Crítica: L’aplec del remei

Nota: 9 sobre 10

El TNC fue una fiesta. Una fiesta donde la música y el buen humor y los guiños al público no pararon ni un momento. Oriol Genís, como un maestro de ceremonias un poco desubicado, se paseaba con un micrófono en mano, hasta encontrar el lugar idóneo para exponer los hechos más relevantes de la vida de Josep Anselm Clavé, sus ideas, y situarnos en la época en la que vivió.

Mientras tanto, un coro obrero, creación de Clavé, entonaba “Los Xiquets de Valls”. Al fondo del escenario, el público podía seguir la letra de la canción, como si de un karaoke se tratara… aunque nadie se atrevió a unirse a los cantantes que estaban en el escenario.

L’aplec del remei fue una auténtica fiesta en el Teatre Nacional de Catalunya

Del techo bajaron las sillas para la orquesta. La ESMUC festeja este año su 15º aniversario y era el momento de celebrarlo, junto con el TNC, que también está de celebración, ya que celebra 2años desde su inauguración. Doble motivo para montar una buena fiesta.

Dirigida por Wanda Pitrowska, una directora polaca que parece la hermana gemela de Xavier Albertí, la orquesta interpretó con brío y brillo las composiciones de J. A. Clavé y una pieza del propio Xavier Albertí.

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Mientras tanto, un atrezzista subido a unos tacones altísimos se pavoneaba por el escenario mientras hacía de ayudante de escena y Oriol Genís realizaba pequeñas intervenciones para continuar explicando la vida de Clavé y el momento histórico. “Qui no vulgui analitzar les coses, que es posi una bena als ulls… i acati”. El punto de rebeldía de J.A. Clavé aparece continuamente en escena. “En lo banquet del món l’obrer ja hi cap”.

Y, sin pausa, empezó L’aplec del Remei, en versión concierto… Anna Feu (soprano), Griselda Ramon (mezzosoprano), Joan Mas (tenor I), Albert Gràcia (tenor II), Germán de la Riva (barítono), y Tomàs Marxé (barítono bajo) estuvieron a la altura de la fiesta y su interpretación fue extraordinaria. Antoni Comas, además de cantar, interpretó a un cantante ciego que importunaba, se equivocaba de ruta, necesitaba ayuda constante, tropezaba… sin perder nunca su aplomo y su postura digna. Y sin que sus compañeros lo perdieran, tampoco.

Un montaje que, a ratos, parecía un ensayo general en el que algunos personajes todavía no se saben sus movimientos… aunque todos estaba perfectamente milimetrado y era evidente que no se había dejado nada al azar.

L’aplec del Remei, más que un homenaje a Josep Anselm Clavé, fue una fiesta… ¡y qué fiesta!

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