Crítica: La casa de les aranyes – Teatre Nacional de Catalunya

Valoración: 6 de 10

La casa de les aranyes es una producción conjunta entre el Teatre Nacional de Catalunya y l’Institut Valencià de Cultura de Pazo Zarzoso y dirigida por él mismo junto a Lurdes Barba que a partir del 22 de enero podrá verse en el mismo TNC hasta la fecha del 9 de febrero. El elenco de actores y actrices con los que cuenta son: Verónica Andrés, Francesc Garrido, Àgueda Llorca, Rosa Renom, Pep Ricart y Santi Ricart.

La obra nos cuenta la historia de los habitantes de una zona bastante solitaria situada a orillas de un pantano donde se alzan dos casas: la casa de las arañas y la casa de las dalias. El clima de la comarca se vio afectado con la construcción de la presa hidráulica y desde entonces el lugar está prácticamente olvidado a excepción de algunos vecinos.

Los habitantes viven obligados a luchar con esa soledad y con la complicidad de las historias que les unen por la zona. Se trata de un drama donde la desolación de cada uno de los personajes les consume y destruye así como al relacionarse los unos con los otros, se reavivan las cicatrices del pasado. 

La casa de les aranyes, dramatismo exagerado

El inicio de la La casa de les aranyes es bastante intrigante, presenta una chica joven que convive con sus padres en un lugar desolado, en la casa de las dalias, y que se siente prácticamente incapaz de continuar viviendo allí, consumiéndose y perdiendo toda su libertad y juventud.

El personaje mantiene un diálogo con uno de los habitantes de la desolada casa de las arañas, que llega de nuevo durante la noche, enseguida nos damos cuenta que algo está pasando y de que algo esconde el misterioso personaje. Por desgracia, bajo mi punto de vista, la sensación de intriga se pierde conforme avanza la historia y se convierte en un dramatismo exagerado.

Los diálogos comienzan a hacerse repetitivos, las frases parecen decirse de forma forzosa sin responder a ninguna realidad, la intensidad no desaparece en ningún momento y resulta monótono. No parecen diálogos reales con los que se pueda empatizar sino más bien monólogos internos llenos de diferentes emociones mezcladas dichos en voz alta en unas conversaciones que con tantos silencios forzados -que a mi parecer no ayudan a crear intriga o pasión- se convierten casi en un culebrón y pierden el hilo que debería enganchar esos sentimientos con la realidad: hacerlos, en definitiva, humanos y no dramáticos.

Si la cuestión fuera que los personajes muestran características teatrales en su personalidad, por decirlo de alguna forma más clara, que tienden a exagerar, fingir, o ser muy dramáticos, se entendería, pero no creo que sea el caso.

Los personajes se encuentran siempre en el mismo punto, no hay evolución

Los personajes parten de un estado de desolación que ya les está consumiendo, la forma en que les conocemos es ya en cierto punto de una crisis, sin embargo, esa crisis parece estar siempre en un nivel muy alto de intensidad, tanto, que impide ver una evolución final, un cambio, un crecimiento o por el contrario una decaída. Los personajes dan la sensación de encontrarse siempre igual, dentro de un mismo tono de voz apasionado que aunque estén hablando sobre un sentimiento de indiferencia, este, no puede reconocerse.

Es una obra donde debes situarte ya en un punto álgido de emoción después de la primera escena y continuar así todo el rato, con el riesgo de que la función acabe resultando monótona y vacía de sensaciones nuevas, tal vez es lo que me pasó a mí. Por otra parte, los actores hacen un gran trabajo interpretativo ya que requiere de mucho control estar siempre tan arriba sin desbordarse del todo.

Lo mejor: una escenografía preciosa acorde al contexto

Lo que más me ha gustado de La casa de les aranyes ha sido, sin duda, la escenografía. El decorado es perfectamente acorde al contexto de la historia que se nos explica. El humo que recuerda a la niebla, la sensación de humedad característica de los pantanos, los sonidos, la llegada del frío, la casa y su ambiente cálido que incita a la conversación entre los personajes y a contarnos todos sus secretos y, que además, puede moverse y ocultarnos una parte u otra según la escena en la que nos encontramos, situándonos mucho mejor.

El escenario respira un aire nostálgico, melancólico y misterioso que nos transporta al lugar donde los protagonistas habitan. Es prácticamente imposible no caer preso de la sensación de soledad y misterio que envuelve el pantano, casi sin darte cuenta, pasas tú también a ser uno de los lugareños y a permanecer bajo el embrujo que desprende la casa de las arañas.

En conclusión…

La casa de les aranyes es una obra bella de ver -tanto a nivel de vestuario como de efectos y escenario- con bastante intensidad y en la que hay que ir preparado para sumergirse de pleno en el drama. A mi parecer, las reflexiones quedan bastante superficiales, los diálogos están llenos de un dramatismo exagerado que impide empatizar y acaba resultando monótono.

Sin embargo, es interesante la cuestión que ponen sobre la mesa: la vida de todos aquellos habitantes que han quedado atrapados en pueblecitos casi desolados siendo consumidos por ellos mismos y por las tóxicas relaciones con los demás. Si lo analizas desde este punto de vista, la obra es interesante como argumento e idea reflexiva, pero la forma en que se lleva a cabo mediante sus diálogos, no me ha convencido.


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