Crítica: Ahora todo es noche – Teatre Romea

Nota: 9 sobre 10

La Zaranda Teatro nos muestra un mundo que desconocemos, aunque lo tenemos delante de los ojos diariamente. El mundo de aquellas que han quedado fuera de la sociedad, que viven en la calle, que se buscan lugares donde refugiarse y de donde no las echen. Un mundo de personas que “de tanto esperar el mañana, me quedé sin futuro”.

Personas que viven aferradas a la idea de que “esta situación es transitoria” y se arrastran por las calles, y arrastran un carrito o una maleta con toda su vida dentro, y son invisibles. O viven en un mundo que se mueve entre la realidad y la fantasía, donde todo es posible porque “el teatro nunca muere, y si el teatro no muere, los personajes no mueren”.

La Zaranda en “Ahora todo es noche” consigue recrear ese mundo en el escenario con pocos elementos: unos carritos, unas maletas, ropa, unos cubos de basura… y con todo eso, recrea diferentes escenarios por donde se mueven los tres personajes.

Enrique Bustos, Gaspar Campuzano y Francisco Sánchez se convierten en esos personajes invisibles, encorvados, que arrastran los pies, con caminar cansado, con voz quebrada. Unos personajes que, en algún momento, parece que vuelven a la luz, se nos hacen visibles bajo un foco brillante, para dejarnos oír su voz y explicarnos sus esperanzas.

“La lucha está perdida, pero tenemos por lo que luchar y tenemos por lo que sufrir […] en este escenario pueden seguir vivas las llamas de nuestros sueños”. La iluminación es oscura, como las vidas de estos tres personajes. Solo el foco brilla cuando gritan sus sueños. La música es una ironía más, una vuelta de tuerca sobre esos personajes tristes: “Quién será”, un cha-cha-cha luminoso en un mundo oscuro.

En “Ahora todo es noche” nos encontramos con un texto muy duro, que nos hace abrir los ojos ante una realidad que nos incomoda y no nos gusta. La Zaranda no se ahorra detalles, no suaviza las situaciones. Nos obliga a mirar y nos obliga a ver.

Unas interpretaciones fantásticas que merecen el gran aplauso que reciben.

“Me ha mordido la pobreza, me ha mordido el hambre, me ha mordido la burocracia… nos han mordido de tantas maneras…” … “Hasta que, de pronto, te pasa a ti”


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