Crítica: Asesinato de un fotógrafo – Sala Beckett

3 out of 5 stars (3 / 5)

Llega a la Sala Beckett Asesinato de un fotógrafo, un monólogo teatral escrito e interpretado por Pablo Rosal que nos presenta a un detective que tiene que resolver un extraño crimen. La víctima es un fotoperiodista que, con el auge de las nuevas tecnologías, ha visto cómo su carrera ha perdido fuelle.  Una obra que se enmarca dentro del género noir y que cuenta con una propuesta escénica llamativa y original.

Asesinato de un fotógrafo, una obra noir interpretada por un solo actor

Asesinato de un fotógrafo nos cuenta la historia clásica de un detective que recibe un misterioso encargo. En este caso, un fotoperiodista teme por su vida y le encarga que investigue sobre su inminente asesinato. El detective se pondrá manos a la obra para visitar diferentes localizaciones y entrevistarse con diferentes personajes que pueden haber sido los culpables del asesinato.

Pero todas estas localizaciones y todos estos personajes se han llevado al minimalismo más absoluto. Un solo escenario y un solo actor son más que suficientes para hacernos viajar por todos los rincones que forman parte de la historia. Me pareció todo un acierto que la puesta en escena fueran fotografías porque, de este modo, entramos aún más en el arte de la fotografía del que el protagonista es un profesional reconocido.

Hacer una obra de tipo detectivesca y suspense con un solo actor es todo un reto. Porque en este tipo de obra suele haber diferentes personajes que juegan el papel de sospechoso y que nos generan intrigas y dudas durante el transcurso de la historia. Y esto también sucede en Asesinato de un fotógrafo, aunque no haya más actor que una sola persona: Pablo Rosal. 

Este actor se encarga de interpretar a todos los personajes que forman parte de la obra. Y, en todo momento, vemos sobre la escena desfilar a diferentes personalidades, de diferentes clases sociales y con diferentes motivos para matar. Un trabajo interpretativo excelente que hace brillar toda la obra.

Además, la construcción del personaje del detective es muy original y diferente. Nos encontramos ante un personaje que se mueve entre la ironía y la inteligencia, que baila al sonido de la vida y que disfruta como nadie al ver la doble cara de las personas y la mentira imperante en nuestra sociedad.

La propuesta de Asesinato de un fotógrafo es original, pero su minimalismo acaba abrumando. Un solo actor, delante de un micro (¡¿por qué?!, ¡¿por qué?!), con un movimiento casi nulo, hace que la obra sea estática y demasiado plana. Falta teatralidad. La narración y el ritmo es constante y hay muy pocos cambios en la obra que den un giro y que nos inviten a estar expectantes. Además, en una obra de misterio y suspense, el giro final es lo que todos esperamos. Y aquí hay un giro, sí: pero un giro un tanto forzado, un giro poco verosímil y que nos deja con más preguntas que respuestas.

En definitiva, Asesinato de un fotógrafo es una obra ideal para descubrir una nueva manera de cultivar el género negro. Un solo actor, un solo escenario y un micro es lo único que se necesita para relatarnos esta historia.


  • Lo que más me gustó. El personaje del detective y cómo Pablo Rosal lo encarna, lo vive, lo siente. Es lo más brillante de la obra, sin duda.
  • Lo que menos me gustó. El uso de micrófono. ¿Por qué? Creo que es innecesario, limita los movimientos y no aporta nada más que estaticismo y movimientos controlados.

Elia Tabuenca

Elia Tabuenca, filóloga hispánica y periodista digital especializada en cultura y viajes. Lleva más de 8 años dedicada al sector y es una apasionada del teatro, de la literatura, de la música y de los viajes por todo el mundo. Ver mi Linkedin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.