Mary Shelley: las obras más importantes

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¡Descubre las obras más importantes de Mary Shelley y prepárate para un viaje literario fascinante!

Es una noche oscura de tormenta. La violencia de los relámpagos ha cortado la electricidad, y solo queda la luz de la chimenea y un par de minúsculas candelas para iluminar la casa entera. En medio del bosque no llega la cobertura, así que tu móvil ha quedado totalmente obsoleto, y ya empiezas a echar de menos hasta los cientos de stories de otra gente en Instagram. Hace frío y en la oscuridad no sabes donde tu abuela guarda las mantas en su casa dinosáurica en medio de la montaña. ¿Quién habría dicho que esto pasaría durante lo que tenía que ser un fin de semana de amigos en la naturaleza, así tan acogedor y cuqui…? ¡Jurarías que el hombre del tiempo no dijo nada de esto! Si es que nunca lo aciertan…

Pero no temas, porque por suerte no tendrás que pasar por esto en solitario: tu amiga Mary está aquí contigo y dice que tiene planes para hacer pasar el rato. ¿La escuchamos?

Las obras más importantes de Mary Shelley

Ahora que te hemos puesto un poco en el ambiente adecuado para las obras de Mary Shelley, hoy desde Espectáculos BCN te llevamos una introducción a las obras más importantes de esta conocida escritora inglesa del siglo XIX. Frankenstein no podría faltar, por supuesto, pero también vamos a conocer un poco más sobre todo lo demás que la pluma de Mary Shelley nos dejó, y quedó en la sombra del tenebroso monstruo. ¡Vamos allá!

Frankenstein (Frankenstein, o el Moderno Prometeo) (1818)

¿Quién no ha oído hablar de la escalofriante historia de un monstruo creado por un científico negligente que, horrorizado, abandona su propia creación y siembra el caos?

La novela de Frankenstein no es solo la historia de Halloween por excelencia, sino que se inscribe dentro el subgénero Romántico de la novela gótica, también llamado el “Romanticismo oscuro” debido a sus temáticas centradas en lo terrorífico, sórdido, grotesco, misterioso, perturbador y sobrenatural. La importancia dada por los románticos a la naturaleza también es muy presente en la obra, parte de la cual tiene lugar en el Polo Norte, o en las montañas donde Victor intenta encontrar consuelo tras los acontecimientos trágicos de la historia.

No obstante, la obra maestra de Mary Shelley es única en su tratamiento de los peligros de la ambición y del aislamiento, y a través de la historia de un monstruo “inhumano”, Shelley nos hace reflexionar sobre nuestra humanidad, y sobre lo que realmente nos hace humanos. El monstruo creado por Victor Frankenstein es inherentemente bueno, pero comete atrocidades al verse completamente abandonado, rechazado y tratado como una equivocación – en definitiva, al ser tratado como un monstruo y no como una persona.

El doctor Frankenstein, aunque no siempre con malas intenciones, comete error tras error guiado por su ambición y su peligrosa búsqueda del conocimiento y la fama, sin parecer aprender su lección al final. ¿Puede que sea esta obsesiva ambición más monstruosa que el monstruo que crea? Mary Shelley nos deja extraer nuestras propias conclusiones en el trágico final de este clásico imprescindible de la literatura inglesa.

Famosa también lo es la historia de la composición de esta novela, creada en un momento de inspiración cuando Mary y su futuro marido (el poeta Percy Bysshe Shelley) visitaron a su amigo Lord Byron en una villa en medio de la naturaleza suiza durante unos días grises y fríos en los que decidieron escribir cada uno una historia de terror. Escrita en un estilo que combina cartas y las distintas perspectivas de los personajes, como un patchwork de puntos de vista, la monstruosa historia de Mary Shelley se nos presenta como una amalgama de partes diferentes: en definitiva, como un monstruo ella misma.

