Rodrigo Cuevas en Barcelona: Una oda al folclore, la libertad y la “pluma”

Cuando Rodrigo Cuevas era niño pidió un teclado Casio y le trajeron uno “para tocar música seria”. Así que empezó su formación de conservatorio en Oviedo y también pasó por la ESMUC de Barcelona (estudiando piano, tuba y sonología). Todo ello, sentó las bases técnicas de lo que es hoy.

Sin embargo, su verdadera revelación ocurrió en una pequeña aldea de Galicia. Allí, viviendo entre vecinas pandereteiras, descubrió que el folclore es un ser vivo, y que conecta a los seres humanos sin entender de fronteras. Desde entonces, Cuevas se ha dedicado a “rondar” la canción tradicional con la electrónica, el humor y la crítica social. E, incluso, se ha alzado con el Premio Nacional de las Músicas Actuales en 2023.

Ahora, tras más de 100 conciertos por todo el mundo, regresa con La Belleza, un álbum que busca lo bello en lo cotidiano y lo auténtico, y que cuenta con colaboraciones que van desde Massiel hasta Ana Belén.

El Sant Jordi Club se rinde al cabaret de Rodrigo Cuevas

Anoche, el Sant Jordi Club acogió el estreno de una fantasía escénica. La puesta en escena fue impresionante: el escenario se concibió como un espacio íntimo, una habitación personal con su tocador y su biombo donde se cuida la “belleza” de verdad, la que ocurre cuando nadie mira.

Cuevas realizó hasta cuatro cambios de vestuario. El momento culminante fue su aparición envuelto en plumas blancas, una defensa de la “pluma” como identidad, como la presencia de lo femenino y como herramienta de libertad.

Las coreografías reivindicaban una belleza auténtica, alejada de la artificialidad y el postureo. Rodrigo nos devolvió a la esencia del pueblo, a la dignidad de “la señora”, y apostó por fusionar el folclore con la sensualidad de los antiguos cabarets del Paral·lel.

Coreografías de raíz frente al “postureo”

Lo que vimos anoche fue un despliegue de coreografías que funcionaban como fotografías escénicas. Pero lo más relevante fue el concepto: una oda a la belleza auténtica. Cuevas lanzó un dardo directo a la estética del “postureo” que inunda festivales como Coachella; su belleza es la de verdad, la de la raíz, la del pueblo, la de la señora que ha sostenido la cultura durante siglos.

Rodrigo defendió lo folclórico con un toque moderno sin perder ni un gramo de autenticidad a través de un viaje que repasó su nuevo álbum pero que también nos deleitó con los temas de siempre. Es la voluntad de un artista que sabe que para ser universal hay que ser, primero, local.

El discurso en catalán

Si algo terminó de meterse al público en el bolsillo fue su compromiso con la identidad. Cuevas es un asturiano que defiende su tierra y su lengua, y demostró el mismo respeto por la cultura catalana haciendo todo su discurso en catalán. Fue una muestra de sensibilidad y coherencia política: quien ama su raíz, respeta la del vecino.

Un homenaje a las cabareteras y las divas

Su mensaje propone que huyamos de la artificialidad para volver a los cabarets del Paral·lel, a aquellas cabareteras y divas que rompieron moldes para mostrar su sensualidad y libertad cuando la mujer estaba relegada al plano doméstico.

Anoche, la defensa de la identidad del pueblo y de lo femenino se convirtieron en los pilares de un Sant Jordi Club que Rodrigo Cuevas transformó en su propio cabaret.

Cuevas ayer nos recordó que la verdadera belleza reside en la libertad, en el humor y en la memoria de los pueblos.

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