Crónica del XXIII Salón del Manga de Barcelona

Me hago mayor y, como no podría ser de otra manera, tengo la recurrente sensación de que tiempos pasados siempre fueron mejores. Después dejo esa creencia infantil y me centro en las novedades del XXIII Salón del Manga de Barcelona: más espacio, más actividades, más asociaciones, más espectáculos… y disfrutamos de la exposición de Tamashii Nations World Tour 2017.

Cuando era pequeña me gustaba visitar el salón para comprarme todo lo que pudiera con el dinero que me habían dado para mi cumpleaños. Lo mejor de todo es que podía adquirir figuras difíciles de encontrar a un precio relativamente decente. Hoy en día es más complicado y si lo encuentras, el precio es exagerado, claro que una ya tiene una edad con responsabilidades muy diferentes a la de una niña de 12 años.

Así es como despues de pasados los años lo que más me gusta del Salón del Manga es ver a niños y niñas con figuras de todo tipo independientemente de su sexo. Es ver a padres e hijos, jóvenes de todas las edades disfrazados y disfrutando de sus aficiones. Quizás los mal llamados -o no- frikis rompen los esquemas y por eso para muchos siguen siendo los -outsiders- del siglo XXI. Y esto no es fácil en una sociedad donde las apariencias siguen estando a la orden del día, véase las redes sociales, pero ellos se quitan la máscara del qué dirán a la vez que demuestran, sin pudores, lo que les gusta y lo viven con total intensidad.

Los asistentes siguen teniendo que vigilar la compra de figuras falsas, la diferencia de precios abusivos en las tiendas para el mismo producto y la reserva de una mesa a la hora de comer, ya que el mobiliario es bastante reducido y las colas a hora punta, obviamente, son largas y tediosas. Este año decidí, después de pedir unos estupendos Takoyakis buscar un asiento libre en la zona gastronómica. Empecé la aventura y pregunté si estaban ocupados los huecos que iba viendo. Así es como me encontré casualmente con una compañera del instituto, quién me lo iba a decir, por aquel entonces la rara que leía manga era yo y mi mejor amiga. Retomando la búsqueda, después de unas pocas palabras un chico me dijo que aunque estaba ocupado uno de los asientos allí cabíamos todos. Así que acabé comiendo junto a dos chicos que conocí ese mismo día y con los que tuve una conversación muy entretenida llena de chistes malos y de reflexiones sobre política muy interesantes.

En estos últimos años hemos podido observar como cada edición se caracteriza por una queja. Anteriormente fueron las colas interminables que llevaron a la venta de entradas por Internet que se agotaron a la velocidad de la luz. Esta vez Ficomic va a tener que enfrentarse a la denuncia de Facua Catalunya por la restricción de accesos y es que a diferencia de como se había hecho hasta ahora el que sale del recinto no puede volver a entrar. La novedad se dio a conocer dos semanas antes, cuando las entradas se estaban vendiendo desde junio, cosa que no les ha parecido nada apropiada a muchos de los asistentes que lo denunciaron.

Para mí esta edición ha sido muy buena. Pero debo destacar que me pasó algo que jamás pensé que iba a ocurrir… Escuché reggaeton a través de los altavoces de una tienda. Horripilada y rompiendo la esfera de mi tierna infancia y del ambiente observé aún más atónita como muchos cosplayers y visitantes bailaban y cantaban la letra. Sorprendentemente la mayoría mujeres. Así que sí, tiempos pasados pudieron ser mejores, pero dejando de lado esta anécdota que me marcará de por vida, ha sido un buen Salón. Desde aquí quiero desearle lo mejor a Carles Santamaría antiguo director de Ficomic que este año tuvo que dejar el cargo por motivos de salud.

Puedes leer la crónica del año pasado, EspectáculosBCN también estuvo, solo tienes que hacer click aquí.

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