Crítica: España ingobernable

Puntación 8 sobre 10

La España que no se somete, la España indomable, ¿os suena? Esa que se quiere gobernar a sí misma y no se doblega ante los que mandan, es la que describe Alberto San Juan en España ingobernable, en Teatre Romea de Barcelona, acompañado por la guitarra de Fernando Egozcue.

Una serie de poemas y textos de diferentes autores, incluso alguna copla, son el eje vertebrador de esta propuesta. Poemas de Lorca, de Miguel Hernández, canciones de Serrat, de Albert Pla, poemas de Gloria Fuertes, una copla feminista de Concha Piquer, son algunos de los ejemplos de rebeldía, que intercala San Juan con fragmentos de la Historia de una España, indignada, hambrienta y humillada durante siglos.

Por el desfilar de los tiempos, también se escuchan las voces de los opresores, como la del general Mola, o Queipo de Llano, incluso del propio Franco, voces que por desgracia nos recuerdan que los momentos que vivimos, no están tan lejanos a esos que se narran.

La intimidad y la gran sensibilidad, a la par que rebeldía, que se crea en el ambiente con el público del teatro, es lo que destacamos positivamente del espectáculo. La narración de acontecimientos históricos, se hace amena, de hecho, San Juan cuenta con unos apuntes, debidamente preparados en un escritorio, al cual se acerca de tanto en tanto, (y tomándoselo con humor) para recordar fechas, ya que el recorrido histórico engloba, desde las primeras movilizaciones campesinas comuneras, hasta nuestra más candente actualidad. Sin embrago, no es un aburrido recitar de fechas y datos, pues se intercalan poemas y canciones, que nos sitúan en el contexto histórico y social narrado.

Algunas canciones, himnos de toda una generación, fueron a penas susurradas por el público, entre temerosas y casi desconfiadas, tal es la realidad que vivimos.

La letra de Paraules d’amor de Serrat, conmovió a gran parte del público, de hecho nadie quedó indiferente a los poemas y canciones que se escucharon. Hubo también momentos de humor, como con la canción Majestad de Albert Pla, momentos tiernos, momentos incluso sensuales, como con el poema de Lorca La casada infiel, en los que San Juan, se nos desvela tal y como se refleja en esta obra, luchador, sensible, inquieto y por supuesto, ingobernable.


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