Crítica: Vagas y maleantas

Nota: 8.5 sobre 10

La cía Vagas y Maleantas nos presentan la obra que lleva, justamente, el mismo nombre de la compañía. Vagas y maleantas es una obra teatral que regresa a la cartelera de Barcelona para ofrecernos un original espectáculo lleno de humor, de denuncia social y de originalidad en el que un cuarteto de coristas nos acompañan a un viaje por el supraterrenal.

Entramos en el teatro que se ha reconvertido en un café cabaretero llamado Club Café Maravillas. Aquí asistimos a una representación un tanto especial en la que cuatro mujeres muy distintas entre sí se preparan para hacer los coros a una gran estrella del pop internacional: Madonna. Pero la diva no llega a tiempo y, mientras la esperamos, las cuatro mujeres nos explican su historia.

Vagas y maleantas es una obra que hay que ver

No quiero hacer spoiler de la obra porque creo que es tan fresca, sorprendente y original que es más interesante descubrir el argumento por uno mismo que no leerlo de ninguna crítica. Solo diré que el guión es muy divertido y que sabe, perfectamente, mezclar un tema surrealista y fantasioso con una cruda realidad que, cada vez, forma más parte de nuestros telediarios: el machismo que hay en la sociedad.

Las cuatro mujeres forman parte de diferentes momentos de la historia: tenemos a una combatiente de la República española, a una mujer de los años 50, a otra representante de La movida madrileña de los 80 y, por último, a una cantante de orquesta de los 90. Pese a ser épocas tan diferentes entre síes, lo cierto es que la figura de la mujer no ha mejorado ni un ápice, seguimos estando a la sombra, detrás de la “cantante” principal que es la que se lleva todo el foco y toda la atención.

Pero, pese a que el tema pueda parecer abrumador y manido, lo cierto es que Vagas y maleantas lanza su crítica de un modo diferente y sorprendente. El humor, las canciones y la risa son las armas con las que se nutren estas cuatro mujeres para poder ponerse sobre un escenario y entonar, con la voz más dulce del mundo, un “Hijos de puta” que hace estallar en risas y  orgullo al público de la platea.

Lo cierto es que las cuatro actrices Cinta Moreno, Mercè Boher, Rocío Manzano y Patricia Medina lo hacen genial pero mención aparte merece la que encarna al personaje de los años 50. Su expresividad, su dulzura y sus gestos faciales hacen que brille con luz propia, además, el personaje realmente está muy bien conseguido y trabajado. En general todos los personajes están muy bien logrados excepto el de la punky madrileña que, aunque la actriz lo hace estupendamente bien, la creación de personaje está plagada de clichés que, a veces, chirrían.

También merece la pena destacar la música en directo de la pianista Cristina Martínez que acompaña en todo momento a las actrices en la función, aunque a veces su protagonismo no termina de entenderse dentro de la trama narrativa. Es la encargada de poner la música, si se la introduce en la obra tendría que tener alguna frase, de lo contrario queda rarísimo ver a un personaje mudo interviniendo en la trama.

Hay otros aspectos que podrían mejorarse como, por ejemplo, el recurso de los bucles que se hace pesado en alguna ocasión e interrumpe el ritmo de la trama. También se podrían haber buscado otros quehaceres de las protagonistas además del trabajo y el ocio obligado para, así, darle un poco más de variedad a la trama y a la puesta en escena.

De todas formas, Vagas y maleantas es una obra que hay que ver. Una pieza que usa el humor y la simpatía para hablar de algo que está ocurriendo ahora y que lleva años, demasiados ya, sucediendo en nuestras vidas. Las mujeres deberíamos dejar de ser coristas para ponernos, de una vez por todas, bajo las luces de los focos. Y todo ello explicado mediante una historia divertida y sorprendente e interpretada por cuatro actrices y una pianista que se comen el escenario y, sobre todo, se comen al público.

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Elia Tabuenca

Filóloga hispánica y periodista digital. Apasionada del mundo del teatro y directora de la cía LetrasConVoz

Un comentario:

  1. He visto varias veces a las Maleantas y en cada representación he disfrutado mucho, porque casi es como un concierto, casi un cabaret…….
    Es verdad que todo es mejorable, hay espectadores que no saben de que va muy bien la obra pero les gusta la música, los bailes, el texto….. Y eso es muy importante… Poder evadirse durante una hora, viendo un espectáculo en directo ( en vivo no queda bien).
    Si te documetas y llegas al hueso de la obra verás que parte de un decreto en tiempos de Azaña y que Franco reforzó con la” Sana intención “de apartar de la sociedad a toda persona ajena a los cánones y principios de la época… Algo muy triste y que estas Maleantas amorosas tratan con tanta gracia, tacto y talento.
    Larga vida a Vagas y Maleantas.

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