Crítica: Ahir de Animal Religion – TNC

Nota 9 de 10

Animal Religion trae a la escena de la sala Tallers, del Teatre Nacional de Catalunya, Ahir. Una obra de circo contemporáneo poética y cargada de un ambiente onírico. Dirigida por Carlota Grau, se presenta más que una performance: un diálogo entre el tiempo y la relatividad, entre el sueño y la vigilia, entre la luz y la oscuridad.

Frente al público, en un halo de humo y bajo una luz suave y amarillenta, Quim Girón interpreta desde lo corpóreo. A su lado, Joana Serra y Joan Cost Ros, aclimatan el ambiente con un juego de luces y sonidos excelentemente montado.

Ahir, más allá del circo contemporáneo

“¿Y si todos los principios y finales fueran oscuros?”, se pregunta nuestro protagonista recto e inmóvil. En esta muestra, el diálogo no se reduce a las cuerdas bucales. El monólogo de Quim Girón es físico, sonoro y lumínico. En otras palabras, no es un monólogo. El espectador nunca está ausente y no puede estarlo, porque cada movimiento lo va guiando entre la negrura y las acrobacias del actor. Un movimiento intenso e intermitente, que logra crear cierto suspense.

Sobre el humo espeso que se asienta en el escenario se proyectan mares, luces rojizas y azuladas. De la mano, se escuchan constantemente pistas trepidantes que parecen haber quedado en bucle y recuerda a la música clásica contemporánea o al minimalismo de Steve Reich o Phillip Glass. Sin duda, lo que reluce de esta performance es su interdisciplinariedad.

Un relato bien montado

Ahir tiene ritmo. Encuentra el equilibrio entre las distintas partes de su relato. Un guion pulcro, directo, reflexivo y narrativo. Un escenario móvil con personalidad. Un actor sobrio en sus movimientos y diálogos que inspiran naturalidad. Un espacio bien acondicionado, donde se puede apreciar bajo cualquier sentido cada pelo y detalle de la obra.

Como todo buen trago, Ahir nos deja con un sabor interesante después de haberla probado. Se trata de un trago bastante existencial, que roza constantemente con el significado de los sueños, de los recuerdos, de la vida misma y el lugar que tenemos al flotar en la inmensidad del universo.

Falta profundizar en algunos conceptos

Sin embargo, su virtud juega en contra, pues de calar en conceptos tan abstractos deja una sensación incompleta. Aunque la obra se cierra de principio a fin, falta algo, quizás un acto que terminara de explicar cómo se relaciona el soñar con la oscuridad o la memoria. Quizás falta texto, ya que, por más de que el arte de las acrobacias intente expresar estas reflexiones, valdría trabajar un poco más la palabra.

Sin querer revelar mucho, Girón comenta durante la obra que el mar es como un espejoentre más profundo vas, más oscuridad hay. Entre más te alejas hacia el universo, hay más oscuridad”. ¿Qué queda en el entremedio? Ahir… un recuerdo y una buena recomendación.


  • Lo que más me gustó: la intensidad del monólogo, la música y las luces.
  • Lo que menos: falta de desarrollo de algunas ideas o conceptos de la obra.

 

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