Los mejores escritores alemanes de todos los tiempos

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Son muchos los que conocen a grandes pensadores alemanes con bigote y cara seria como Sigmund Freud o Friedrich Nietzsche, pero no tantos los que se atreven a leer la literatura que les inspiró, o que se inspiró de ellos. Y es que puede que a veces la literatura alemana cumpla con los rumores y sea un poquitín filosófica y complicada, pero no por eso menos importante, ya que de lo que no hablan suficiente las mismas voces “rumoreadoras” es de su extraordinaria influencia en el panorama literario europeo de todos los siglos, filtrándose incluso hacia otras formas artísticas y de pensamiento.

Desde los contemporáneos de Mozart hasta los autores que vivieron el ascenso al poder del nacionalsocialismo, y los que tuvieron que lidiar con las consecuencias de ello, hoy en Espectáculos BCN queremos hacer un viaje hasta nuestros vecinos europeos – y hablamos de Alemania y no de Mallorca – para descubrir los mejores escritores alemanes de todos los tiempos. Los geht’s!

6 escritores alemanes más importantes de la literatura alemana

En Espectáculos BCN nos gustan los retos, y aunque este es uno imposible de realizar de forma completa, hoy emprendemos la noble misión de honorar a algunos de los mejores escritores alemanes de todos los tiempos – ¡que aun así son a menudo olvidados fuera de su país! – con nuestro reconocimiento personal de su obra e impacto.

Desde el siglo XVIII hasta el XX, hemos recopilado en esta lista algunos de los más grandes nombres de la literatura alemana de distintas épocas, para que la variedad falle lo menos posible, y con la esperanza de haceros aprender un o dos nombres nuevos. Así que respiremos un poco de este espíritu alemán, y vamos al grano: ¡aquí están los mejores escritores alemanes de todos los tiempos!

Gotthold Ephraim Lessing

Empezamos nuestra lista con un nombre no muy conocido internacionalmente, pero que todo buen burgués europeo ilustrado, con o sin peluca del siglo XVIII, sin duda conocía: Gotthold Ephraim Lessing.

Lessing revolucionó el mundo del teatro alemán – y hasta todo el europeo – con sus innovativas ideas ilustradas. Lessing rechazó el modelo francés de imitación fiable de los clásicos grecolatinos que otros autores habían querido trasladar a Alemania, inspirándose en Shakespeare y gracias a su gran espíritu crítico e ilustrado. En lugar de una simple vuelta al método antiguo, Lessing propuso un nuevo tipo de drama, el bürgerliches Trauerspiel, o tragedia burguesa.

Gran defensor de la emancipación de las clases burguesas y medias bajo el poder de una aristocracia corrupta y anclada en el absolutismo, Lessing escribió para ellas, haciendo de la familia burguesa, sus valores y morales, la protagonista de su teatro.

En sus piezas más representativas del drama burgués como Emilia Galotti o Miss Sara Sampson, la familia burguesa sustituye a los grandes héroes y dioses clásicos como protagonista, y muestra a una aristocracia corrupta y negligente que a menudo causa la tragedia mediante su posición de poder sobre una clase burguesa “oprimida” y personificada por el personaje virtuoso de la buena hija burguesa.

Además de sus innovadoras e influyentes ideas por lo que hace a la tragedia, Lessing también escribió comedias como Minna von Barnhelm (que sirvió de modelo para muchas a venir), y una de sus obras más modernas, ilustradas y destacadas: Nathan el Sabio. En ella, Lessing propone un ejemplo de la humanidad ideal donde se defiende una igualdad y tolerancia de todas las religiones, y donde la razón humana vence al dogma autoritario.

Johann Wolfgang von Goethe

El Shakespeare alemán, el hombre de letras alemán por excelencia (y de ciencias también, pero es que ya es demasiado), admirado e imitado por tantos autores posteriores, el nombre de Goethe – aunque puede que mal pronunciado – es uno que todo el mundo tiene que haber oído.

Goethe escribió de todo, y sobresalió también en todo. Su obra fue tan extensa y tan simultáneamente de su tiempo, así como pionera de lo que había por venir que no se le puede encajar en un solo movimiento, y a veces algunas de sus obras se podrían inscribir en movimientos bastante opuestos los unos de los otros.

