Crítica: Shenzhen significa infern – La cruda realidad escupida a la cara

Nota: 9 sobre 10

En el Teatre Tantarantana podemos volver a ver una de las obras que triunfaron en el Grec 2018 y que, debido a su éxito, vuelve a estar en cartelera solo durante este mes de septiembre. Es un monólogo teatral defendido de forma sublime por Sandra Monclús y que rompe la cuarta pared con el público para contarnos una historia de la que todos y todas formamos parte.

“Shenzhen significa infern” es una obra de teatro que, desde el principio, sorprende. La disposición del escenario ya inquieta al espectador que no sabe muy bien qué es lo que va a encontrarse durante los 70 minutos de función… Y lo que se encuentra no es nada más que la cruda realidad escupida a la cara, una realidad de la que todos formamos parte y en la que todos participamos.

“Shenzhen significa infern” una obra que denuncia las penosas condiciones laborales

En el mundo en el que vivimos, el trabajo se ha convertido en, algo así, como nuestro bien más preciado. Parece que tengamos que dar las gracias por tener un empleo precario y mal pagado porque, si no lo tenemos, ¿qué será de nosotros? Vivimos en un mundo en el que el capitalismo extremo es el amo y señor de todos nuestros movimientos y, este amo, nos tiene bien cogidos, bien atrapados, bien asfixiados.

En “Shenzhen significa infern” asistimos a una muestra muy visual y directa de la precariedad laboral en la que vivimos y del abuso de poder que tienen las grandes empresas. Una mujer hará una entrevista a cuatro trabajadores de una fábrica de Shenzhen, el objetivo es terminar la reunión con uno de ellos despedido y otro con el suelo doblado, los demás, seguirán como siempre.

La manipulación psicológica, el juego verbal y la lucha de poderes son los elementos que aparecerán sobre el escenario para demostrar que, una vez más, quién tiene el poder es siempre el de arriba, el invisible, el que no se ve.

Sandra Monclús borda su interpretación

Durante poco más de una hora, esta actriz se come el escenario. Su presencia escénica es brutal y nos hace adentrarnos en una vorágine de emociones que van del orgullo a la vergüenza, de la vergüenza al miedo y del miedo a la humillación. Y todo ello sin borrar la sonrisa de la cara.

Una actuación impecable que hace que los espectadores entren en la obra y sientan que, todo lo que está ocurriendo, está pasándoles a ellos mismos. Se consigue crear una fuerte empatía y , al final, el público no puede romper esa conexión que se ha creado y que realmente existe entre él y el trabajador al que están examinando.

“Shenzhen significa infern”, una propuesta necesaria y sorprendente

Lo más destacado de “Shenzhen significa infern” es que se trata de una pieza rompedora. Con pocos elementos escénicos, consigue romper la narración habitual y hacer que el público se sienta dentro de la obra. La manipulación mental a la que no sentimos expuestos hace que estemos incómodos en nuestros asientos y que sintamos, realmente, la tensión que se está generando en la trama.

Una pieza que, realmente, sorprende y que lanza una voraz crítica a una realidad que ya lleva años formando parte de nuestra vida: nosotros, los trabajadores, no somos más que peones en un mundo en el que la humanidad se ha perdido y en el que tan solo interesas por lo que produces. Nada más.


Elia Tabuenca

Filóloga hispánica y periodista digital. Apasionada del mundo del teatro y fundadora de espectáculosBCN y la productora teatral Laberinto Producciones

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