Crítica: Confessions de dones de 30

Crítica de Ester González 

Nota 9 sobre 10

Se abre el telón en el Club Capitol Les Rambles y aparecen tres actrices de mediana edad. Cada una de ellas inicia un monólogo en el que se nos explica en clave de humor y con mucha retranca, cómo se hace para ser mujer, llegar a una cierta edad y como apostaba el título de la homónima película, no morir en el intento. Y es que al traspasar la barrera de los treinta años, la presión social, exige que las mujeres tengan pareja estable, trabajo estable y una familia. ¿Pero qué pasa una vez se traspasa ese límite cronológico y se convierten en maduritas de “treinta y diez” o más años sin haber cumplido esos objetivos? ¿Qué papel tienen los hombres en sus vidas entonces?

La respuesta la tienen estas tres mujeres que protagonizan Confessions de dones de 30 que sin pelos en la lengua, nos van desgranando sus experiencias con los hombres, sus fracasos, sus ilusiones y sobretodo su amistad. Se toman a cachondeo los años que tienen, los pelos, las arrugas y las partes del cuerpo que cuelgan, y reivindican a una mujer madura, que se ríe de sus propios defectos. En cuanto a las relaciones con los hombres, ahora ya no serán las que se dejen “llevar al huerto”, ahora son ellas las que los llevarán a ellos.

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En un momento de la función, se cae el plafón de terciopelo que separa la parte del escenario de un supuesto camerino, y allí empezaremos a conocer a fondo a estas tres actrices que nos han representado los monólogos del principio. Son tal cual como se representan, tres actrices valientes (hay que tener mucha valentía para reírse de uno mismo) y maduras que disfrutan conectando con el público, haciéndolo reír hasta soltar lágrimas. Su vida, no es perfecta, pero sí es, sin duda auténtica.

Nos ha gustado la segunda parte de Confessions de dones de 30 más que la primera, ya que los monólogos son muy divertidos pero el formato quizás está demasiado manido. La segunda parte, en la que dialogan entre ellas y con el público desde el camerino, nos ha parecido una apuesta muy original: se consigue una buena complicidad con el público y es cuando lucen sus interpretaciones más hilarantes.

Los monólogos y los diálogos son llevados a buen ritmo, no se hace nada pesada, al contrario, te quedas con ganas de ir con ellas a tomar una copa, tal es el punto de complicidad al que se llega. Y no solo es del gusto de chicas o señoras, vimos al público masculino desternillarse de risa.

El decorado, no es ciertamente nada particular, apenas unos muebles viejos que hacen de camerino, unos plafones de terciopelo rojo que lo cubren y una burra llena de ropa al fondo. Lo que menos nos gustó fue que se incluyera como parte del decorado del camerino a una actriz sustituta, que hacía de actriz “friki y trepa” y que apenas hizo unos gestos, actuando poco más que de maniquí de attrezzo. No nos cuadra en una obra en que se reivindica a la mujer que se cosifique a una, por mucha actriz sustituta que sea.

Confessions de dones de 30 no defrauda, Meritxell Huertas, Anabel Totusaus, y Ota Vallès nos hicieron reír “a tope”, con su frescura, su descaro y su espontaneidad. Vale la pena no perdérselas.

  • Director:  Edu Pericas
  • Actrices: Meritxell Huertas, Anabel Totusaus, Ota Vallès

Elia Tabuenca

Filóloga hispánica y periodista digital. Apasionada del mundo del teatro y fundadora de espectáculosBCN y la productora teatral Laberinto Producciones

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