Crítica: Sacrifici

Nota 7 sobre 10

¿Qué renuncias tiene que realizar un artista para seguir su camino? ¿Hasta qué punto el amor, es incompatible con la vocación? Estas son algunas de las cuestiones que plantea Sacrifici, escrita y dirigida por Sergi Pompermaier y que pudimos ver en La Villarroel de Barcelona, dentro del ciclo Off La Villarroel, del 5 al 20 de julio.

Nil (Eric Balbàs), es un joven pintor que deja a un lado su prometedora carrera, para vivir una vida sencilla, al lado de su novia Lara (María Hernández). Se dedica a trabajar para sobrevivir en un trabajo rutinario, de ningún interés para él, hasta que el destino le lleva a reencontrarse con un amigo, Marc (Marc Ribera), que tras una noche de juerga, y junto con una camarera (Mar Pawlowsky) van a transformar su pequeño y monótono mundo.

Los cuatro componentes de la joven compañía El Eje, se dirigieron a Sergi Pompermaier, autor entre otros, de Plats Bruts, Jet Lag y la Riera, para que les escribiera esta obra a medida, con la que se sienten bastante identificados.

La trama transcurre sobre un escenario polivalente que no delimita espacios, es a su vez el hogar, el bar y el taller de pintura del protagonista. La música es un elemento clave, muchas escenas se tiñen de música punk, (algunas canciones son interpretadas en directo), gracias a Mia, el personaje que hace de camarera y que tiene un grupo de rock.

La acción sucede en la actualidad, aunque se aprecia un cierto regusto ochentero en las referencias musicales e incluso en la estética del vestuario, que ciertamente, se agradece.

La aparente sencillez del texto lleva hacia una de las preguntas existenciales, ¿quien soy yo?, germen de toda crisis de madurez que se precie, y recurrente en todo artista que desee replantearse.

El joven Nil, cuya vida transcurría en un cómodo “dejarse llevar”, sin salir de una zona de confort, agradable pero previsible, se ve abocado gracias a su amigo, a replantear su mundo y a decidir quién es realmente, y qué quiere hacer con su vida. Todo ello gracias al personaje del amigo, protagonista del auto-sacrificio principal, aunque bien podría haber sido el destino, quien le topase con él mismo, siendo este amigo una pieza más del juego del misterioso “hado”.

Las interpretaciones de los personajes son interesantes y frescas, carentes todavía de la madurez que salva airosamente de algún pequeño imprevisto, pero pasionales y naturales.

La pieza se combina con una exposición de arte, comisariada por Joana Mora, que recrea escenas y personajes de la obra, mediante pinturas, proyecciones e incluso esculturas, que hacen patente y promueven la interrelación entre diferentes disciplinas artísticas, entre el teatro y las artes plásticas.

“Sacrifici” está dirigido a remover lo más profundo de cada persona (seamos artistas o no), aunque a veces, no le damos la importancia que debería tener. Nos planta en la cara el espejo del compromiso con uno mismo, nos enfrenta con lo que somos y con lo que queremos en nuestra vida, y nos muestra los inevitables sacrificios que se han de hacer, para llegar a ser lo que cada uno de nosotros, realmente es.

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