Eurípides: obras más importantes

Eurípides obras importantes

¿Quieres conocer las obras de Eurípides más importantes? Personajes nobles y respetables luchando en vano contra un destino inevitable que ha predeterminado su trágica caída. Fascinado por la grandiosidad de una tal desgracia, el espectador no puede evitar sentir pena y horror a medida que los personajes caen en las temibles garras de su (mala) suerte…

Mucho antes de Romeo y Julieta, los personajes sufrían ya irremediablemente sobre el escenario del escalonado teatro griego. El género dramático de la tragedia griega generaba todos los blockbusters de la época, y uno de sus principales exponentes fue sin duda Eurípides, uno de los tres grandes dramaturgos de la Atenas clásica junto a Sófocles y a Esquilo.

Hoy en Espectáculos BCN nos centraremos en Eurípides y sus obras más importantes para llegar a entender un poco mejor la fórmula mágica de sus obras, capaces de maravillar al público de tal manera que las estudiamos e interpretamos todavía.

Breve biografía de Eurípides

Poco se conoce con certeza de la vida del gran dramaturgo Eurípides – ya es lo que pasa cuando uno vivió hace miles de años – y muchas de las fuentes que nos dan detalles sobre su biografía no son del todo fiables. Aun así, se cree que Eurípides nació en la isla de Salamina alrededor del año 480aC (posiblemente 484aC), y participó en las célebres Dionisias – festivales en honor a Dionisio donde tenían lugar representaciones teatrales – por primera vez en 455aC, obteniendo su primera victoria en la competición de 441aC.

Aunque algunos lo presentan como un hombre solitario, escribiendo sus tragedias en la llamada Cueva de Eurípides en Salamina con su enorme biblioteca personal, en realidad se conoce una cercana amistad entre Eurípides y Sócrates y otros sofistas, y una gran popularidad del dramaturgo entre el público de Atenas.

El hecho de que solo obtuviera 4 victorias en las Dionisias (comparado con las numerosas de sus predecesores Sófocles y Esquilo) genera todavía dudas entre los académicos, pero el renombre de Eurípides es innegable, y se puede comprobar, entre otras, con las múltiples referencias al dramaturgo de personalidades como el cómico Aristófanes, quien le incluía a menudo en sus comedias.

Los detalles de la muerte de Eurípides permanecen confusos, y aunque algunas fuentes indican que se retiró al reino de Macedonia, donde murió en 406aC, también existen historiadores que lo ponen en duda.

Las obras de Eurípides más importantes

El más joven de los tres grandes autores de tragedia griega clásica (Sófocles, Esquilo y Eurípides), Eurípides escribió alrededor de 90 obras, de entre las cuales solo 19 se conservan de forma completa.

Sus tragedias muestran una evolución en el género tras sus predecesores, y muestran algunas innovaciones. Sus personajes, por ejemplo, no dejan de ser nobles y héroes como lo manda la tragedia, pero su caracterización es mucho más humana y cercana que los personajes grandiosos y magnánimos de otras tragedias.

El papel de los dioses en las tragedias de Eurípides pasa a menudo a ser relegado a intervenciones puntuales y convenientes para asegurar el desenlace trágico de la historia (lo llamado deus ex machina), pero un alto grado de responsabilidad y culpa es relegado también a los protagonistas, dominados por sus sentimientos y pasiones. Esta caracterización nos ha dejado con personajes tan míticos en la historia del teatro como Medea o Electra.

Algunas de las obras más importantes de Eurípides son las siguientes:

Medea (431aC)

Probablemente la tragedia más conocida de Eurípides, Medea cuenta el mito de Medea y Jasón, una historia de traición y venganza. Medea, hechicera y antigua princesa de Yolcos, busca venganza contra su marido Jasón, quien tiene ahora la intención de casarse con Creúsa (o Glauca), la hija del rey Creonte, por motivos políticos.

Dominada por la furia y la envidia, Medea planea el asesinato de Creúsa y Creonte, pero queriendo hacer el mayor daño posible a Jasón, Medea toma la trágica decisión de matar a sus propios hijos, pese a su propio amor por ellos.

La historia de Medea se ha convertido desde entonces en todo un clásico de la dramaturgia occidental, con distintas interpretaciones de entre las cuales destacan multitud de análisis feministas que proponen Medea como ejemplo de un personaje llevado a la más horrible tragedia por su opresión en una sociedad patriarcal.

Hipólito (428 aC)

Hipólito es otra de las obras de Eurípides  más importantes. En esta obra, el autor explora el mito de Hipólito, hijo de Teseo, y de su trágico destino vinculado al de la figura de Fedra, su madrastra. La diosa Afrodita, enfadada por la adoración de Hipólito hacia Artemis en lugar de hacia ella, hace que Fedra, esposa de Teseo y madrastra de Hipólito, se enamore fatalmente de este último.

Fedra agoniza por culpa de este amor, y tras el rechazo de Hipólito, termina por suicidarse. Teseo, quien cree que Hipólito ha estado involucrado directamente en la muerte de su mujer, lo destierra e invoca a Poseidón en contra de él. No es hasta después de la muerte de Hipólito en su huida que Teseo conoce la verdad del caso.

Adaptaciones posteriores han utilizado la obra de Eurípides para centrarse más en el personaje femenino de Fedra, como lo hizo el dramaturgo francés Racine en su obra Fedra (1677).

