Crítica: Demasiado tarde – Las palabras nombran, pero no son lo nombrado  

Crítica: Demasiado tarde – Las palabras nombran, pero no son lo nombrado  
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Nota: 9 sobre 10

Demasiado tarde es un espectáculo íntimo. Un monologo que nos va dejando retazos de frases, como pequeños flashes que iluminan la oscuridad por un momento. Y el público va recogiendo esas frases, esos trocitos de una historia, y los va engarzando. Pero no hay una continuidad, no hay un hilo conductor que nos lleva de la mano para que podamos construir el relato. Debemos hacerlo nosotros y así, cada persona del público, se lleva una historia diferente.

En Demasiado Tarde nos encontramos con un hombre que nos habla como si estuviera en ese momento en que la vigilia y el sueño comparten el tiempo. Ese momento en que el sueño nos envía imágenes y frases inconexas y el cerebro empieza a ponerse en marcha y actúa con total conciencia. Lo onírico y lo real se mezclan y es difícil diferenciar qué es lo consciente y qué no lo es.

A penas abro la boca, las palabras me inundan

Demasiado tarde de Nicolás Yanco, nos dejó maravillados

Un hombre que nos habla y se desnuda ante nosotros. Un hombre que puede ser real o puede ser producto de nuestros sueños. Un hombre que es capaz de traer un elefante al escenario en una imagen que no olvidaremos nunca.

Los que estuvimos allí podremos decir que hemos visto un elefante en el escenario de Porta4. Una creación de Nicolás Yanco que nos dejó maravillados a todos.

Un monólogo donde lo absurdo y lo coherente se mezclan hasta crear imágenes surrealistas donde ya no sé puede distinguir nada.

Es un cuento con muchas interpretaciones.

El montaje va acompañado de un fondo de ruidos que nos llevan a una playa, y podemos oir el mar, las gaviotas, perros que ladran… la luz va por otros derroteros y se centra en Nicolás Yanco. No hay día. No hay noche. Solamente el momento.

Sin esperanzas, sin deseos, sin miedo, sin nada que perder.

Una interpretación brillante

Nicolás Yanco nos ha regalado una gran interpretación en la que la forma de decir el texto, a veces susurrada, sin estridencias, con muy pocos altibajos… contrastaba con una expresión corporal que transmitía todo aquello que la voz no dejaba escapar. Voz y cuerpo hablaban de lo mismo pero en idiomas muy diferentes.

Demasiado tarde, en Porta4, ha sido un buen ejemplo del buen teatro que se hace allende los mares. Una sola actuación que ha sabido a muy poco.


 

2 comentarios:

  1. He leído muy atentamente este elogioso comentario de la presentación de Nicolas en Barcelona. Estoy muy feliz por el ¡, a quien quiero mucho y admiro como gran luchador casi diría obcecado en su arte despojado y solitario. Felizmente fue comprendido y valorado, demuestra que nunca es DEMASIADO TARDE

  2. Pingback: Demasiado tarde - porta4

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