Crítica: El laberinto mágico de Max Aub

Nota. 8.5 sobre 10

No hay mejor momento para que una obra comoEl laberinto mágico” de Max Aub llegue a Barcelona.

En esta pieza de 2 horas de duración nos adentramos a ver relatos sobre la Guerra Civil española distribuidos en diferentes episodios del conflicto. desde el 1936 y hasta, su fin, en el 1939. Durante este lapso de tiempo nos movemos por diferentes partes del territorio español de mano de los republicanos, el bando que había ganado las elecciones y que, de pronto, se vio atacado por un grupo procedente del norte de África. las tropas lideradas por Francisco Franco.

Digo que no hay mejor momento para que “El laberinto mágico” llegue a la ciudad condal porque, actualmente, estamos viviendo una situación que tiene algunos símiles con la situación que vivimos actualmente: los enfrentamientos entre los ciudadanos por motivos, exclusivamente, ideológicos. 

La obra de teatro que llega al Teatre Romea se basa en la Guerra Civil, sí, pero lo que nos ofrece son diferentes retratos de situaciones cotidianas y habituales que se vivía durante dicha época para que, así, finalmente lo que terminemos viendo sea un análisis del ser humano puesto en una situación tan crítica y extrema con la de una guerra: amor, miseria, amistad, miedo, valentía, autodefensa, protección, lucha… Todo estas emociones y sentimientos van apareciendo sobre el escenario para, así, demostrarnos que, como bien dice el título, el ser humano es un “laberinto mágico”, lleno de caminos, de curvas, de lugares que no llevan a ninguna parte…

Max Aub, el prolífico escritor español, es el autor de esta obra que, ahora, llega a la ciudad condal bajo la dirección de Ernesto Caballero, conocido dramaturgo contemporáneo que, con esta adaptación, vuelve a demostrar por qué su nombre es uno de los imprescindibles. Y es que la dirección de “El laberinto mágico” es impecable. De verdad. El juego de luces, de silencios, la presentación de los personajes, la frialdad con la que a veces se narran los hechos, una frialdad implacable que nos deja con el corazón en un puño porque es la realidad tal cual, sin tapujos, sin florituras. Los cambios de escena también son muy originales, sobre todo aquel en el que los amantes besándose se quedan convertidos en estatuas, ¡chapó!

Sobre el escenario se ve un manejo total de los elementos escénicos y teatrales a los que se exprime al máximo para que puedan formar parte activa de la obra y contribuir en su desarrollo. Nada sobra, nada está de más. En “El laberinto mágico” todo está perfectamente encajado.

Entonces, ¿por qué le he puesto un 8.5 de nota? Con lo que llevo explicado hasta ahora, esta obra merecería un 10 pero, la verdad, es que el elenco de actores no creo que esté a la altura del espectáculo que fuimos a ver. En general, a la interpretación le falta energía, le falta verdad.

Asistimos, como ya hemos dicho, a diferentes escenas acaecidas durante los años de la Guerra Civil y, creemos, que al hacer una obra separada por escenas, se ha apostado mucho por el contenido y la presentación de la misma pero poco por la explosión de las actuaciones. No es que los actores estén flojos sino que en sus exposiciones falta “verdad”, falta sentimiento. Hay escenas, como el monólogo del hambre, que podrían erizarnos la piel pero, tal y como están interpretadas, quedan vacías, banales.

“El laberinto mágico” es una obra intensa, sobrecogedora, capaz de erizarnos la piel y de hacernos llorar desde el primer minuto (literalmente). Un análisis sobre el ser humano puesto en una situación de máxima extremidad y que, es aquí, cuando podemos verlo en toda su esencia: con sus virtudes y con sus defectos.


Elia Tabuenca

Filóloga hispánica y periodista digital. Apasionada del mundo del teatro y fundadora de espectáculosBCN y la productora teatral Laberinto Producciones

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