Las troyanas (415aC)

Las troyanas fue la tercera tragedia de una trilogía de cuyas dos primeras obras (Alejandro y Palamedes) nos quedan pocos fragmentos. El argumento se sitúa justo después de la guerra de Troya, y trata sobre los tristes destinos y sufrimientos de las mujeres de la ciudad, quienes están siendo repartidas entre los vencedores.

Eurípides centra la historia en Hécuba, reina destronada, pero cuenta también los destinos de Casandra, Andrómaca y su hijo, y Helena. Astianacte, el hijo de Andrómaca y el fallecido Héctor, es asesinado, y Hécuba tiene que enterrarlo puesto que su madre ya ha sido llevada como concubina del hijo de Aquiles. La misma Hécuba es convertida en esclava de Odiseo.

La obra retrata así las atrocidades de la guerra, y muchos críticos la han visto como un comentario de Eurípides ante la captura de la isla de Milo por los atenienses y el barbárico tratamiento de estos hacia la población de la isla.

Ifigenia entre los tauros (414aC)

Seguimos conociendo las obras de Eurípides más improtantes para hablar de esta tragedia en la que se cuenta la historia de Ifigenia, hija de Agamenón, quien la sacrificó a la diosa Artemis para vengar el rapto de Helena.

La misma Artemis salvó a la chica, pero nadie de su familia lo sabe. Ifigenia cree que su hermano Orestes está muerto, pero en verdad este ha llegado a su región con Pílades para robar una estatua de Artemis, y es hecho prisionero. Ifigenia recibe a los prisioneros, y al final los dos hermanos terminan por reconocerse. Orestes, Pílades e Ifigenia planifican su huida, y consiguen escapar.

El argumento de esta obra no termina de forma trágica, por lo que se considera a menudo una tragicomedia. La historia presenta muchas similitudes con otra de las obras de Eurípides, Helena, y el mito que cuenta también está relacionado con obras como Orestes o Electra, las dos del mismo autor. Eurípides escribió más tarde Ifigenia en Áulide, que desarrolla otra vez la historia de Ifigenia sin que las dos obras estén relacionadas entre ellas.

Helena (412aC)

En esta tragedia, Eurípides abandona la historia tradicional de Helena abandonando a su marido Menelao para fugarse con Paris hacia Troya, y basa su obra en una variación de la historia ya propuesta por el historiador Heródoto.

En esta versión, Helena nunca llegó a Troya, sino que fue llevada a Egipto por los dioses. En su lugar, Hera mandó a Hermes de sustituirla por una copia falsa de la Helena real (un eidolon), que es quien se fuga a Troya. En Egipto, el rey Teoclímeno quiere casarse con la Helena auténtica, pero Menelao ha llegado a Egipto, y tras descubrir la verdad sobre Helena, los dos se reconocen.

Helena urde un plan para escapar el matrimonio con Teoclímeno, y ella y Menelao consiguen huir.

Orestes (408aC)

Guiado por Apolo, Orestes ha matado a su madre Clitemnestra por vengar el asesinato de su padre Agamenón. No obstante, ahora se encuentra enfermo por la culpa, y cuidado por su hermana Electra. Este no es su único problema, puesto que los habitantes de Argos quieren ponerlo a juicio por el asesinato. Orestes pone sus esperanzas en su tío Menelao, pero este no es capaz de ayudarlo lo suficiente, por lo que solo le queda su amigo Pílades y su hermana.

Orestes participa en la asamblea con los ciudadanos de Argos, pero son condenados a muerte. Para vengarse, Orestes, Pílades y Electra planean su venganza contra Menelao, con la intención de matar a Helena (su mujer) y tomar a Hermíone (su hija) como rehén. Helena consigue escaparse, pero antes de que la tragedia termine con sangre, aparece Apolo a modo de deus ex machina y arregla la situación.

Las Bacantes (405aC)

Una de las últimas obras de Eurípides, Las Bacantes ganó el primer premio en las Dionisias, y es considerada una de las obras de más calidad del dramaturgo. El argumento se centra en la historia del dios Dionisio, quien llega a Tebas con su comitiva de adoradoras (las bacantes) para reclamar su condición como hijo de Zeus.

Para hacerlo, Dionisio se presenta como un extranjero y organiza ritos dionisíacos con sus bacantes por la ciudad. Penteo, rey de Tebas, quiere perseguir y capturar a todo quien asegure que Dionisio es un dios, ya que cree que este es hijo de la relación entre su madre Sémele y un mortal en lugar de Zeus.

Penteo consigue capturar a Dionisio, pero este es más listo y se escapa. No obstante, el rey sigue con su misión y se dispone a matar a las bacantes, pero su comportamiento lo lleva a un final trágico en el que es matado por su propia madre, Ágave, en medio de un rito dionisíaco.

Otras obras de Eurípides que nos han llegado de forma completa son Andrómaca, Electra, Hécuba, Alcestis, El Cíclope, Las suplicantes, o Heracles, entre otras.

Los personajes complejos y humanos de Eurípides, con problemas que, aunque terribles, conseguían despertar la empatía del espectador, llenan todavía los escenarios de miles y miles de salas de teatro de todo el mundo. ¿El secreto? No somos nadie para revelarlo, pero puede que la universalidad del sentimiento humano tan propio de las obras de Eurípides sea el ingrediente clave capaz de remover lo más profundo en todos nosotros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *