Crítica: En Llamas – Sala Ón

en llamas sala on

4 out of 5 stars (4 / 5)

“Eres una mujer con un hombre dentro mirando a una mujer. Eres tu propio voyeur”, decía Margaret Atwood, muy sabiamente, como suele hacerlo.

Elia Tabuenca toma estas palabras en serio para construir un personaje con múltiples capas – ideal para visitar ahora que nos empieza a acechar el frío en la ciudad – y lo planta en medio del escenario de la Sala Ón para su espectáculo En Llamas. Solo nos queda escuchar su historia, y esperar salir sanos y salvos de sus tendencias pirómanas… ¿o quizá nos atrevemos a prender fuego también?

Los roles de género En Llamas

Las discusiones sobre los roles de género han existido en el mundo de la creación artística – con perspectivas cambiantes, esto es claro – desde tiempos inmemoriales. Aun así, En Llamas, con su pequeño formato de historia monologada, y por la plena utilización de sus recursos – tanto los pequeños incisos audiovisuales, como la pluralidad de la actriz misma – presenta un enfoque original sobre el tema.

Dirigida por Elia Tabuenca, y con una interpretación de Aileen Celeste digna de los aplausos, En Llamas utiliza la imagen del fuego, destructor y regenerador a la vez, para escenificar el fuerte impacto sobre una mujer de los roles sociales de género – imagen sugerente del feminismo desde su vínculo con las cazas de brujas hace más de tres siglos.

Utilizando varios simbolismos muy claros y sencillos de entender, Aileen Celeste encarna a una protagonista víctima tanto de juicios externos, como de ideas interiorizadas de tal forma que llega a confundir discursos y expectativas propias e impuestas.

La chispa que enciende el cuestionamiento

Quien busque una obra que deshuese completamente el concepto de género y explore a fondo el no-binarismo, de forma similar a las conversaciones sobre el género más rompedoras y jóvenes, seguramente no encuentre muchos aspectos nuevos a aprender de En Llamas. No obstante, esto la hace una pieza muy accesible para todo tipo de gente, y que da mucho que pensar a todo aquel quien quiera explorar el tema sin miedo a perderse por el camino.

La obra es capaz de remover la mente de cualquier madre o prima que no haya leído a Judith Butler, Audre Lorde, Hélène Cixous o bell hooks, sin caer en clichés anticuados de girlboss-ismo, pero también hay elementos a leer entre líneas en sus doppelgängers y crisis de identidad para cualquiera con un ojo entrenado a detectarlos. El resultado se adapta muy bien al tiempo limitado de la obra, sin dar la sensación de sobrecarga de información ni conferencia de la universidad.

La interpretación de Aileen Celeste merece también mención. Con una energía que no hace que aumentar a lo largo de la obra, Celeste es capaz de apropiarse el texto para sumergir al espectador de lleno en su historia. Pese a la multiplicidad de personajes, la temporalidad no lineal y los saltos en el tiempo, la actuación se mantiene fuerte en todo momento, y es capaz de presentarlo todo de forma clara y diferenciada.

El resultado es una obra entretenida, con una dimensión simbólica capaz de transmitir un mensaje claro, aunque no llegue a adentrarse completamente en un cuestionamiento del género más abstracto y complejo. Una interesante chispa para el cambio, en la Sala Ón.


  • Lo que más me ha gustado: encontré muy acertada la forma en la que se presentan conceptos como la misoginia interiorizada, especialmente teniendo en cuenta la dimensión limitada de un monólogo. También es encomiable la capacidad de Aileen Celeste de encarnar la idea.
  • Lo que menos me ha gustado: las elecciones musicales me parecieron mejorables en algún momento, y las transiciones un tanto bruscas pueden distraer del curso de la historia.

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