Zenet: “Este disco es el proceso de hacer tocable lo etéreo”

Con su inseparable sombrero y esa voz de tesitura infinita, Zenet ha regresado a la esencia más pura con “La voz y las manos”, un álbum que nace de la calma, de un cambio de ciclo y del recuerdo inevitable de su eterno compañero: José Taboada.

En Espectáculos BCN hemos charlado con él y nos hemos encontrado con el “chico de los cuadernos”, el artista que tacha versos con tinta y recorta realidades para pegarlas en un fanzine. Un Zenet que se aleja de los artificios digitales para reivindicar la verdad de una guitarra bien pulsada y la emoción de un bolero que se siente en la piel.

Pasen y vean, porque en el mundo de Zenet, hasta un mensaje borrado del móvil puede convertirse en la poesía más profunda.

Índice

El oficio de habitar los géneros: Una charla sobre la esencia con Zenet

Antes de su concierto en el Paral·lel 62 de Barcelona el próximo 19 de abril, en Espectáculos BCN hemos hablado con Zenet para desgranar ese “paseo musical” por el swing, el fado y el tango.

1. Vienes a Barcelona a presentar La voz y las manos, que defines como tu trabajo más íntimo desde Los mares de China. Después de tantos años explorando géneros, ¿qué te ha llevado a apostar por este formato tan esencial ahora mismo?

Se trata sobre todo de las manos, y luego la voz. La verdad es que yo tengo un espíritu curioso, siempre ando revisando, revisitando todos los géneros… pero las circunstancias de hacer un disco íntimo vienen por varios motivos. El primero es que estoy con compañía nueva, con management nuevo, por lo que me permití un año de tranquilidad para poder hacer un disco con todo el tiempo del mundo, sin presión y sin prisas.

El carácter íntimo también viene marcado por la falta de mi compañero José Taboada por una enfermedad, y las cosas vienen como vienen: cambio de ciclo, familia nueva… Los dos teníamos mucha ilusión y fíjate, al final… casi sin darme cuenta, ha sido un disco en el que hay cierta resonancia de José Taboada.

Sin haber querido hacer ningún homenaje —no era mi intención—, sí que ha salido un disco muy guitarrístico, la base es pura guitarra. Yo he ido de manera muy orgánica dejando que ocurran las cosas, fluyendo con ellas. También la composición con distintos poetas con los que trabajo me permite muchísima libertad a la hora de construir; la canción manda. Todo este proceso ha surgido de una manera muy orgánica.

2. Tienes una capacidad casi camaleónica para saltar del swing al fado o al tango sin que parezca un disfraz. En tu proceso creativo, ¿cómo decides qué género necesita cada historia? ¿Es la letra la que dicta el género o es el ritmo el que te encuentra a ti?

A ver… por un lado está la emoción que te lleva a escribir algo. Cuando tú ves una emoción de tristeza, de nostalgia, porque piensas en alguien que no está, eso te lleva a una armonía menor y estás buscando los tonos que no son alegres, sino que son nostálgicos. Hay una parte muy inspiradora marcada por el sonido. Pero cuando ya tienes oficio componiendo, te deas cuenta de que cuando estás escribiendo estructuras de pareados, cuartetos, etc., encajan muy bien, por ejemplo, en el blues o el swing.

Alexis Díaz Pimienta, catedrático de la improvisación cubana, siempre dice: “Piensa como lo hacen los niños pequeños: tarariro tarerero“. Eso es un octosílabo. Hay mucho de oficio que ya te va resonando cuando haces una frase con ese ritmo… “Quizás ya nos veamos” o “Yo de ti ya no me acuerdo”… Esto ya sabes dónde va a encajar.

Cuando las frases son más largas, de diez u once sílabas, requieren que los tiempos sean más largos y, por tanto, es más balada. Hay un diálogo, y no te niego que en un momento determinado te cabreas y lo rompes todo para intentar no ceñirte a esta regla. Pero, al final, ves que, sin ese tempo, la canción no sale igual…

3. ¿Sientes que la guitarra de José Taboada sigue “sonando” de alguna forma en los arreglos de este disco?

Absolutamente. Ten en cuenta que yo he estado acostumbrado durante años a que el primer sonido cuando barajo una idea sea el sonido de la guitarra. Eso no cambia que sea juguetón, pero siempre la primera nota ha sido el acorde de una guitarra. Con José lo que hacía era transitar los géneros desde la frontera: nunca me metía en el género puro. Como se usa en la gastronomía actual: hacíamos “los aires”, “espuma”… un aire de tango, un aire de bossa nova.

En este disco, he ido directamente a la fuente, he buscado guitarristas que eran especialistas en el género. Raúl Chiochio, maestro de la guitarra de tango: lo fui a buscar para hacer un tango (yo tenía una espinita con el tango). Él me dijo: “¡Te tragaste a Gardel!”.

He habitado el género cuando antes, con José, lo sobrevolaba. Ha sido un atrevimiento por mi parte, pero delicioso. He ido buscando uno a uno: Arturo Lledó para la bossa nova, o Dani Casares, que siendo guitarrista de española consigue darle un aire al fado maravilloso.

Y por supuesto mi amor por el aire cubano, que tengo familia allí; me he quitado otra espinita con Diana Navarro en “Nos fuimos dejando la puerta abierta”, una preciosidad de bolero. Todo ha ido saliendo de una manera muy natural.

4. Me hablabas de tu diario personal…

Sí, sí, sí. Soy el chico de los cuadernos. Me gusta mucho tener cuadernos; de hecho, tengo uno de artes gráficas e hicimos un fanzine donde cada canción tiene un collage diferente con recortes, dibujos, apuntes… La cuestión matérica la trabajo muchísimo porque forma parte del proceso. Y en este caso, tenía tiempo de sobras para trabajar un par de letras que, fíjate tú, hablan del teléfono móvil.

