Crítica: “Tancats” – Teatre Gaudí

Crítica: “Tancats” – Teatre Gaudí
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Valoración: 8 de 10

El pasado viernes pude disfrutar de la obra “Tancats en el Teatre Gaudí dirigida por Oscar Molina e interpretada por Silvia Aranda, Àngela Jové, Marieta Sánchez, Ruben Serrano y Gal Soler. La función podrá verse hasta el día 11 de agosto y tiene una duración de 90 minutos.

Una comedia sarcástica, llena de humor y risas pero también mucha dosis de realidad y crítica social. El argumento gira en torno a la familia Fuster, integrada por unos miembros muy diferentes entre sí.

“Tancats, una comedia ácida que nos hace replantearnos nuestros prejuicios

El humor me gusta mucho como herramienta para tratar temas controvertidos o elaborar una buena crítica social, creo que en la exageración de los personajes o las situaciones, se encuentra la verdadera esencia de aquello que buscamos criticar, es más fácil sentirnos representados o identificar a personas que conocemos a través de la exageración y de la risa, por lo que el mensaje llega de forma más fluida.

“Tancats” es una comedia con un humor muy ácido, donde todo empieza cuando diferentes personajes que mantienen diferentes relaciones personales o incluso ninguna, se quedan atrapados en varias ocasiones en un ascensor. El pánico del momento y el rato que pasan juntos esperando a que vengan a ayudarles, da pie a situaciones tanto graciosas como incómodas.

A mí la idea de encerrar a dos personas muy diferentes en un lugar siempre me ha llamado la atención, precisamente por la evolución que la relación de esas dos personas puede sufrir. Esta obra es un claro ejemplo de cómo actúan los contextos y espacios en las relaciones personales.

Por otro lado, “Tancats” habla de muchos temas sociales como son la homosexualidad, el sexo, la inmigración, el abuso de poder, la agresión sexual en el trabajo… lo mezcla todo y sale un cóctel maravilloso, donde el humor y la crítica son los principales ingredientes.

Nos sitúa en una línea de espectadores, a veces en situaciones muy incómodas, llevándonos al límite, donde es imposible no cuestionarse nuestros prejuicios o las formas en que deberíamos responder ante una situación.

Una muy buena y original utilización del espacio

La escenografía era sencilla pero eficaz. El espacio era bastante amplio, por lo que los actores jugaban muy bien con él y supieron sacarle partido de forma muy original. Para simular los ascensores, simplemente hacían falta unos rectángulos dibujados en el suelo y tu imaginación ya hacia el resto del trabajo. Me pareció ingenioso y sencillo a su vez.

También jugaron muy bien con la aparición de los actores, que tenían sus dos pasillos para entrar y salir cuando era necesario y unas sillas y bancos que bastaban para ambientar las escenas. Una escenografía adecuada para lo que se la necesitaba, ya que, lo verdaderamente importante en esta obra, son los diálogos.

Los cambios de vestuario fueron importantes, ya que cada actor representaba a diferentes personajes así que la forma en que vestían era necesaria cambiarla para hacernos saber que se trataba de otra persona, además, de darle atributos personales a través de la ropa. Se podían dejar ver diferentes perfiles y formas de pensar de los personajes por la forma en que vestían, estaban muy bien caracterizados.

El único fallo: las discusiones familiares pueden resultar agotadoras

Los personajes que en un principio parece que no tienen demasiada relación entre sí, simplemente laboral o pasajera, terminan por uniéndose y todo empieza a cobrar sentido. Los hemos conocido de forma individual y hemos visto como interactúan en otros contextos y con otras personas, ahora los vemos en su ámbito familiar y en grupo. Esto me pareció muy buena idea, porque para entender el rol y la forma de ser que cada uno tiene en la familia, es necesario también ver cómo las personas son en privado o en otros sitios.

Cuando se encuentran todos para hablar de un tema familiar controvertido -la herencia- nos damos cuenta de lo diferentes que son y, como cuando en las cenas de navidad esos tíos o hermanos que no nos caen demasiado bien, empiezan a echarnos cosas en cara o a soltarnos comentarios, los personajes empiezan a discutir y a entrar cada vez más en el fondo de diversos entresijos familiares. Digamos que, en el caso de esta obra, la diferencia no hace precisamente la unión cuando se tienen prejuicios, solo aquellos personajes capaces de liberarse de ellos, podrán convivir tranquilos.

Puede que fuera en este momento cuando la obra empezó a hacerse un poco larga. Todo había fluido de forma muy dinámica e incluso el público era tan partícipe de la obra que en numerosas ocasiones empezábamos a aplaudir lo que algún personaje hacía o nos reíamos mucho. Pero, cuando llegó la reunión familiar, el dinamismo se perdió un poco y las cosas empezaron a ser un poco más lentas. Aún así, es normal acabar un poco agotado en las discusiones, tanto si participas como si no, por lo que la falta de dinamismo no es más que un resultado de lo que conlleva elevar tanto el nivel argumentativo y emocional de la obra.

Final inesperado donde gana la libertad

Después de numerosas discusiones y risas, de hacer que nos replanteemos nuestros propios pensamientos y prejuicios, y vivir situaciones tanto incómodas como cómicas, la obra tiene un gran final con una gran moraleja.

La recomiendo muchísimo, toda una lección social y humorística.


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