El pasado martes 28 de abril, el ACLAM Club dejó de ser una sala para convertirse en una estación espacial. Entrar allí ya es una experiencia: paredes tapizadas con cientos de guitarras (¡dicen que hay más de 500!) y una hilera de Ducatis antiguas que nos recuerdan el pasado de este espacio como parking. En este entorno, íntimo, entre sofás y mesas redondas, vivimos una de esas citas que se quedan grabadas en la memoria.
La velada era un homenaje a una de las cimas de la música: The Dark Side of the Moon. Pero no fue un tributo al uso: fue una disección en dos actos de la herencia de Pink Floyd.
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TogglePrimer acto: Electrónica y fidelidad con ‘Rave Side of the Moon’
La primera parte corrió a cargo de Extintor Producciones, el grupo residente de la sala liderado por David Soler y Marcel Bagés. Presentaron su propuesta Rave Side of the Moon, una reinterpretación contemporánea que llevó el clásico de 1973 a terrenos mucho más electrónicos.
Acompañados por la voz de Víctor Partido, que clavó de forma asombrosa los registros de Roger Waters, el grupo repasó casi todo el disco en unos 40 minutos intensos. Solo faltó el “Great Gig in the Sky” (lógico, sin el coro femenino), pero la potencia de los teclados y esa atmósfera sintética hicieron que no echáramos nada de menos. Fue un inicio hipnótico, moderno y muy bien ejecutado.

El plato fuerte: Jon Carin
Tras el viaje electrónico, llegó el momento que todos esperábamos: el “Short Set” de Jon Carin. Para contextualizar: Carin no es un invitado más; es el colaborador de Pink Floyd que ha ayudado a David Gilmour y a Roger Waters a dar forma a su sonido en las últimas décadas.
Acompañado por el teclista de la casa, Carin ofreció media hora de autenticidad pura. Cambiamos la electrónica por el sonido orgánico de las guitarras acústicas. Fue un recorrido de seis temas donde mezcló clásicos ¡con piezas menos obvias de su catálogo.
Verlo ahí, a pocos metros, después de haberlo visto en escenarios mundiales, fue un lujo. Su presencia llenó la sala de un aire legítimo; no era una copia, era el sonido real de Pink Floyd destilado en un formato pequeño.
¿Por qué el ACLAM es el sitio donde hay que estar?
Más allá de la música, hay que hablar de la sala. El sonido del ACLAM Club es, sencillamente, exquisito. Ofrece una nitidez que permite disfrutar de cada matiz, ya sea un sintetizador saturado o el rasgueo de una cuerda de nailon.
Casi dos horas de concierto que nos recordaron que la música de Pink Floyd sigue viva, especialmente cuando cae en manos de quienes la conocen desde dentro y de quienes se atreven a reinventarla con respeto.
Valoración de EspectáculosBCN
- Ambiente: 5/5 (Esa colección de guitarras es un museo del rock).
- Sonido: 5/5.
- Autenticidad: 5/5.
Una noche inolvidable para los amantes del rock que buscan algo más que un simple concierto: buscan una experiencia.











