Crítica: Tecnomagos

Nota 6 sobre 10

Si el ilusionista Houdini levantara la cabeza, se sorprendería al ver la tecnología que sin darnos cuenta, nos rodea constantemente: las tabletas, los móviles inteligentes, los ordenadores, las redes sociales, los GPS, etc. Magia tecnológica en estado puro, al alcance y disposición del ilusionista que se atreva a utilizar estos nuevos instrumentos, y como buen ejemplo de ello, tenemos a los jóvenes magos Xavi Cabezas y David Riudor, y su espectáculo Tecnomagos #wecanhackyou, que podemos ver actualmente, en el teatro Borràs de Barcelona.

Estos dos magos, llevan tiempo haciendo magia corporativa, colaborando en eventos para empresas multinacionales, tales como presentaciones de nuevos productos y otros eventos, de hecho Xavi (22 años) está titulado en publicidad y mercadotecnia y David (21 años) es ingeniero de telecomunicaciones.

Lo primero que nos sorprende del espectáculo de Tecnomagos es la aparente simplicidad y la sencillez de la escenografía, ya que apenas se utilizan trucos con aparatos grandes y efectistas. Con una simple tableta, o una pantalla de televisión, van a interactuar con el público, a través de los propios móviles de los espectadores o de una aplicación creada por ellos, a tal efecto.

Los suyo es la magia de cerca, aunque en vez de la clásica baraja Bicycle o 505, a la que nos tienen acostumbrados la mayoría de los magos, utilizan un móvil inteligente, gafas de realidad virtual o la famosa Wikipedia.

Se relacionan bien con el público, aunque todavía no con la soltura deseable y atraviesan la cuarta pared cuando creen necesario, añadiendo bromas y algún que otro chiste, y hasta una efectista coreografía con luz láser, que nos pareció muy original. La función es bastante dinámica y está ambientada con música electrónica, quizás en ocasiones algo estridente.

Destacamos también a los ayudantes, sigilosos, vestidos informalmente de negro y con la cara tapada por una capucha, simbolizando sin duda, el mundo hacker.

En Tecnomagos nos impactó el truco de mentalismo, al más puro estilo Uri Geller, que dejó al público y a la voluntaria que subió al escenario, sorprendidos gratamente.

Como colofón final, nos deleitaron con un clásico del escapismo, esta vez, sin involucrar a las nuevas tecnologías, demostrando que la “Tecnomagia” que ellos practican, no está reñida con los trucos clásicos, que el público está acostumbrado a aplaudir.


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