Las mejores novelas policiales argentinas

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La novela policial o novela negra es uno de los géneros literarios más populares y más diversos. Aunque el género nace y crece en EE.UU y Europa, los autores latinoamericanos, en especial los argentinos, lo han enriquecido y modernizado. Las mejores novelas policiales argentinas nos presentan la agitada realidad argentina y sus héroes: investigadores, mercenarios y policías corruptos envueltos en las tramas políticas y oscuras de las calles gauchas. En Espectáculos BCN te descubrimos sus nombres y sus autores, ¡toma nota!

 

Cuáles son las mejores novelas policiales argentinas contemporáneas

A continuación, vamos a descubrirte las mejores novelas policiales argentinas contemporáneas para que sepas cuáles son los títulos que no te puedes perder

Los casos del comisario Croce, de Ricardo Piglia

Esta obra recoge las vicisitudes del comisario Croce, quien recorre el Buenos Aires de pueblos y suburbios resolviendo misterios. El comisario Croce es, en apariencia, el típico investigador de novela policial tradicional, pero el halo de la modernidad lo ha cruzado y termina mezclando la clásica deducción detectivesca con la intuición característica de un mundo moderno movido por el caos y el desconcierto, donde la realidad nos obliga a abandonar la razón en ocasiones.

Croce, nuevamente diferenciándose del tradicional detective de género, – a quien poco o nada le importa la militancia- , divaga en el centro de la política argentina; y es que a pesar de ser parte de la policía y ser el brazo armado de un aparato estadal represivo, Croce parece siempre estar huyendo y resistiendo de ambos: de la policía y del Estado. Esta colección de cuentos consta de temáticas varias, todas convertidas en dilemas éticos, políticos y metafísicos.

Desde la cinta “porno” de una jovencísima Evita Perón hasta la resolución de enigmas con Borges en una mesa de bar, todas las historias llevan a Croce a un lugar de cuestionamiento. La obra completa de Ricardo Piglia es considerada por la crítica como muestra representativa de las mejores novelas policiales argentinas de todos los tiempos.

Los tigres de la memoria, de Juan Carlos Martelli

Esta novela es en toda regla un relato policial acelerado y violento, pero también ha sido entendido como un ejercicio premonitorio de las crónicas oscuras en la convulsa Argentina de 1970 a 1990. El pasado, un presente incierto y el miedo constante confluyen en esta historia, una historia que con tintes surreales usa el abismo de la memoria como vela y anclaje para el viaje de Cralos.

Cralos, ya viejo y agotado, se ve obligado a negociar con corruptos militares a cambio de la vida de sus hijos. Pasado y presente se entretejen y Cralos termina por dudar de la certeza de sus memorias y se ahoga en el peligro de la ilusión y el delirio.

Los tigres de la memoria es una novela corta y poderosa donde Martelli demuestra una narrativa de altísimo nivel, catalogada entre las mejores novelas argentinas contemporáneas por otros autores como Rodolfo Walsh y Julio Cortázar.

Novelas policiales argentinas de la nueva “ola negra”

Las autoras de novela policial en Argentina han asumido en la última década el testigo de la irreverencia y mordacidad que tiene la historia de este género en su región. Esta nueva avanzada de autoras detectivescas ha sido denominada la “ola negra”.

Cada vez más mujeres, representantes del colectivo LGBTQI+ y personajes divergentes representan el héroe/heroína de las historias policiales en argentina. Esta ola de escritoras transgresoras está dando al tema detectivesco un futuro más rico y heterogéneo.

Elena sabe, de Claudia Piñeiro

Elena sabe es una de las mejores novelas policiales argentinas dentro de esta ola. La historia de Piñeiro nos lleva a constante disyuntivas. Elena, protagonista/investigadora en la trama no termina de encajar en la casilla de heroína detectivesca, y es que, con la edad suficiente para ser abuela, enferma de Parkinson y con la razón nublada por el supuesto suicidio de su hija, nuestra detective prescinde de todas las características de la detective tradicional, la que con lógica todo esclarece y con método científico deduce los detalles.

