Crítica: Shakespeare en Berlín

Nota: 9.5 sobre 10

Ha vuelto “Shakespeare en Berlín” a Barcelona, al Teatro Gaudí. Y no podía hacerlo en mejor momento. Si hay una obra de teatro que encaja en el momento histórico y político que están viviendo Cataluña y España, esta obra es “Shakespeare en Berlín”.

Tres amigos, Martin y Elsa, alemanes arios y Leo, alemán, judío y homosexual, nos explican 20 años de sus vidas a través de algunos momentos clave de la historia de la Alemania nazi.

La obra empieza el 27 de febrero de 1933, la noche en que quemó el Parlamento Alemán y que llevo el partido nazi a la victoria en las elecciones. La segunda fecha es el 9 de noviembre de 1938, la Noche de los Cristales Rotos; la tercera fecha es el 8 de diciembre de 1941, los judíos están siendo deportados en masa; la última fecha es el 1 de octubre de 1946, durante los Juicios de Nüremberg.

En estos años, vemos como Elsa y Martin, alemanes y arios, pasan de vivir una vida con estrecheces a vivir una gran vida, trabajando en los estudios de la UFA, con Leni Riefensthal, mientras Leo, un actor de prestigio y fama, lo va perdiendo todo a causa de las leyes nazis.

Vemos como Elsa y Martin van adoptando los valores nazis, justificándolo todo, mientras Leo ve como su mundo se hunde… su mundo, y el de todos los alemanes.

Elsa y Martin no son personas incultas, son personas amantes del teatro, del cine, de la literatura, de Shakespeare… pero eso no impide que la ideología nazi vaya calando en ellos, y les permita justificar su forma de actuar y de vivir. Leo se encuentra en el otro lado de esa ideología y no tiene donde agarrarse… excepto en sus amigos. Y es a ellos a quien recurre en el momento de mayor desesperación.

¿Qué habríamos hecho nosotros? ¿Habríamos ayudado a Leo, a pesar de ponerlo todo en peligro? ¿Lo habríamos abandonado a su suerte? La respuesta no es fácil. Martin y Elsa por fin han conseguido estabilizar su vida, salir adelante, tener un hijo… y Leo les pide que se lo jueguen todo por él. ¿Es un egoísta que solo piensa en si mismo, sin importarle lo que pueda pasarle a sus amigos?

Un vestuario muy bien diseñado nos muestra el paso de los años, especialmente en el caso de Elsa, donde el vestuario va acompañado de unos peinados que van cambiando según las modas de cada momento.

Con un decorado escaso y pocos elemetos, recrean el salón de Elsa y Martin. Al fondo, una pantalla, nos muestra imágenes de cada momento histórico, de la fachada de la casa donde viven, del Trabajo fotográfico de Martin… y de un Leo que vive en Buenos Aires, en 1966, que nos cuenta desde la distancia, cómo vivió esos años.

Juan Carlos Garés (Martín), Iria Márquez (Elsa) y Chema Cardeña (Leo) están magníficos en sus papeles. Leo es impulsivo, generoso, extravagante, tiene el mundo a sus pies. Martin es apocado, discreto, es feliz haciendo feliz a Elsa, es feliz viendo feliz a su amigo. Elsa es joven y ambiciosa, se sabe bella y quiere comerse el mundo

A cada uno, lo suyo. Este era el lema del campo de concentración. Y la obra concluye dando a cada uno, lo suyo.

Shakespeare en Berlin nos habla de muchas cosas, de la amistad, del teatro… pero también nos muestra como una maquinaria de información (o desinformación) en el poder, es capaz de transformar la realidad y adaptarla a sus objetivos… y que nadie está a salvo de caer en esta trampa.

De nuevo, Shakespeare en Berlín ha venido por pocos días. Esperamos que vuelva otra vez pronto a nuestros escenarios.


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