Y mira que a mí el móvil no me gusta, pero, las cosas del amor, tía… El móvil también hace esa magia de estar viendo un atardecer tú y un amanecer yo. De eso trata “Tan lejos, tan cerca”. O “Mensajes borrados”, que es una reflexión sobre borrar un audio que estaba fuera de lugar; yo reflexiono sobre dónde estarán todos esos mensajes borrados, en qué nube invisible… cuántas cosas no me atreví a decirte. Esa reflexión hace de ese lugar ficticio una especie de buzón invisible.

5. Siempre te has definido como un ‘ladrón de géneros’. Pero para robar algo hay que conocerlo muy bien por dentro. ¿Cuánto hay de estudio académico y cuánto de intuición hay en tu forma de componer?

Hombre, yo creo que hay ambas… Yo nunca había cantado un bolero en mi vida antes de hacer el disco “La Guapería”, y me dieron un premio por ello. Mis propios amigos cubanos me dieron seguridad y me tragué la historia del bolero: leí libros, escuché muchísimo… 70.000 boleros para ver cómo eran los de los años 50, 60… cómo han evolucionado, cómo son sus armonías.

Sí investigo, evidentemente… igual que cuando me meto a hacer un swing, me pongo a investigar y a escoger qué tipo de swing puedo hacer yo.

6. Ahora estamos en un momento llena de artificios digitales y autotune, pero tú apuestas por instrumentos reales y la voz al frente. ¿Es este disco un acto de resistencia o simplemente la única forma en la que concibes la “verdad” en la música?

Lo primero que quiero hacer es romper una lanza por los sonidos puros. Hoy en día siempre ha habido distintos públicos, distintos oídos. Yo me muevo por circuitos de teatros, el mismo de Miguel Poveda o Silvia Pérez Cruz. Pero luego hay artistas comerciales que hacen guiños a música más “culta”, como Rosalía en su último disco. Siempre habrá música comercial para bailar, y luego otra que te lleve más a la reflexión interna, a la introspección y a tener una cierta admiración por los instrumentistas.

Todo es política: es muy difícil no pronunciarte sobre la realidad que te rodea. Si tienes acceso a una comunidad que te escucha, no puedes ir todo el tiempo dando tu opinión, pero hay un momento en que tu propia filosofía de hacer las cosas transciende. Yo intento tener gestos que lleven a la reflexión. Es interesante hacer pensar, ni que sea un segundo, sin tener que ser el número uno del reciclaje.

7. Has protagonizado series como El joven Picasso y has sido nominado al Goya. ¿Cuánto hay de “actor” en el Zenet que sale al escenario a interpretar un tango o un bolero? ¿Es posible separar la interpretación del sentimiento musical?

Hay una performance, claro. Como dice mi paisano Antonio Banderas: “Cualquier objeto o cualquier persona que sube al escenario, toma la dimensión diferente que el escenario le da”. No es una persona cualquiera: es un ente pasado por la percepción teatral. La silla ya es otra cosa, está cargada de significado. Yo uso un alter-ego mío que lleva sombrero, traje, y esa persona juega a guiñar el ojo a primera fila, a bailar el swing, a reírme, a llorar…

Pero un actor no es creíble si no vive desde sus propias emociones el papel. Yo lo intento vivir como cuando dicen “acción”: me pongo en el lugar del protagonista de la canción y a mí me pasa lo que la canción dice que pasa. Dejaremos en el enigma si eso me ha pasado a mí de verdad o no.

8. Canciones como Soñar contigo o Me gustas son ya himnos. En un concierto donde vienes a presentar material nuevo y tan íntimo, ¿cómo conviven esas canciones emblemáticas con la nueva energía de Las manos y la voz?

Es todo un arte enhebrar un espectáculo en el que la gente está expectante por escuchar los temas nuevos, pero también los de toda la vida. Es un arte ir metiendo temas nuevos con antiguos como un paseo sonoro, como los movimientos de una obra grande: hay movimientos lentos, otros más destacados, alegres… luego bajamos a un valle con unas baladas, te bajo el ánimo y luego te levanto otra vez para que nos vayamos felices. Es el paseo sonoro del show.

9. ¿Por qué el título “Las manos y la voz”?

Porque he acabado haciendo collages y dibujando las canciones, tachando con mis propias manos con tinta, manchándome. Quería que fuera como un desván mágico donde desempolvas una caja antigua y sientes ese amor por lo antiguo: el tocadiscos del abuelo…

Hicimos un reportaje de fotos en el Rastro de Madrid, en tiendas de antigüedades, y poco a poco fuimos poniendo sobre la mesa palabras e imágenes. La portada del propio disco es un cuadro mío, un paisaje mío. Son procesos donde se hace material lo inmaterial, donde se hace objetivo lo subjetivo, donde se hace tocable lo etéreo.

10. Barcelona siempre ha sido una parada clave en tu carrera. ¿Qué tiene el público barcelonés que encaja tan bien con ese aire “cabaretero”, sofisticado y bohemio que siempre acompaña tu puesta en escena?

Yo quiero mucho a Barcelona, me une mucho esa tierra. Siempre recordaré el rodaje de Picasso en Barcelona y en París, dos ciudades que me marcaron mucho siendo tan joven. En tu propia pregunta ya iba incluido ese aire bohemio, cabaretero, mediterráneo… En Barcelona tuve la gran oportunidad de participar con Sol Picó, o Las Migas... granitos de arena preciosos. Tengo muchísimas ganas de volver.

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