Por ello, Elena nos demuestra que la razón no puede controlarlo todo, que hay límites ante los cuales le es imposible hallar respuesta. Es un discurso escrito desde lo femenino y que marca el tiempo de una trama con más preguntas que respuestas.

Lo femenino, la maternidad, la misoginia social confluyen en “Elena sabe” y son el fondo de una investigación con tintes de odisea.

La insurgencia cochina, de Carolina Cobelo

Corbelo lleva al extremo los límites de la novela policial, dilatando, -casi traspasando-, las fronteras de forma y estructura del género y lo obliga a transitar a nuevos contextos. “La insurgencia cochina” convierte el presente en una ucronía posguerra de Las Malvinas. Los norteamericanos han invadido el territorio argentino y un ejercito armado de gais, lesbianas y otros personajes del colectivo sexogenerodiverso luchan contra una sociedad controlada donde la muerte y el sexo violento son la normalidad.

Aunque la estructura y el argumento son bastante transgresores, es el entramado discursivo donde encontramos su mayor acto de rebeldía. Y es que, el discurso detectivesco representa constantemente una proeza individual, a veces acompañada por personalidades colaboradoras, pero al fin y al cabo la heroicidad es representada como un acto individual, pero Cobelo implanta la idea de la gesta colectiva.

La narrativa policial argentina, siempre dinámica y mordaz, es una de las fuerzas que impulsa el género a nuevas fórmulas, nuevas temáticas y nuevos cuestionamientos. Los autores y autoras argentinas parecen decididos ha minar la novela policial con ideas y personajes subversivos que abran sendas entre lo tradicional y lo moderno, lo legal y lo amoral, lo convencional y lo disímil.

Breve introducción a las novelas policiales argentinas

La novela policial surgió a principios del siglo XIX. Muchos consideran a Edgar Allan Poe y Los crímenes de la Rue Morgue como el acto iniciático de este género. En general, la estructura de la novela policial es sencilla y efectista: el protagonista, un héroe/heroína sagaz e inteligente, busca descifrar un enigma que lentamente se devela, teniendo para ello que discurrir entre muchas pistas falsas, sospechosos varios y constantes misterios.

Desde el siglo XIX el género ha crecido enormemente y enamoró a autores y lectores por igual, lo que logro que la formula sencilla de héroe/misterio se enriqueciera con nuevas manos y nuevas culturas. Las mejores novelas policiales argentinas mezclan la escritura oscura y osada que caracteriza la literatura argentina, las secuelas de duras dictaduras y una política inestable, el valor nacional de lo “gauchesco” (-lo salvaje, lo bárbaro-) , y la dicotomía entre la vida marginal y la resquebrajada alta sociedad.

La incursión de autores argentinos en el género inicio desde principios del siglo XX, siendo sus primeros participes receptáculos de la influencia directa de Poe y Doyle, sus primeros trabajos resultaron en repeticiones de la formula detectivesca con variaciones ambientales.

Sin embargo, el asentamiento de esta estructura narrativa en el imaginario popular empezó a forjar una nueva generación de escritores que supieron aprovechar la formula y la tendencia narrativa de la novela policial incorporando su estética y realidad particular. Jorge Luis Borges, por ejemplo, incursionó con cuentos detectivescos; su trabajo y su opinión positiva de los recursos de este género,  cimentaron las bases de la novela policial argentina.

La novela policial argentina explotó después de la década de los 80 que, con las dictaduras, sublevaciones y políticas violentas, formaron el carácter de una novela policial ardida y realista.

Aimara Villanueva

Soy editora y correctora desde hace más de 10 años, investigadora, redactora y una voraz lectora. Generadora de contenidos y Content manager desde hace 5 años. Soy egresada como Licenciada en Letras mención Políticas culturales de la Universidad Central de Venezuela, con diplomados y cursos en edición y ruta editorial. Finalista en festivales internacionales. (Margarita, 2011).

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