¿En qué momento volvimos a la época en la que alguien, desde una butaca de mando, decide qué podemos ver y qué no? Lo que ha pasado este fin de semana en Collado Villalba no es solo un “incidente”: es un síntoma alarmante de una enfermedad que creíamos superada: la de la censura.
La escena parece sacada de una distopía cutre: una concejala de Mujer (irónicamente) irrumpe en un monólogo satírico sobre la realidad femenina para decir que “hasta aquí hemos llegado”. La obra, Ser mujer, de Susana Pastor, estaba ahí para incomodar, para cuestionar, para ser libre. Porque, queridas y queridos, el arte que no molesta a alguien, rara vez es arte.
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ToggleEl derecho a la “ofensa” vs. el derecho a la libertad
Dice la edil, Noelia R. Díaz Vaca, que la obra era una “falta de respeto”. ¿A quién? ¿A su visión estrecha de lo que significa ser mujer? ¿A un canon de comportamiento que el feminismo lleva décadas dinamitando?
Lo que resulta una falta de respeto absoluta hacia la profesión, hacia el público que llenaba el teatro y hacia la democracia misma es creer que estar en un cargo público te da el derecho de subir a un escenario a silenciar a una actriz.
El teatro es un espacio de debate, de espejo social, y si lo que ves no te gusta, tienes todo el derecho del mundo a levantarte e irte. Pero no tienes el derecho de apagar las luces para los demás.
“Eso es la vida real. No tiene usted derecho a interrumpir”, gritaba un espectador. Y cuánta razón tenía. La vida real duele, pica y, a veces, se ríe de lo sagrado.
¿Hacia dónde vamos como sociedad?
Desde Espectáculos BCN nos preguntamos: ¿Qué clase de cultura quieren construir? Si permitimos que el criterio moral de un político se imponga sobre el criterio artístico de una creadora, estamos cavando la tumba de la libertad de expresión.
Hoy es un monólogo feminista por el 8-M; mañana será una crítica social, una sátira política o cualquier discurso que se salga de la “norma” del partido de turno.
La dimisión de la concejala era el único camino digno tras semejante espectáculo, pero el daño ya está hecho. El mensaje que se envía es peligroso: “Te programo, pero solo si dices lo que yo quiero oír”.
Cultura libre, siempre
No podemos dar ni un paso atrás. La cultura debe ser accesible, plural y, sobre todo, indomable. Susana Pastor, desde aquí te aplaudimos más fuerte que el público de esa sala. Porque Pilar, tu personaje, representa a todas las mujeres que se niegan a ser silenciadas cuando el guion no le gusta al poder.
Señores políticos: dejen el teatro para los profesionales y la libertad para la ciudadanía.