  • En poesía destacan sus Elegías romanas, fruto de un viaje a Italia que marcó mucho al autor. Aunque dotadas de una sensualidad particular y erotismo (su nombre original era “Erotica Romana”), las elegías son todo un canto al clasicismo y a la literatura latina. El estilo de Goethe evolucionó, no obstante, con el tiempo, y algunos de sus poemas más conocidos, como el Der Erlkönig (“El rey de los elfos”) son mucho más marcadamente románticos.
  • En prosa, Goethe fue autor de obras tan influyentes como Las penas del joven Werther, una novela epistolar en primera persona relatando las peripecias emocionales de un joven burgués amante de la naturaleza, descontento de su propia clase y de la sociedad, y perdidamente enamorado de una joven ya promesa con otro hombre. La novela es la obra narrativa más representativa del movimiento alemán Sturm und Drang, que fue clave en el desarrollo del Romanticismo.

El joven Werther causó tanto furor que olas de suicidios se multiplicaron por toda Europa, y Goethe mismo llegó a criticar su propio trabajo de juventud y a editarlo para hacer ver al público su verdadera lección. Otras de sus grandes obras narrativas, muy diferentes, son Los años de aprentizaje de Wilhelm Meister o la obra de madurez Las afinidades electivas.

Habiendo hablado de poesía y de narrativa, llegamos al género que acompañará el nombre de Goethe por siempre jamás: el teatro, y concretamente, su obra maestra Fausto. La historia del intelectual Fausto que hace un trato con el diablo Mefistófeles que acaba con la vida inocente de la joven Gretchen ha sido leída por todos los grandes nombres literarios que la precedieron, y existen tantas referencias intertextuales influenciadas por escenas como la fiesta de las brujas (“Walpurgisnacht”) en tantos clásicos literarios que no terminaríamos nunca.

Existe también una segunda parte – Fausto, Parte II – pero como casi todas las secuelas, quedaos con la primera. Y es que esta sí es complicación y filosofía alemana pura…

Friedrich Schiller

Schiller fue otro de los mejores escritores alemanes. Un autor tan grande que no si tiene un Schiller-Institut para los estudiantes de alemán probablemente solo porque vivió en la misma época que Goethe. No obstante, los que a menudo eran vistos como rivales tanto en pensamiento como en competencia literaria, llegaron a ser grandes amigos, y los años que duró su amistad fueron de los más productivos para los dos.

Aunque algunos de sus poemas siguen siendo muy conocidos hoy en día, Schiller destacó sobre todo por su dramaturgia. Junto con Goethe, su nombre es uno de los más representantes del Clasicismo de Weimar, un movimiento literario y cultural alemán vinculado a la Ilustración, pero con sus propios aires. Aun así, la obra de Schiller, como la de Goethe, evolucionó a lo largo del tiempo, y algunas de sus obras más conocidas forman parte de las obras teatrales más representativas del ya mencionado Sturm und Drang.

Algunas de sus obras más destacadas son las propias del Sturm und Drang como Intriga y amor (una versión de la tragedia burguesa ilustrada en la que la burguesía también recibe su crítica), Los bandidos, o Don Carlos. Por lo que hace al Clasicismo de Weimar, Schiller escribió obras como la histórica Maria Stuart, Guillermo Tell y La doncella de Orleans.

Schiller murió enfermo a los 45 años, y como dato curioso y algo macabro, existen muchas historias con su cráneo como protagonista. El mismo Goethe se hizo su propietario durante un tiempo – o por lo menos lo que él creía que era el cráneo de Schiller – y terminó por unirse de nuevo con su amigo en muerte al ser enterrado cerca de su cuerpo años más tarde. Una historia de amistad algo peculiar, pero desde aquí no juzgamos otros tiempos…

E.T.A. Hoffmann

El nombre de E.T.A. Hoffmann no aparece casi nunca entre aquellas largas listas de “clásicos que leer antes de morir”, pero desde aquí reivindicamos su talento y su obra y lo incluimos en esta lista con la esperanza de que este granito de arena podrá acabar siendo un castillo en la playa de autores reconocidos por el público general.

Y es que su nombre no está aquí por nada. E.T.A. Hoffmann es uno de los autores más influyentes en el género romántico alemán, y el género fantástico europeo no hubiera sido lo que fue y es ahora sin su fabulosamente disparatada creatividad. El hombre dominó el romanticismo negro, las historias fantásticas y terroríficas, ¡y hasta influenció enormemente a Freud con su conocido concepto de lo insólito!

Ni el balé salió impune del genio de este autor, gran amante también de la música, que escribió la historia del Cascanueces que luego fue adaptada en la famosa obra con música de Chaikovski.

