Llega Mejor no decirlo al Teatre Goya, uno de esos duelos interpretativos que, de entrada, ya prometen llenar la sala: Imanol Arias y María Barranco.
Mejor no decirlo cuenta con la dirección de Claudio Tolcachir y es una comedia en la que público se convierte en el testigo de la vida de un matrimonio. Pero, ¿qué pasa cuando se decide decir todo, absolutamente todo?
Índice
ToggleMejor no decirlo: escenas a modo de debate de temas actuales
Mejor no decirlo no es una obra de teatro al uso, sino que nos encontramos ante una sucesión de escenas donde se plantean los grandes temas que queman hoy en día: feminismo, aborto, ecología, ideología política o identidad de género.
Debido a esta forma, el ritmo de la propuesta es bastante dinámico: pasamos de escena por escena, siendo testigos de las diferentes maneras de pensar de los dos protagonistas y asistiendo a un debate intelectual que, hoy en día, abunda en nuestra sociedad.
Por un lado, tenemos al personaje de María Barranco, que encarna la sinceridad más descarnada, sin pelos en la lengua. Por el otro, Imanol Arias opta por una actitud mediadora y prudente, casi pasando por la vida de puntillas para no herir a nadie.
La dictadura de la opinión
Uno de los puntos más interesantes de Mejor no decirlo (y que, para mí, tendría que haber tenido más protagonismo) es la pregunta: ¿Tenemos la obligación de tener una opinión formada sobre absolutamente todo? La obra nos plantea la posibilidad de si nos podemos permitir el lujo de no saber qué pensar, pero enseguida vuelve al tema principal de la propuesta: el de las “falsas verdades”.
Aquí es donde el mensaje se vuelve un tanto confuso. Mientras que él se retrata como alguien que debe aprender a ser sincero, ella se presenta como el modelo a seguir, a pesar de que su actitud de “soltar lo primero que le pasa por la cabeza” no tiene en cuenta las consecuencias. Falta, tal vez, una reflexión más profunda sobre el hecho de que la verdad, para ser constructiva, también necesita respeto y cuidado. El personaje de ella queda un poco plano, sin un arco narrativo claro, como si su opción fuera la “mejor” por defecto, una premisa que contradice un poco el espíritu de la sinopsis.
Dos “tablas” sobre el escenario
En cuanto a las interpretaciones, el duelo está servido:
- Imanol Arias sorprende con una vis cómica muy bien perfilada y una naturalidad muy fresca.
- Por su parte, María Barranco fue de menos a más. A pesar de un inicio algo más controlado y rígido (seguramente fruto de los nervios del estreno), la actriz acabó ocupando su lugar en el escenario.
Mejor no decirlo es, en definitiva, una obra que cumple su función de entretener, pero que no abre caminos nuevos ni sorprende especialmente. Es un debate a dos voces sobre cómo vivimos y cómo nos miramos, que toca temas actuales según el género o la clase social, pero con un guion que peca de simplista.
Una obra “pasable” para disfrutar de dos grandes actores, pero que se queda en la superficie de lo que podría haber sido una crítica social mucho más feroz.
- Lo que más me ha gustado: Ver a dos grandes de la interpretación trabajando juntos y en directo en escena.
- Lo que menos me ha gustado: El guion es muy simple, no profundiza en nada y se mete en temas cada cual más polémicos. El final, además, es muy previsible…