El ultimo hombre (1826)

El fenómeno literario y cultural en el que ha resultado la novela de Frankenstein ha hecho que el resto de obras de Mary Shelley queden escondidas bajo la sombra gigantesca del monstruo, pero no por esto son menos dignas de ser conocidas y estudiadas. Una de las más destacadas es El último hombre, publicada en 1826.

Mucho antes de que las pelis de Hollywood lo pusieron de moda, El último hombre es una historia apocalíptica o distópica cuyo argumento nos parecerá un poco demasiado cercano a la realidad para el gusto de nuestra era. Y es que se trata de la historia de Lionel, un joven antimonárquico que vive a finales del siglo XXI y que se ve involucrado en todo tipo de problemáticas políticas y batallas para luego tener que sufrir las consecuencias de una devastadora pandemia que arrasa por todo el mundo y lleva al protagonista y al resto de personajes a un trágico final que no pronostica nada de optimismo. Algo que leer a riesgo propio durante esta década…

Shelley se vio fuertemente inspirada por las muertes de su marido Percy Bysshe Shelley cuatro años antes de la publicación del libro, y de su amigo Lord Byron. Muchos han visto el reflejo de la misma Mary Shelley en el personaje protagonista, Lionel (el “último hombre” en cuestión), mientras que los personajes de Adrian y de Lord Raymond son claramente una representación sobre el papel de las figuras de Percy Shelley y Lord Byron, con muchos elementos biográficos de sus vidas adaptadas en la ficción de la novela.

Aunque la visión lúgubre y desoladora del libro recibió malas críticas tras su publicación, hoy en día es considerada una de las obras de más calidad de la autora, y parece ser un momento más que adecuado para redescubrir y revalorar esta novela de la grande Mary Shelley.

Mathilda (1819-1820)

Siguiendo con la temática lúgubre y grotesca del Romanticismo oscuro y de la novela gótica que tan influenció a Mary Shelley, encontramos a Mathilda (o Matilda en alguna versión española), un relato oscuro articulado alrededor de temáticas como el incesto y el suicidio.

Mathilda narra su vida en primera persona para justificar sus acciones y su infelicidad antes de morirse. Y es que la vida de la protagonista no es precisamente para tirar cohetes. Su padre, profundamente afectado por la muerte de su esposa, termina por enamorarse de su propia hija. Torturado por sus sentimientos, la confesión de estos le llevará al suicidio, y hundirá a la protagonista en una profunda depresión. La amistad que esta desarrolla más adelante con el joven poeta Woodville no será suficiente para hacer que la chica vea de nuevo la esperanza.

Aunque es tentador buscar similitudes entre la historia y la vida de la autora, la obra no se debe considerar puramente autobiográfica. De hecho, al enseñarla a su propio padre, el renombrado político escritor y filósofo William Godwin, este consideró la temática del incesto tan detestable que, pese a la calidad de la obra, se opuso a su publicación. Parece que la misma Mary Shelley se lo pensó dos veces también, puesto que el relato solo fue publicado póstumamente en 1959.

Pese a su desagradable temática y a su trágico final, los amantes de la obra de Mary Shelley aprecian sobre todo la perspectiva femenina de Mathilda, no tan presente en otras de las grandes obras de la autora, y que sirvió para mostrar una novedosa voz y experiencia femenina en la literatura gótica.

Valperga (1823)

Esta novela histórica, publicada en 1823, sigue la adaptación ficticia de la historia de Castruccio Castracani, una figura histórica real de principios del siglo XIV que conquistó Florencia. En Valperga, Castruccio, conducido por la ambición militar, se propone conquistar Valperga, una fortaleza (ficticia) gobernada por la condesa Euthanasia. Pese a los sentimientos de amor entre los dos, Euthanasia escoge la libertad de su comunidad antes que la rendición, escogiendo así también un trágico final.

Esto hace de Valperga no solo un texto interesante en su dimensión política, relevante también en el siglo XIX – el siglo de los nacionalismos y la reivindicación del sentimiento nacional por excelencia – sino también por su posible lectura feminista. Esta resulta de la descripción del gobierno de Euthanasia, yuxtapuesto favorablemente a la trágica avaricia de Castruccio Castracani, pero también en relación al popular modelo de novela histórica establecido en la época por Walter Scott.

