek que se una y lo firme. Las cartas están sobre la mesa. Los dos deben decidir qué hacen.

Protesta, en La Seca, nos habla de la hipocresía, de la dignidad, de la lucha por los derechos que incluye luchar por los derechos de aquellos que no mueven un dedo por esos derechos que también exprimirán cuando los disfruten. Nos habla de solidaridad, de renuncia, de codicia, de poder, de política. Protesta no es un texto maniqueo, porque no juzga. Simplemente presenta dos personajes en dos situaciones diferentes que han hecho elecciones diferentes para sobrevivir. Vanek no censura su forma de vida, plegada la régimen, de Stanek y Stanek sabe que Vanek y gente como Vanek, son los que harán que el país avance.

Un decorado que parece una casa burguesa de los años 60, con muebles de categoría. Un propietario, Stanek, vestido con ropa de calidad, frente a un Vanek vestido con ropa arrugada y vieja. La presentación ya nos deja claro quién es quién y en qué mundo vive cada uno.

Protesta es un montaje de texto. El texto lo es casi todo en este montaje. El texto y el tempo. Un tempo que incluye silencios incómodos y largas disertaciones que se enredan para no decir nada. Stanek se explaya en su discurso autocomplaciente. Vanek a penas puede decir monosílabos la mayor parte del tiempo. La dirección de Jordi Casasampera es muy inteligente y consigue mantener la tensión hasta el final, incluso después de acabada la función.

Jordi García Vallés es Stanek y lo interpreta con gran afectación. A pesar de que nos podemos sentir identificados con él por sus actos (¿quién no estaría tentado de hacer lo mismo que él?), su amaneramiento, su prepotencia y su autocomplacencia hacen que lo detestemos. Pero, al detestarlo a él, nos detestamos un poco a nosotros.

Carles Goñi es Vanek. Carles Goñi realiza un gran trabajo gestual y corporal, mostrando su incomodidad en una situación que no domina. Nos gusta su valentía pero no nos hace sentir empatía por su lucha clandestina que, a veces, hasta parece cobarde.

Protesta, en La Seca, es un montaje que hay que ir a ver para descubrir que nada es blanco y negro, que hay muchos matices, y que es muy fácil juzgar desde platea.

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