Crítica: Dopaland – Sala Fènix

Cartelera teatro Barcelona

4.5 out of 5 stars (4,5 / 5)

Eu Manzanares presenta Dopaland, una obra con tintes cómicos que lanza una crítica sobre la corriente positivista en la que las risas y las nubes de algodón intentan tapar las desigualdades y la crudeza de la vida. Sergi Pompermayer dirige esta pieza protagonizada por Anna Castells y Felipe Cabezas que se puede ver durante el mes de noviembre en la Sala Fénix.

Dopaland, una comedia satírica sobre el capitalismo de la felicidad

Dopaland es un nuevo parque temático que se ha inaugurado en lo que, antiguamente, era un barrio marginal de una ciudad cualquiera. Un parque pensado para que el mundo sea más bello, para crear a personas más felices y para ofrecer atracciones que lo que hacen es generar dopamina: el laberinto de las cosquillas, desfiles de la felicidad, el momento de los abrazos… Todo parece fantástico y fenomenal, ¿verdad? Pero, al fin y al cabo, Dopaland no deja de ser un parque temático. Y, como tal, su objetivo está claro: aumentar las ganancias y conseguir más y más clientes satisfechos. A costa de lo que sea.

La historia de Dopaland comienza en una sala de color rosa, donde hay bebidas azucaradas, nubes de algodón y palomitas. Una sala pensada para mantener la calma de los trabajadores, para recuperar la alegría y eliminar cualquier rastro de negatividad o estrés que pueda haber surgido. Porque en Dopaland no hay cabida para estos sentimientos que están cargados de connotaciones negativas; en Dopaland solo hay hueco para la magia, las sonrisas y la alegría. Aunque sean de plástico.

Un trabajador de este parque temático ha tenido una pequeña crisis mientras actuaba y la encargada de personal lo lleva a esta sala para intentar reconducir la situación. La conversación entre ambos personajes comenzará a ser cada vez más descarnada hasta que esa falsa felicidad se trunque y acabemos viendo, realmente, lo que se esconde tras la máscara.

Muy buenas interpretaciones que saben aguantar el ritmo de una escena continua

En Dopaland el tiempo escénico condice con el tiempo de representación. Toda la obra transcurre en la misma escena en la que intenta resolver ese «conflicto inadmisible» que ha ocurrido en el parque de la felicidad. La tensión se mantiene en todo momento y va in crescendo gracias a la buenísima sintonía entre Felipe Cabezas y Anna Castells.

Ella, la supervisora, es la encarnación de Dopaland, una persona con una sonrisa permanente, paciente, respetuosa y con ganas de solucionar las cosas y comer galletas con chocolate. Por contrapartida le tenemos a él, el trabajador que se pone bajo el disfraz del Panda, un trabajador que ha vivido una experiencia desagradable durante su jornada laboral. Un trabajador que, como tal, trabaja a cambio de dinero, que se desmarca de toda la filosofía de la empresa y que cumple con su trabajo de forma responsable, pero sin vínculos emocionales. Y eso, en Dopaland, no gusta.

Las nuevas filosofías empresariales en las que se crea del trabajo un lugar divertido, de amistades y «buenrollismo» constante para que el trabajador esté así: dopado. Porque los de arriba, lo que mandan, siguen cobrando cantidades ingentes de dinero a cambio de tener a sus empleados explotados, pero eso sí: con talleres de risoterapia, room escape y cenas temáticas cada dos por tres. ¡Porque con una sonrisa es más fácil pisotear a la gente!

Ese es el mensaje que transmite Dopaland: ese mundo artificial de sonrisas y simpatiquisimos que ha adoptado el capitalismo y que, al final, es una estrategia más para tenernos sometidos sin que nos demos cuenta. Pero Pandi sí que se da cuenta. Toma consciencia de lo que realmente se está creando en Dopaland y decide hacer algo al respecto.

Dopaland es una obra divertida, crítica y con un ritmo trepidante que nos invita a reflexionar sobre la artificiosidad de esta felicidad malentendida que no hace más que esconder la crudeza de la vida para que miremos a otra parte. No dejemos que nos «dopen», seamos como Pandi y alcemos el puño arriba.


  • Lo que más me gustó. La ambientación de la obra. El mundo imaginario que se crea con el parque temático, los personajes, la sala de la calma, la escenografía… Se recrea un mundo ante tus ojos que te transporta a ese éxtasis de azúcar que intoxica.
  • Lo que menos me gustó. Se crea una expectativa muy alta en el conflicto de Pandi, se mantiene muy bien la tensión dramática sobre el hecho en sí, pero después, la resolución es bastante previsible.

Elia Tabuenca

Elia Tabuenca, filóloga hispánica y periodista digital especializada en cultura y viajes. Lleva más de 8 años dedicada al sector y es una apasionada del teatro, de la literatura, de la música y de los viajes por todo el mundo.

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