Valperga resulta así una muestra de la obra de Mary Shelley diferenciada del estilo puramente gótico de Frankenstein y centrado más en el interés en la temática política que la escritora mantuvo durante toda su vida.

La suerte de Perkin Warbeck: un romance (1830)

En La suerte de Perkin Warbeck, Mary Shelley se adentró en el contexto histórico de la Guerra de las Dos Rosas entre la Casa de Lancaster y la Casa de York por el trono de Inglaterra en el siglo XV. Perkin Warbeck fue un personaje histórico real, quien afirmó ser Richard, Duque de York e hijo del rey Eduardo IV y, por lo tanto, pretendiente al trono.

Aunque lo más probable históricamente fuera que Richard (Ricardo) estuviera muerto y que Perkin Warbeck fuera un impostor, Mary Shelley imagina a través de su historia una versión donde la historia de Warbeck fuera real, documentando así su vida.

Combinando el interés de la autora por la historia y la política, Mary Shelley habla en esta versión propia de la historia de sus temáticas habituales del peligro de la búsqueda del poder y la gloria, siempre infructífera y causando más daño que alegrías en su transcurso.

Lodore (1835)

En su penúltima novela, Mary Shelley se centró en la familia como temática principal. Influenciada por su propia situación familiar, en la que nunca llegó a conocer a su madre – la aclamada escritora y feminista Mary Wollstonecraft – muerta poco después de su nacimiento, Mary Shelley escribe una obra cuyos personajes femeninos adquieren una importancia crucial tras la muerte de Lord Lodore, el padre de la familia. Ethel, la querida hija de Lodore, tendrá que superar varios obstáculos para poder casarse con su amado Edward, y reconciliarse con su madre, Lady Lodore, cuya mala relación con Lord Lodore la había distanciado de la familia, y por lo tanto, de la vida de Ethel.

Aunque es una de las obras menos conocidas y estudiadas de la autora, Lodore es muy interesante para conocer más sobre otros aspectos importantes de la vida de Mary Shelley, así como sobre su escritura de personajes femeninos complejos. ¡La novela también contiene uno de los muy escasos finales felices en la obra de la autora!

Falkner (1837)

La última novela de Mary Shelley funciona bien como dúo con la anterior Lodore, puesto que Falkner también trata las relaciones familiares, pero esta vez centrándose más en la una reconciliación paternofilial (“padre”-hija) a través de los personajes de Elizabeth y de Rupert Falkner, quien la adopta y ejerce así como figura paterna.

Todo tipo de inesperadas revelaciones y líos familiares complicarán la vida tanto familiar como amorosa de Elizabeth y de su padre adoptivo, quien se verá enemistado con Gerald, el amante de su hija. No obstante, Mary Shelley termina por dar más poder a la influencia y los valores femeninos de Elizabeth que a las presencias del padre y el amante, para conseguir así una reconciliación harmónica sin final trágico. ¡Toda una evolución por la autora de historias de ambición destructiva!

Estas son las siete obras de Mary Shelley– seis novelas y un relato corto, Mathilda – que escribió en su trayectoria literaria. Aunque estas se pueden considerar las obras más importantes de Mary Shelley, la autora hizo de la escritura su vida, redactando también varios artículos biográficos de grandes autores, así como editando la obra de su marido tras la muerte de este.

Dos siglos después de la publicación de estos textos, las obras de Mary Shelley, ya sea desde su temática típicamente gótica, grotesca y aterradora, como desde la perspectiva histórica y política, nos siguen hablando de sentimientos y reflexiones tan humanas que trascienden la noción del tiempo. Y es que en pleno siglo XXI, con todo tipo de crisis climáticas, económicas, sanitarias y humanas, es necesario también interrogarse sobre la verdadera identidad de los monstruos, y sobre la posibilidad de que una parte de esta monstruosidad también sea nuestra.

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