Además de escribir novelas tanto fantásticas como terroríficas como Los elixires del diablo (un monje se vuelve loco, y es lo más trepidante y confuso que leerás nunca) o Opiniones del gato Murr (un gato que escribe su autobiografía, ¿qué más se puede pedir de un libro?), Hoffmann fue sobre todo célebre por sus peculiares cuentos de hadas.

Estos están divididos principalmente entre las “Piezas fantásticas” (“Fantasiestücke”), que incluyen el alocado cuento de “La olla dorada”, y las “Piezas de noche” (“Nachtstücke”), de carácter más oscuro, donde el cuento de “El hombre de arena” puede causar pesadillas a más de uno.

Bertolt Brecht

Dramaturgo y poeta, el nombre de Brecht es uno de los más conocidos de la literatura alemana de principios del siglo XX, y también uno de los mejores escritores alemanes de todos los tiempos.

Brecht vivió en tiempos convulsos, y su posicionamiento político que lo vinculó con el marxismo y el comunismo no solo impactó su vida, sino que también su literatura. Brecht tuvo que huir del régimen de Hitler y exiliarse en los países nórdicos mientras en Alemania sus obras eran prohibidas y quemadas.

La situación histórica que le tocó vivir hizo que Brecht conectara durante toda su vida la literatura directamente con la realidad. Para él, la literatura no debía servir como forma de evasión o de escapismo, sino que tenía el deber de posicionarse políticamente y mostrar situaciones y historias al lector o al público que enseñaran lecciones claras y críticas contra la sociedad burguesa y a favor de sus ideales.

Para ello, Brecht creó el género dramático llamado “teatro épico”, el cual utilizaba varias técnicas de distanciamiento entre la historia representada y el público para que este último no se dejara llevar por las emociones y los elementos entretenidos y ficticios del teatro. Su objetivo era hacer pensar al público sobre problemas reales y sacar conclusiones directas y claras. Un ejemplo de este tipo de teatro se encuentra en su obra Madre Coraje y sus hijos, o en la lección sobre el comunismo La decisión (también traducida como La toma de medidas).

Otras de sus obras más destacadas son La ópera de los tres centavos, muy crítica con la sociedad burguesa; El alma buena de Szechwan o su adaptación de Antígona de Sófocles.

Thomas Mann

Autor de obras largas, a menudo filosóficas, y con el tipo de frases que superan las diez líneas sin un solo punto, puede que Thomas Mann no escribiera los libros más sencillos a leer, pero su nombre ocupa un puesto imprescindible en la lista de mejores escritores alemanes – y europeos – del siglo XX, y de todos los tiempos.

Aunque no tan inmediatamente crítico con la ideología y el régimen de Hitler como Bertolt Brecht, Thomas Mann vio el estallido de la Segunda Guerra Mundial con este mismo autor en Suecia. Mann sí terminó por publicar críticas a Hitler y al nacionalsocialismo, y algunas de sus historias como Mario y el mago, por ejemplo, reflejan ya una atmósfera europea donde el fascismo y sus peligrosos líderes experimentaban un claro crecimiento.

Mann nunca lo desveló personalmente, pero otras obras como su famoso relato La muerte en Venecia reflejan otra de sus preocupaciones, su homosexualidad escondida, que el protagonista adoptará a su manera a través de su enamoramiento en un muchacho que encuentra en Venecia.

Otras influencias claras en su literatura incluyen la filosofía de Nietzsche y la psicología. Estas se pueden palpar en algunas de sus grandes novelas como La montaña mágica, que sitúa su acción en un sanatorio suizo.

También destacan Los Buddenbrook, una historia que engloba varias generaciones de una familia, o la más madura Doktor Faustus, donde Mann – como Goethe – hace su propia adaptación de la leyenda de Fausto. Su obra literaria excelente le ganó un merecido Premio Nobel de la Literatura, en 1929.

Y así terminamos nuestra corta selección de los mejores escritores alemanes de todos los tiempos. Por suerte, la literatura alemana cuenta con muchos más grandes nombres como Kleist, Heine, Hesse, Grass, o la más contemporánea Herta Müller para nombrar solo algunos, pero, aunque nos gustaría repartir la corona de ganador en trocitos a lo “Mean girls” para todos, estos tendrán que esperar a otra lista.

Para hacer la espera más agradable, te invitamos a profundizar sobre más temas literarios en nuestros artículos sobre el teatro vanguardista (donde encontrarás a Brecht) o sobre el teatro del siglo XVIII (si quieres hacer otra corta visita a Lessing). ¡Ya no tienes excusa para dejar de lado a los alemanes!

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