Crítica: Cabaret Victoria

Crítica: Cabaret Victoria
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Nota: 9 sobre 10

“Al abordaje, sin equipaje”…. Nos canta una tropa variopinta, dirigida por un Capitán que hace de maestro de ceremonias. Pero no es cierto. Hay que llevar equipaje: hay que llevar una buena carga de imaginación y, sobre todo, la mente bien abierta.

Cabaret Victoria, un espectáculo multidisciplinar

Cabaret Victoria es una mezcla curiosa de música, teatro, títeres, cine sin cine… de historias para no dormir que no nos dejará indiferentes, con referencias a Honoré de Balzac, Allan Poe, Hoffmann, Baudelaire, Rimbaud, Rimbaud, Mary Shelley, Julio Verne, Mozart… una mezcla muy interesante que nos hará reír mucho.

Alba Valldaura, Elena Visús, Iván Giménez, Ágata Cabezas y el Capitán Felipe Cabezas componen una tripulación alocada que, en medio de lo que parece un caos, es capaz de contarnos las historias más espeluznantes.

La música, un regalo en directo, está a cargo de Aleyda Puerto que pone su maravillosa voz, y Pere Cabaret (que, además, se ha encargado de la composición musical) al piano, a la matraca… o a lo que haga falta.

Un cabaret con un trasfondo gótico

Las historias tienen un trasfondo gótico, nos remiten a los cuentos que se contaban a los niños para aterrorizarlos… historias que mezclan el teatro, la máscara, la parodia, el cine pero sin cine, el cine mudo, viejas fotografías, los fantasmas… unas historias contadas de manera diferente, y todas, con un fondo de humor.

Un humor muy negro. Pero, humor al fin y al cabo. En este cabaret se mezclan las historias, las técnicas narrativas, la música, las canciones… todo para conseguir un espectáculo redondo, que nos hace participar desde nuestros asientos, que nos hace movernos al ritmo de la música… que nos hace desear tener ojos en el cogote para no perdernos nada.

El vestuario e iluminación de Cabaret Victoria son un gran complemento

El vestuario y las luces son el complemento perfecto para un espectáculo que se mueve entre la estética del steampunk, el gótico, el emo…

En este cabaret el tiempo pasa en un suspiro y no hay tiempo para aburrirse. Los intérpretes rompen continuamente la línea de la historia para meter baza, el desorden parece ingobernable… pero, por debajo de ese caos aparente, el viaje continúa sin perder ritmo, dirigido con firmeza por el Capitán, bajo la atenta mirada de Pere Cabaret y de Aleyda Puerto que, desde su rincón, protegidos por el piano, se lo miran todo con cierta sorna.

Un cabaret que ya era para no perdérselo el año pasado… y que este año ha vuelto y ya no hay excusas para no hacerle una visita. Cabaret Victoria es una pequeña joya que solamente encontraréis en la Sala Fénix.

¡No la dejéis escapar!


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