Cristian Duarte en The hot one hundred choreographers

Nota 9 sobre 10

Un escenario vacío, es todo lo que necesita el bailarín Cristian Duarte, para ofrecernos un concierto de movimientos, que van desde el ballet clásico, hasta la danza contemporánea más actual, pasando incluso por las artes marciales. El artista y coreógrafo brasileño explora, ayudado por el bailarín, actor y productor Rodrigo Andreolli, múltiples formas de expresión, adentrándose en el mundo de los bailarines y coreógrafos, a los cuales quiere representar y homenajear.

Estos referentes, a quienes dedica esta propuesta, son tan variados como singulares, y se van mostrando a modo de caleidoscopio. Se trata de traspasar a la danza, lo que el famoso pintor escocés Peter Davies, reflejó en su famoso cuadro de 1997, titulado The hot one hundred. En esta obra, el pintor expone una colorida lista de cien pintores y al lado, una referencia muchas veces irónica o humorística. De esta manera, el pintor quiere evidenciar cómo el arte, se ha convertido en artículo de consumo para las masas.

En este juego de combinaciones que propone Cristian Duarte todo vale

Duarte, nos acerca de un modo lúdico, sus inclinaciones y preferencias estilísticas, las que han marcado su trayectoria, las que le han convertido en el bailarín que vemos en The hot one hundred choreographers. En su página web, se puede acceder a estas referencias en el siguiente enlace 

Una miscelánea de referentes de danza y diferentes estilos musicales, es lo que consigue enlazar perfectamente Cristian Duarte, algunas de ellas son Beyoné con la canción Single ladies, las canciones What a feeling o Maniac de la mítica película Flashdance, Michael Jackson en Billie Jean, la ya clásica del género Dirty Dancing o a Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia, entre otras. No se trata, tal como el mismo afirma, de una representación de fragmentos coreográficos de otros artistas, sino que es una recopilación de las tendencias que lo acompañan, a modo de juego con el espectador.

Destacaremos, positivamente la iluminación a cargo de André Boll, que ayudó a vestir este “solo” de danza. El sonido, creado por Tom Monteiro, es otro elemento a destacar, y aporta originalidad al conjunto.

En este juego de combinaciones que propone Cristian Duarte en The hot one hundred choreographers, todo vale, la música clásica se mezcla con sonidos mecánicos, la música moderna se alterna con movimientos propios del ballet clásico, pero todo llevado a cabo sin estridencias ni cambios bruscos, de una manera sutil y elegante.

Esta singular propuesta del Mercat de les Flors de Barcelona, enmarcada dentro del Festival Sâlmon, transporta de manera intuitiva al espectador, a un universo sonoro y coreográfico que le es inconscientemente propio.

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